Hidromancia (adivinación con agua)

“La hidromancia ofrece sus augurios por las estrellas del agua: su desbordamiento, su escasez, decoloraciones, conmociones, nuevas corrientes y lavados de cosas terrenales. En magia y nigromancia, por las visiones de las ninfas, y por los monstruos sobrenaturales que habitan en las aguas y el mar”. (“El libro de las Ninfas, los Silfos, los Pigmeos, las Salamandras y los demás espíritus”. Paracelso)

La palabra hidromancia proviene del griego: “hydro” (agua) y “manteia” (adivinación), y puede causar confusión, al ser un método de adivinación muy similar, con la catoptromancia, (adivinación con espejos), ya que en el reflejo de una, o de otro, es donde se encuentra la visión, o aparición. Así como el espejo es estático, y no ofrece movimientos desde el interior, la hidromancia es móvil, y además del movimiento con el flujo y reflujo de las mareas, también hay tonalidades en el agua, el oleaje, las ondas, y los círculos que se forman en la superficie con las gotas de lluvia, o las piedras, o guijarros, que echa el adivino en el cuenco lleno de agua para interpretar las señales que emite.

Con la hidromancia se puede adivinar el presente, pasado y futuro, del consultante, utilizando agua de los ríos, de los lagos, del mar, de una fuente, o con el agua de lluvia. Los colores que vayan apareciendo en el agua cuando se hayan echado algunos objetos, o piedras, o gotas, también pueden ser interpretados. El movimiento del agua, dependiendo del viento, hacia un lado u otro, si es viento del sur, o del norte, también tiene su interpretación. Una de las maneras mas populares de usar la hidromancia como método de adivinación es llenando un bol, o cuenco, con agua, y colgar al final de un hilo, o cinta, un anillo, o una llave, moviéndolo como si fuera un péndulo casi tocando la superficie, pero sin impulsarlo con la mano. Y una vez que la llave, o anillo, empiece a moverse, dependerá del lado en que lo haga, y podrá interpretarse como afirmativo a la pregunta que haya hecho el consultante, o negativo.

Ninfas de las fuentes, los arroyos, y los manantiales

No se sabe con exactitud desde cuando se está usando este sistema de adivinación, pero si tenemos en cuenta los métodos que ya eran muy populares en los reinos mas antiguos, y al ser relativamente fácil de practicar, seguramente también contaría entre las diferentes artes de adivinación a la hora de recibir respuestas a algunas preguntas hechas por los reyes, y por sus generales, antes de empezar una batalla, o invadir algún territorio. El agua, desde la noche de los tiempos, ha sido considerada como fuente de vida y una metáfora de la creación misma vinculada al flujo del subconsciente colectivo, también conocido como el alma del universo, ya que todo fluye. Los magos antiguos se sentaban alrededor de un cuenco de agua, o una fuente, y observaban el flujo de su movimiento e interpretaban los colores, el número de ondas, y de círculos, que iban creando el viento, o los rayos del sol. La tradición dice que muy a menudo aparecía algún espíritu dentro del agua y traía algún mensaje para los adivinos.

Y entonces empezaron a crearse mitos sobre criaturas mágicas que vivían en el agua de los ríos, las fuentes, los mares, como las ninfas, los dragones, los dioses, etc.. La mitología griega considera que los espíritus de la naturaleza vivían en el agua dulce. Y antes de una batalla, o celebración, el adivino pasaba largas horas mirando el agua del estanque sagrado, o de un gran cuenco, esperando recibir los mensajes que le enviaran los dioses sobre el resultado final de la gesta. Y a partir de esa ceremonia nos encontramos con un gran despliegue de visiones de los dioses, así como del futuro de la humanidad. La tradición dice que en los templos sagrados en cuanto mas fijamente se miraba al agua dulce de un cuenco, o estanque, mas mensajes se iban a recibir. Aunque también se advierte que los mensajes recibidos serían tan crípticos que, a no ser que el adivino estuviera muy acostumbrado a interpretarlos, serían difíciles de entender.

