Azazel, el dios del desierto

En las escrituras sagradas se menciona a un ser sobrenatural relacionado con el antiguo ritual hebreo del Día de la Expiación llamado Azazel, el cual goza de la distinción de ser el personaje humano tradicional más misterioso de la literatura sagrada. A diferencia de otros nombres propios hebreos, el nombre en sí mismo ya es bastante oscuro. Las diferentes etapas por las que pasó la civilización hebrea no son lo suficientemente conocidas como para describir los cambios que fueron ocurriendo, pero de acuerdo a sus costumbres ancestrales, como sacrificar una cabra en honor de Yavéh y enviar otra cabra a Azazel, el dios del desierto, sugiere que los judíos acababan de salir del dualismo tal y como estaba ocurriendo con el zoroastrismo persa.

Hay pocas alusiones a Azazel en las diferentes escrituras sagradas y una de ellas la encontramos en el Levítico, XVI:”En el décimo día del Tishri (Día de la Expiación) el sumo sacerdote, después de haber realizado los primeros sacrificios prescritos para él y su famila, se prepara a las víctimas para expiar los pecados del pueblo. Estos eran un carnero para el holocausto y dos cabritillos para una ofrenda por el pecado. Después de haber llevado a los cabritos ante Dios en la puerta del tabernáculo, los echaron a suertes: el primero para Dios y el otro para Azazel”.

La cabra que tocó en suerte a Dios fue sacrificada como expiación por los pecados del pueblo, pero el macho cabrío de Azazel (conocido después como el chivo expiatorio) era objeto de una ceremonia muy llamativa. El sumo sacerdote ponía sus manos sobre la cabeza de la cabra y confesaba sobre ella los pecados del pueblo. A continuación la cabra era entregada a un hombre y cargada como estaba con todos esos pecados era llevada a una región aislada y luego puesta en libertad en los límites del desierto.


“Y Aarón echará suertes sobre los dos machos cabríos; uno para el Señor, y la otro para Azazel, y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y le ofrecerá en expiación. Pero el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación con él y lo dejará ir al desierto con Azazel “. (Levítico, XVI)

Azazel está considerado como el último vestigio de un dualismo mucho más antiguo ya que era considerado en un principio como el dios del desierto y posteriormente dejó de ser el gran dios para convertirse en una mera sombra de su antiguo poder, por lo tanto entregarle la cabra (el chivo expiatorio) ya no se trataría de un sacrificio. La cabra que se ofrece a Dios es una ofrenda por el pecado, mientras que el porteador de la otra cabra lleva a cabo en el desierto la maldición del pecado del pueblo y por lo tanto el culto de Azazel se transformó en un simple reconocimiento y aceptación de su existencia.

En la biblia apócrifa y la literatura rabínica, Azazel es considerado como la personificación de todo lo impuro. La figura de Azazel era objeto de temor en general y también era considerado como un demonio del desierto que parece estar muy relacionado con la región montañosa de Jerusalén y con el origen de los hebreos.

En el libro de Enoc (XIII) Azazel era considerado el líder de los ángeles rebeldes y está en relación directa con la historia bíblica de la caída de los ángeles y con el Monte Hermón, un lugar de reunión de los demonios desde el principio de la rebelión. Azazel está represantado como el líder de los gigantes rebeldes anteriores al Diluvio Universal. El enseñó a los hombres el arte de la guerra, a fabricar espadas, cuchillos, escudos y cotas de malla, y a las mujeres el arte del engaño adornando su cuerpo, tiñendo sus cabellos y pintándose la cara y las cejas, y también reveló a algunas personas los secretos de la brujería corrompiendo entonces sus costumbres, lo que les llevaba directamente a la maldad y a la impureza.


Según la tradición Azazel también fue el que inspiró a los habitantes de la ciudad de Babel para llevar a cabo la construcción de su famosa torre. Fue mediante la enseñanza de diversas artes prohibidas, y por inspirar a la humanidad a alcanzar las estrellas para poder tomar el control del universo, por lo que Azazel había caído en desgracia y también fué por haber enseñado a los seres humanos estas actividades consideradas “pecaminosas” por lo que Azazel, siguiendo las órdenes dadas por Dios al arcángel Rafael, fue encadenado por éste a una roca en el desierto, al igual que Prometeo fue encadenado a una montaña en la mitología griega.

