Aniz el Pastor

(Cuento tradicional de la etnia china Uygur)

Erase una vez un patrón que quería contratar a un pastorcillo cuyo nombre era Aniz. Era muy bien parecido. Pero lo que a la gente le gustaba más de él era escucharle tocando su flauta. Su flauta era muy simple, no más larga que un palmo de bambú, pero en sus manos se convertía en un instrumento maravilloso. En cualquier sitio donde él tocara la gente se sentaba alrededor de Aniz y se quedaban extasiados escuchándole. El patrón estaba hasta la coronilla tanto del pastorcillo como de su flauta. No hacía más que reprocharle su poca atención en el trabajo y le regañaba continuamente. “!Eh, desdichado!, ¿te pago para sentarte a tocar la flauta?; además, el hecho de que Aniz toque la flauta, ¿no hace que su eficiencia en el trabajo disminuya?”.

Un día el patrón, con una excusa poco creíble, golpeó a Aniz con toda su rabia. No contento con ello le echó de la estancia de mala manera y convirtió su flauta en astillas. “!Bien, ahora me gustaría verte tocar la flauta otra vez”!, dijo el patrón.

El pobre Aniz salió de la casa del patrón y con lágrimas en los ojos deambuló por las calles del pueblo.

Se topó con un hombre viejo que le dijo: “Hola, ¿cual es el problema, jovencito?, ¿quiénes son tus padres?, ¿por qué estás llorando?”, mientras le daba palmaditas en la cabeza.

!Abuelo!, soy un pastor, mi nombre es Aniz. El patrón me pegó y me echó de su casa haciendo además añicos mi flauta……” y Aniz volvió a romper a llorar.

“No llores, Aniz”, dijo el viejecito cariñosamente. “Ven y quédate conmigo!, te enseñaré la forma de vengarte”. Llevó a Aniz hasta su casa. Una vez allí, el viejo cogió un pedazo de bambú e hizo una nueva flauta que resultó ser mucho mejor que la anterior. Le enseñó cómo tocarla y después de unas cuantas lecciones aprendidas con el viejo hombre, Aniz empezó a tocar mucho mejor que antes. Esta vez no era solamente la gente la que se acercaba a escucharle, sino que hasta los animales del bosque se acercaban a la plaza para oirle tocar y se quedaban quietos hasta que acababa la canción. Los animales en el bosque esperaban a que apareciera Aniz con su flauta y empezara a tocar para salir corriendo a oirle y muy pornto todos se hicieron amigos de Aniz.

Un día el patrón mandó llamar a sus hijos y les dijo: “La noche pasada soñé con un hermoso conejo blanco como la nieve que tenía un lunar negro en la frente. Me gustaba mucho mirarle, asi que os ordeno hagáis lo posible para cazarle en el bosque y entregármelo.”

“Padre, nunca hemos oído que hubiera un conejo semejante”, dijeron sus hijos. “¿Dónde podríamos ir a cazarle?”.

“!Criaturas sin esperanza!, ¿no habéis oído lo que acabo de decir ahora mismo?”, gritó el patrón en un ataque de furia. “Id y buscadlo. El que lo encuentre herederá todo lo que poseo cuando muera”.

El hijo mayor pensó: “Yo soy el mayor y tendría que heredar las propiedades de mi padre tanto si cazo al conejo como si no le cazo. Pero si lo cazan ellos………”, dió un paso adelante y dijo: “hermanos, iré yo, no tengo miedo a los peligros y haré lo que sea con tal de ver feliz a nuestro padre”.

Empezó a caminar mirando atentamente a su alrededor y después de un rato apareció un hombre viejo que se dirigió a él y le preguntó: “Jovencito, ¿dónde vas?” y el hijo mayor le contestó que cómo hasta ahí.

“Vete al bosque”, dijo el viejo, “y busca al conejo, !Aniz está cuidado a mi rebaño allí!, dile lo que quieres y él te ayudará.”