“Casandra, pisando un espejo, reprocha a Helena, que la ciudad de Troya esté ardiendo por su culpa. (Ilustración de “Once a Week”, año 1866)

Algunas fuentes, y manantiales, repartidos por toda Sicilia fueron en la antigüedad usados para el arte de la adivinación, y la tradición dice que en algunos de ellos el dinero auténtico flotaba, y el falso se hundía. Y gracias a las predicciones que se hacían en estas fuentes sagradas se sabía que algunas ciudades iban a ser invadidas por los enemigos. Los historiadores y mitógrafos, decían que en algunos lagos, pozas, pozos y fuentes sagradas, e incluso arroyos, se arrojaban pedazos de oro, o plata, y si flotaban la respuesta era afirmativa a la pregunta, y si se hundían era negativa.

El estanque de Bethesda (Israel) aparece en el evangelio de San Juan como piscina sagrada usada por los adivinos para detectar las enfermedades de los enfermos, y después para recomendarles los tratamientos mas adecuados a seguir para su curación.

“1. Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

2. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un

estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

3. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.

4. Porque un ángel descendía de vez en cuando al estanque, y agitaba el agua.

5. Y el primero que descendía al estanque después del movimiento del agua,

quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese”. (San Juan, V:1-5)

Reproducción de la piscina de Betesda

Actualmente este estanque se encuentra en los subterráneos de la ciudad de Jerusalén.

El geógrafo griego Pausanías (Siglo II, A.D.) en el tomo II de “Descripción de Grecia”, escribía sobre una fuente cerca de Epidauro (La Argólida, Grecia) dedicada a Ino, en la cual los creyentes echaban panes con la esperanza de escuchar los consejos de la diosa. Si los panes eran aceptados por ella, se hundían en el agua, lo que significaba buena suerte, pero si flotaban en el agua, y luego eran sacados de la fuente, eso significaba mala suerte. Cerca de esa fuente se encontraba el santuario del dios de la medicina Asclepio, cuya escuela de medicina llegó a convertirse en el centro terapeútico mas grande de la antigüedad. El mas famoso de sus alumnos fue Hipócrates. (Cos, Grecia, 460 a.C.-370 a.C.).

Ruinas del propileo del santuario de Asclepio en Epidauro, Grecia

En la Enciclopedia Católica San Romualdo (Italia, 951-1027) describe un método para encontrar a un ladrón y que consiste en encender una vela blanca y ponerla sobre un altar al lado de un cuenco con agua, y una adivina podría leer una oración dedicada al ángel blanco que ayuda a recuperar objetos perdidos, y al poco tiempo también se podía capturar al ladrón. De acuerdo con la tradición, y una vez hecha la rogativa por la adivina, en el agua se reflejaría el rostro del ladrón como si fuera un espejo en el que el amigo de lo ajeno estuviera contemplándose.

Algunos eruditos mantienen que Nostradamus (Saint Remy, Francia, 1503-1566), practicó la hidromancia como un medio de recibir mensajes y hacer predicciones, a través del movimiento del agua en un recipiente. El nigromante tomó notas de todo lo que vió, y recibió, combinado con mensajes psíquicos, y todo ello elaborado con una gran precisión. Desafortunadamente, la mayoría de esas notas eran demasiado crípticas, ya que todavía siguen sin ser traducidas en su mayoría debido a la complejidad del lenguaje críptico que usó en su momento.

Los historiadores han catalogado una gran cantidad de métodos de adivinación muy populares en su momento, y a día de hoy en pleno uso, con sus diferentes variables dependiendo del país de origen. Algunos misioneros jesuitas encabezados por  Michele Ruggieri y Matteo Ricci, que viajaron hasta el Lejano Oriente (años 1551-1608) describen en sus libros varios métodos de adivinación usados en China, y uno de ellos es el de la hidromancia.