Azazel también está asociado con la cabra ya que tradicionalmente este animal representaba la sabiduría del mundo y también la terquedad. Su asociación con este animal en particular proviene del ritual judío del Día de la Expiación (el chivo expiatorio). Por otro lado se dice que Azazel era una deidad babilónica degradada a quien se identifica normalmente con Satanás y el paganismo. Hoy en día está todavía considerado uno de los demonios de la Cábala, aunque nunca alcanzó una categoría similar a la de Satanás.

De acuerdo con la interpretación dada por el Talmud el término “Azazel” se refiere a una montaña escarpada o precipicio en el desierto desde el cual un macho cabrío era arrojado en un antiguo ritual de sacrificio para expiar los pecados del pueblo. El nombre se deriva de “aziz”, que significa en hebreo: “fuerza”, y El, que significa: “Dios”. El dios de la guerra en Edesa se llamaba Asisos: “el fuerte”. Bal-Aziz era “el dios poderoso”, y Rosh-Aziz, “el jefe poderoso”. Azazel por lo tanto significa “la fuerza de Dios”.

El corruptor de los hombres y el líder de los Ángeles Caídos

Libro de Enoch

En los primeros pasajes de la Biblia podemos encontrar la historia de la creación y también la pérdida del jardín del Edén por nuestros primeros padres, Adán y Eva (además de la historia de la primera esposa de Adán, la ausente Lilith), los cuales vivieron en el jardín del Edén hasta que la serpiente tentó a Eva a sabiendas de que el Conocimiento se supone que pertenece únicamente a Dios. Eva cayó en la tentación y por lo tanto comió la manzana del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, de la que también comió Adán, y por lo tanto, y como castigo, ambos fueron arrojados del Paraíso junto con la serpiente. Algunas leyendas talmúdicas y pre-cristianas mantienen que la serpiente era el mismo diablo, sin embargo hay otras tradiciones que sostienen que la serpiente era, de hecho, un ángel caído llamado Azazel.

Hay varias versiones sobre las actividades de este ángel-demonio, pero la más extendida es la ofrecida por la tradición rabínica cuando mantiene que Azazel era un ángel que se encargó de educar a la humanidad en los secretos del cielo. Este conocimiento secreto, y muy elevado, no era el designado para los hombres, pero Azazel a sabiendas de esta prohibición enseñó al ser humano a cuestionar el orden natural de las cosas. El fue uno de los primeros ángeles que decidieron convertirse en mortales y adoptar todas las emociones y sentimientos de los seres humanos renunciando por lo tanto a la vida eterna, al enamorarse y unirse a las hijas de los hombres para traer al mundo a los Nephilim, la raza de gigantes que, una vez hubieran muerto se convertirían en demonios.

Por sus crímenes y continua desobediencia, Azazel fue expulsado del cielo (a diferencia del inexistente Lucifer, que nunca fué el verdadero nombre de Satanás) atado con cadenas y arrojado entre los picos afilados y las rocas por el arcángel Rafael donde tendría que permanecer hasta el Día del Juicio Final. Este castigo fue ordenado por Dios justo antes del Diluvio Universal cuya misión era la de limpiar la maldad del mundo que Azazel en persona había ayudado a crear, que implicó directamente al Arcángel Rafael y se vió obligado a hacer uso de todo su poder para limpiar y quitar la manchas que Azazel había dejado tanto en la tierra como en el cielo.

En un contexto más primitivo la serpiente también representa la sexualidad (ya que fue la serpiente la que tentó a Adán y Eva con la fruta prohibida) y la regeneración debido a que la serpiente muda su piel cada cierto tiempo y se desprende de la vieja con cierta facilidad. Los colores asociados con el espíritu de Azazel son el negro (en representación de la noche y la oscuridad), y el rojo (en representación de la sangre, la moral y el desierto). Azazel también era conocido por el pueblo hebreo por diferentes nombres: Samael, “Él es un dios de poder destructivo y revolucionario”; como Belial: “Él es un dios de la tierra y de lo carnal, de la vida animal”; y como Satanás: “Él es el supremo adversario de Yahvé, que es un celoso autoproclamado dios del desierto que desea llegar a ser el único dios adorado en toda la tierra”.