El hijo mayor se introdujo en el bosque, encontró a Aniz y le preguntó si podía ayudarle. “Desde luego”, contestó Aniz, “puedo ayudarte a encontrar ese conejo tan raro. Vuelve al anochecer, pero recuerda que debes traer contigo mil monedas ensartadas en una cuerda como pago por mi ayuda”.

El hijo mayor empezó a echar la cuenta y pensó: “comparado con las propiedades que voy a heredar, mil monedas ensartadas en una cuerda no son nada!”. Al anochecer volvió al bosque con el dinero y encontró a Aniz sentado bajo el árbol tocando su flauta. Todos los animales del bosque salieron de sus madrigueras y se sentaron haciendo un corro alrededor de Aniz. El hijo mayor vió al conejo blanco entre todos los animales. Y se fijó en que tenía un lunar negro en la frente.

Aniz también vió al conejo. Dejó su flauta en el suelo, extendió la mano y con cuidado agarró las largas orejas del conejo e inmediatamente se lo entregó al hijo mayor. “Aquí está, !agárrale fuerte!, si se te escapa ya no es culpa mía”.

El hijo mayor pagó lo estipulado, agradeció a Aniz el trabajo y se dispuso a volver a casa con el pequeño conejo. Cuando estaba a punto de abandonar el bosque oyó sonar la flauta de Aniz. Tan pronto como el conejo oyó la música, se escurrió de su mano y echó a correr lo más deprisa que pudo. El hijo mayor le buscó durante mucho rato, pero le fué imposible encontrarle. Al final desistió de seguir buscando y volvió a visitar a Aniz.

“El conejo blanco salió corriendo, ¿Qué puedo hacer?, preguntó”.

Aniz respondió: “No hay nada que yo pueda hacer. ¿No te advertí unos minutos antes que le agarraras fuertemente?”.

El hijo mayor no tuvo otra alternativa, se volvió a casa con las manos vacías y le contó toda la historia al patrón.

El segundo hijo dijo, “Padre, no te preocupes. Yo iré y cazaré al conejo mañana”. Al día siguiente, el segundo hijo probó suerte y se encontró en la misma situación que su hermano mayor — además del tiempo perdido también se perdieron otras miles de monedas ensartadas en un cordel–. Al tercer día el hijo pequeño lo intentó, pero tuvo la misma suerte que sus hermanos mayores.

El patrón estaba muy enfadado al ver que sus tres hijos habían echado a perder tres mil monedas.

“!Tontos!, gritó: !Sois una panda de tontos!, mañana iré y cazaré al conejo yo solito!”.

Al día siguiente el patrón se introdujo en el bosque. Cuando Aniz le vió, sus ojos empezaron a echar chispas. Antes de que el patrón pudiera abrir la boca, Aniz sacó su flauta de la mochila y empezó a tocarla. Todos los animales del bosque — conejos, osos, serpientes, lobos, zorros y también pájaros– empezaron a rodear al patrón. El terror apareció en su cara. Cayó sobre sus rodillas y suplicó a Aniz: “!Señor, sálvame, sálvame!”.

“!Patrón, ¿se acuerda de Aniz?, con un sólo sonido de mi flauta esos animales le devorarán!”.

“Oh………!mi señor!, no me trates como yo una vez te traté a tí!”, dijo tirándose en el suelo y agarrando los pies de Aniz, “te prometo darte todo lo que me pidas. No permitas que me devoren………estoy muy asustado….”.

“Muy bien. Voy a perdonarte la vida por esta vez, pero con la condición de que nunca más vuelvas a amenazar a la gente pobre. Si no pasas página y cambias de vida, no tendrás otra oportunidad, y cuando vuelvas a casa debes dar la mitad de todo lo que poseas a los pobres de la aldea. ¿Está claro?”.

“!Si, si!”. El patrón se puso en pié y salió corriendo del bosque. Siguió las instrucciones dadas por Aniz y repartió la mitad de sus posesiones con los pobres. Esto hizo a Aniz todavía más popular que antes.

María de Gracia

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Bibliografía:

“Favourite Folktales of China“, translated by John Minford (Beijing: New World Press, 1983), pp. 95-100.

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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