Belomancia, o Flechas de Sagitario (adivinación con flechas)

כִּי-עָמַד מֶלֶךְ-בָּבֶל אֶל-אֵם הַדֶּרֶךְ, בְּרֹאשׁ שְׁנֵי הַדְּרָכִים – לִקְסָם-קָסֶם: קִלְקַל בַּחִצִּים שָׁאַל בַּתְּרָפִים, רָאָה בַּכָּבֵד.

21: “Porque el rey de Babilonia se ha detenido en una encrucijada del camino, a la cabeza de los dos caminos, para usar una adivinación; ha sacudido las saetas, consultó a sus ídolos, y miró el hígado.”. (Ezequiel, 21:21)

“Arqueros persas de Darío I (años 549-486 a.C.)- Palacio de Susa (Pergamon Museum / Vorderasiatisches Museum en Berlin)

La belomancia, o también bolomancia, o bellomancia, o Flechas de Sagitario, del griego antiguo: “belos”, flecha, dardo, y “manteia”, adivinación, es un antiguo método de adivinación con flechas del que se tiene constancia que se practicaba en la antigüedad, primero entre los babilonios, después entre los griegos, los escitas, los árabes, y el resto de pueblos del Mediterráneo, además de los orientales. Este método requiere que las flechas tengan plumas en su final , tal y como tenían cuando eran usadas por estos pueblos antiguos, y no solo para las guerras, sino también para desentrañar enigmas, o para tomar decisiones, o para recibir las respuestas a algunas preguntas.

La belomancia está asociada con la “rhabdomancia”, técnica de adivinación que implica el uso de alguna varilla, tubo, palo, o flecha, o similares, pero usado también para encontrar algo, como agua, o cosas perdidas, así como para saber la dirección en la que se deben viajar, o el camino más adecuado y menos peligroso que debían tomar.

Tanto la belomancia como la rhabdomancia, son prácticas muy antiguas y se pueden encontrar innumerables referencias a ellas, primero en la  la antigua Mesopotamia, después entre los griegos, los árabes, aunque posteriormente fueron prohibidas por el Corán (año 600 AD), y los escitas, y finalmente se hicieron muy populares también entre los romanos.

“Flechas persas” – Hessen Kassel Musseum – Berlín

En algunos pasajes bíblicos, Ezequiel 21:21, nos encontramos con:

21 “Porque el rey de Babilonia se ha detenido en una encrucijada del camino, a la cabeza de los dos caminos, para usar una adivinación; ha sacudido las saetas, consultó a sus ídolos, y miró el hígado.”. (Ezequiel, 21:21)

San Jerónimo (Dalmacia, 342-420 AD) en sus traducciones de la biblia al latín está de acuerdo en el pasaje de Ezequiel, y hace referencia expresa a que esa práctica era muy popular entre los asirios y los babilonios. También hay mas datos sobre la práctica de la belomancia en Oseas: 4:12 : “Mi pueblo a su ídolo de madera pregunta, y la flecha le responde; porque su espíritu lujurioso lo hizo errar, y dejaron a su Dios a cambio de la lujuria”. Pero San Jerónimo podría haber confundido en su interpretación a la rabdomancia con la belomancia. Tampoco queda claro en Oseas si se refiere al uso de una, u otra mancia, ya que ambas eran muy populares entre los magos caldeos, cuya sabiduría pasaron a los esclavos, y luego a los alanos, a los que Cornelio Tácito (Galia, 55-120 AD) observaba y estudiaba la forma en que ese pueblo bárbaro hacía uso de uno y otro sistema de adivinación.

Pero la belomancia podía ser usada por cualquier viajero que necesitara saber cual era el mejor camino a tomar, y solo necesitabas lanzar una flecha y dejar que los dioses, o el destino, le indicara cual era el mejor camino en su trayectoria de caída.