Los jesuitas usaban trajes de “doctos” en sus misiones en China

El primer método descrito por los jesuitas representa un anillo colgado de una cuerda, o cinta, que es sumergido en un recipiente de agua, y con ese contacto, el agua se agitaba. Y ese movimiento causado por el agua llevaba al anillo de un lado a otro del recipiente, y dependiendo de esos golpes era la respuesta afirmativa, o negativa, a la pregunta hecha por el consultante.

Otro sencillo método explicado por los jesuítas es arrojar tres guijarros al agua de un estanque, o cuenco, y observar con atención los círculos que se vayan formando cuando golpean la superficie del agua estancada. También se pueden usar piedras de pequeño tamaño.

El tercer método descrito dependía de la agitación del agua, y dependiendo de ella el adivino hacia la correspondiente interpretación. Esta costumbre de considerar el gran poder que tenía el agua prevalecía entre los primeros cristianos orientales y empezaron a bendecirla anualmente.

En algunos estudios, y diferentes tradiciones, encontramos otros métodos de hidromancia muy parecidos a los orientales, como por ejemplo arrojar tres piedras pequeñas al agua estancada, y leer los círculos que vayan formándose. Las tradiciones dicen que solo el mago, o el adivino, podrán interpretar esas señales, ya que los espíritus serían los que les ayudarían a interpretarlos. También podrían interpretarse los sonidos que hicieran las piedras, o palitos, al caer en el agua. En el mar también se pueden recibir respuestas a las preguntas del consultante dependiendo de las olas, su intensidad, el color del mar, el viento, los movimientos y el color del agua en ese momento dependiendo de los reflejos del sol, o la luna, y la gama de colores que desprenden las aguas. Estas mismas técnicas adivinatorias pueden practicarse también en los ríos, arroyos, y manantiales, es decir: agua no estancada. En algunas mitologías nórdicas podemos leer que los adivinos podían ver el futuro de la gente solo observando la intensidad de la corriente de los ríos, o el color que tomaba la arena, o lo que arrastrasen las corrientes.

La hechicera Circe

Otro método algo mas antiguo es leyendo los colores del agua, y las figuras que aparecen en ella. Según escribió el militar Marco Terencio Varrón (Roma, 116 a.C.-17 a.C.) muchos pronósticos se hicieron de esta manera para asegurarse de los resultados finales en las Guerras Mitridáticas (Siglo, I, a.C.).

En otro método de adivinación se pronuncian unas misteriosas palabras por el adivino en un vaso lleno de agua, y luego se hacen observaciones sobre el movimiento de la misma.

En otro método también muy antiguo, se echaba una gota de aceite sobre un cuenco lleno de agua, situado frente a un espejo, con el convencimiento de que a través del mismo se iban a ver cosas invisibles al ojo humano, además de recibir las respuestas a las preguntas del consultante. (“Modus Fessanus”)

Primero de todo se coloca un recipiente de agua sobre una superficie plana. Es aconsejable estar tranquilo y haber pasado un día también muy armonioso, y sin nada que altere nuestra paz interior, ya que necesitamos toda la energía para concentrarnos en el agua, y poder interpretar las señales que nos envía. También se puede practicar en la orilla de un lado, o de un estanque, o piscina, de aguas estancadas. O en un río, o el mar, o arroyo, o un manantial o fuente, con aguas en movimiento. Una vez relajado, con unos minutos de meditación y en silencio, hay que concentrarse bien en la pregunta que vamos a hacer a los espíritus, o dioses, del agua. Y cuando hagamos esa pregunta, que sea en voz alta y de forma concreta y clara, como si enviáramos un telegrama. También se pueden usar guijarros, o piedras pequeñas, o palitos, o cualquier otro objeto que podamos arrojar al agua y nos permita interpretar el sonido, las ondas, las vibraciones, los colores, y cualquier movimiento que haga el agua en ese momento. Y después solo nos queda observar las respuestas que da el agua, y las imágenes que nos ofrece, ya que el agua siempre está en transición, y fluye, como el universo, como nuestra realidad, y como parte que somos de su alma. Algunas personas prefieren mirar el agua por la noche y a la luz de la luna, ya que las energías lunares están relacionadas con las ninfas, las náyades, y las diosas de las aguas.