Como archienemigo de Dios, Azazel es un espíritu que inspira y anima a los seguidores humanos de Dios, así como a las personas que no son sus seguidores, pero que viven en sociedades que se ven influidas por las religiones abrahámicas y sus respectivas cultura, para cuestionar y desafiar las normas y dictados de Dios y sus dogmas. En un contexto más general, se cree que Azazel inspira y alienta el cuestionamiento de todos los dogmas e ideologías ya establecidos con el fin de potenciar la capacidad intelectual de los seres humanos.

En la época medieval, a Azazel se le conocía también con el nombre de Lucifer, que significa: “el portador de luz” en latín. La palabra lucifer fue utilizada originalmente por los romanos como un nombre para la “estrella de la mañana”, que en realidad era el planeta Venus. Fue erróneamente asociado con Lucifer debido a una mala interpretación de un pasaje en el libro de Isaías que hace referencia a un personaje llamado “Heylel ben Shahar”, o “Daystar”, que significa: “el hijo de la mañana.” Pensando quizá que “Heylel ben Shahar” era realmente el nombre del diablo, la Iglesia Cristiana tradujo su nombre por el de “Lucifer” cuando la Biblia fue traducida al latín, y Lucifer se ha convertido desde entonces en el nombre popular de Azazel en la cultura occidental. Los historiadores han demostrado que la historia de Heylel ben Shahar no se refiere realmente a ningún ángel o demonio llamado Azazel, sino que por el contrario se refiere a un antiguo rey de Babilonia que estaba convencido de ser de origen divino.

María de Gracia

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Bibliografía:

-“Enciclopedia Hebrea”

-“Libro de Enoch”

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-“Levítico”, Antiguo Testamento y Tanaj

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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2 respuestas a Azazel, el dios del desierto

  1. José Manuel Berruezo Fernandez dijo:

    Primeramente gracias por la aclaración de la identidad de Azazel. Me queda bastante claro que es el “opositor” diablo o satanás. Según el carta de Judas: ¿No debería incluirse el libro de Enoch en el canon bíblico cristiano? ” … de él profetizó Enoc, séptimo desde Adan diciendo: he aquí , vino el Señor , con sus santas decenas de millares para hacer juicio contra todos y dejar a todos cautivos de todas sus obras impías y de todas las cosas impias que los pecadores impios han hablado contra El. Muchas gracias

    • Hola, José Manuel:

      De nada, espero haber aclarado las dudas. La Iglesia de Roma, en su momento, decidió dar el visto bueno a algunos libros sagrados, y en cambio decidió que otros no deberían hacerse públicos, (apócrifos), y entre ellos están todos los de Enoch y unos cuantos más que son muy poco, o nada, conocidos. Parece que la Iglesia de Roma sigue sin querer hacer públicos, y autorizados, estos libros apócrifos, y me temo que nunca lo hará. No sé la razones que tiene para ello, pero me las imagino. De momento no tenemos otro remedio que basarnos en lo que tenemos, o nos dejan tener, que siempre será mejor que no tener nada, tal y como ocurre en otras religiones.

      Sin embargo, tal y como explico en mi último artículo (los Sarim), en las tres grandes religiones, la Hebrea, la Cristiana y el Islam (por orden de antigüedad) hay muchas coincidencias incluso en los nombres de los personajes que aparecen en los escritos sagrados, y varían muy poco de una traducción a otra, y de una religión a otra.

      Quizá, más que las palabras que encontramos en los diferentes libros sagrados, lo que no estemos captando sea la esencia, y nos estemos limitando a la palabra en si misma, sin más contenido que el que ven los ojos, y que no llega al alma.

      “Porque a vosotros os es dado saber los misterios del Reino de los Cielos; mas a ellos no les es dado.”
      San Mateo, XIII:11

      Un saludo muy cordial,

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