El cronista de la corte romana, Cornelio Tácito, contaba cómo los bárbaros utilizaban la belomancia para encontrar las respuestas a algunas preguntas, especialmente a las relacionadas con la guerra, o las batallas, y los caminos que debían tomar para seguir invadiendo el sur de Europa:

“Hay varios métodos que se utilizan para llevar a cabo este tipo de adivinación. En la forma más común de bellomancia están las etiquetas divinas atadas a las flechas, y el consejo del oráculo a la que viaje más lejos que las demás, y que se tomaba como válida. Alternativamente, el consejo de los bárbaros unido a la primera flecha tenía que ser obedecido. En otros métodos usados por ellos, tres flechas adivinatorias eran marcadas con símbolos esotéricos, y después eran echadas al suelo y mezcladas entre sí. Las flechas con los dibujos enigmáticos luego eran interpretados por el mago, o adivino.”

También hay numerosas referencias a éste, y otros métodos de adivinación en la antigüedad, donde se describe como los pueblos utilizaban las flechas para decidir los caminos que iban a tomar, y cuales eran los más favorables para los viajes. Cuando se enfrentaban a algún dilema sobre la dirección del camino a elegir, disparaban una flecha y el viento, es decir: los dioses, la desviaban hacia alguna dirección, y donde caía en la tierra, indicaba que ese era el camino más conveniente. Los árabes todavía utilizan este método de adivinación al que llaman “alazlan”.

Métodos de adivinación

1 – Se señalaban once flechas y se ponían dentro de un saco, luego se sacaban, sin mirar, y según las señales que había escritas en cada una de ellas, se deducían, e interpretaban, los presagios.

2 – Se tomaban tres flechas y sobre la primera se escribía: “Dios me lo ordena”; sobre la otra: “Dios me lo prohíbe”, y se dejaba la tercera flecha sin escribir nada. Después de haberlas metido en una aljaba, se sacaba una flecha. Si salía la que tenía el lema: “Dios me lo manda”, se hacía lo que se consultaba; si se sacaba la flecha con la otra inscripción, dejaba de hacerse, y si salía en primer lugar la flecha en blanco, se volvía a repetíar la operación, o no era el momento adecuado.

3- Algunas flechas se marcaban con símbolos ocultos, o esotéricos, y todas tenían que tener plumas al final. Se escribían en un papel, o pergamino, diferentes respuestas a una pregunta, y se ataba cada respuesta a cada una de las flechas. En una se escribía: “Dios me lo ordena”; en otra: “Dios me lo prohíbe”, y la tercera estaría en blanco. Después se sacaban de una en una las flechas de la aljaba, y se lanzaban al aire usando el arco, y la que llegaba más lejos que las demás al caer sobre la tierra, era la que indicaba la respuesta.

Heródoto (Grecia, 484-425 a.C) describe una práctica muy similar mediante la cual los magos, o sacerdotes de los templos escitas, arrojaban puñados de flechas al suelo con los nombres, o símbolos esotéricos, escritos en cada una de ellas, y luego las interpretan.

“Ellos escribieron en varias flechas los nombres de las ciudades que tenían la intención de asaltar, y luego, las pusieron a todas juntas en una aljaba, y las sacaron de allí como en un sorteo, y  la ciudad cuyo nombre estuviera escrito en la flecha, seria la primera a la que invadir, o declarar la guerra”.

Otro método muy antiguo de adivinación que merece ser mencionado, consistía en lanzar al aire un cierto número de flechas, y la dirección en la que se inclinaban mientras caían, señalaba la dirección que debía tomar el consultante.

Los soldados romanos enseguida encontraron su forma particular de utilizar la belomancia. El método más común usado entre ellos era disparar sus flechas hacia arriba en el aire, y observar con atención en la dirección en que volaban, y luego si caían clavándose en el suelo, o no se clavaban, o si se rompían en la caída.

María de Gracia

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Bibliografia:

-“The Occult Sciences: traditions and superstitions” – E. Smedley – Elihu Rich

 – “Chamber’s Encyclopedia” – sin autor

– “Universal Dictionary of Arts and Sciences” – J. Knapton

– “De origine et situ Germanorum” – Cornelio Tácito

“Antiguo Testamento” – Libros de los Profetas : Libro de Oseas – Libro de Ezequiel

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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