La tradición dice que se puede usar agua de un grifo, de una fuente, o arroyo, y también recomienda recoger agua de lluvia, y dejarla durante toda la noche en el exterior mirando a la luna para que ésta la refuerce con sus rayos plateados. El agua con rayos de luna se puede guardar en un lugar oscuro y seco, y usar mas adelante. Otras tradiciones indican que los rayos del sol refuerzan también el agua en el que se va a practicar la hidromancia, aunque se evapore si lo dejamos mucho tiempo en el exterior.

Ondas y círculos concéntricos

Las ondas son el efecto instantáneo del viento sobre el agua y mueren tan rápido como se forman, y a medida que la tensión superficial del agua amortigua sus esfuerzos. Las tradiciones mas antiguas nos dicen que los círculos concéntricos que se encuentran en las tumbas megalíticas (período neolítico) son similares a las ondas que se forman en la superficie del agua cuando algún objeto cae en ella, y éstos representan el descenso de las almas a lo mas profundo de las aguas de la muerte. Pero esos círculos también simbolizan el resurgir mágico de esas mismas almas hasta la superficie de las aguas (la vida), estableciendo las bases de la doctrina de la muerte y el renacimiento, simbolizada por las ondas concéntricas.

Hidromancia usando una varita

En algunos rituales, los adivinos, o magos, usan una varita hecha de la rama de un árbol de laurel, o avellano. El extremo de la varita debe cubrirse con savia, o resina, de árbol seco. Se trata de sumergir el extremo de la varita en el agua del cuenco hasta que se moje. Rozando suavemente ese extremo de la varita alrededor del cuenco se conseguirá que éste emita un sonido. La acción del cuenco sonando causará que se formen ondas concéntricas en el agua. El agua parecerá que respira y se mueve al ritmo de los sonidos. La interpretación que se hace con este método de adivinación varía según el mago, o adivino, que la lleve a efecto, ya que no hay un patrón de interpretación para esta rama de las ciencias ocultas, sino que la interpretación dependerá de la sensibilidad, y la capacidad adivinatoria, que tenga el intérprete, o mago, o adivino. Por eso es tan importante la meditación, y disponer de una gran paz interior, para poder interpretar correctamente las señales, y mensajes, que nos envía el agua.

En los tratados de magia renacentista, la hidromancia se clasificó como una de las siete “artes prohibidas”, junto con la nigromancia, la geomancia, la aeromancia, la piromancia, la quiromancia y la espátula (escapulopatía). Y a pesar de la prohibición se ha seguido practicando con mayor, o menor, fortuna, desde la noche de los tiempos hasta nuestro días.

María de Gracia

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Bibliografía:

-“An Encyclopedia of Occultism”- Lewis Spence

-“Nine books of the nature things”. Paracelso

-“The Fortune-Telling Book: The Encyclopedia of Divination and Soothsaying ”  – Raymond Buckland

-“Descripción de Grecia, Libro II: La Argólida”, Pausanías

 -“Evangelio de San Juan V:1-5”

-“Enciclopedia Católica”, San Romualdo (Italia, 951-1027)

-‘Description de la Chine”, 1735, tome 3, page 78-79. Paris, MAE, Bibliothèque. origine web : http://www.diplomatie.gouv.fr/archives/dossiers/shanghai/prol)

 -“Modus Fessanus” – Martín Antonio del Río (IHS)

-“Las brujas y su mundo”, pags. 165 y ss”. Julio Caro Baroja

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Acerca de María de Gracia

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