La adivinación

“Odio a los impostores, pícaros, embusteros y soberbios y a toda la raza de los malvados, que son innumerables, como sabes… Pero conozco también a la perfección el Arte contrario a éste, o sea, el que tiene por móvil el amor: amo la belleza, la verdad, la sencillez y cuanto merece ser amado. Sin embargo, hacia muy pocos debo poner en práctica tal Arte, mientras que debo ejercer para con muchos el opuesto. Corro así el riesgo de ir olvidando uno por falta de ejercicio y de ir conociendo demasiado bien el otro.” (“El Pescador” – Luciano de Samósata).

La adivinación, del latín divinare: “prever, inspirarse en un dios”, está relacionada con: “divinus”, (divino), y trata del intento de comprender una situación, o cuestión, a través de un proceso, o ritual, oculto a los conocimientos de los demás.

“Divinatio”, es, según Cicerón, (Italia, 106 a.C.- 43 a.C.) una presunción y un conocimiento de las cosas futuras. O un poder en el hombre que prevé y explica los signos que los dioses envían a la tierra, y el adivino debe, por lo tanto, conocer la disposición de éstos hacia los hombres a través de sus signos, y por qué medios deben obtenerse estas interpretaciones. De acuerdo con esta última definición, el significado de la palabra latina, “divinatio”, es más ajustado que la del griego: “μαντική” (mánteis), en tanto que esta última significa: “cualquier medio por el cual se pueden descubrir los decretos de los dioses, tanto si son naturales como artificiales”. Es decir: los videntes y los oráculos, donde la voluntad de los dioses se revela por inspiración, y la adivinación en el sentido de la visualización. En el oráculo el hombre es el medio pasivo a través del cual la deidad revela el futuro. Mientras que en el adivino, el hombre lo descubre por su propia habilidad o experiencia, sin ninguna pretensión de inspiración. Sin embargo, como el vidente también era frecuentemente llamado “divinus” (divino), intentaré explicar la diferencia entre unos y otros.

Los adivinos de la antigüedad han utilizados estos poderes de diversas formas a la hora de llevar a cabo las interpretaciones de los símbolos para después comunicarlos al consultante a través de acontecimientos, metáforas, o también presagios, ya que el adivino ha estado en contacto con lo sobrenatural donde no existe el factor tiempo. Y aunque en la antigüedad la adivinación era realizada por los magos y sacerdotes de los templos, en los tiempos modernos ha sido rechazada sistemáticamente por la comunidad científica. En el siglo II de nuestra era, el poeta satírico Luciano de Samósata, (Siria, 125-180 AD) escribió algunos ensayos sobre los adivinos considerándolos charlatanes, o tildándolos de falsos profetas que sabían de encantamientos, conjuros milagrosos, y vendían pócimas para los amores, y para deshacerse de sus enemigos, además de conocer todo tipo de artes para neutralizarlos.

Uno de tantos instrumentos utilizados para la adivinación en la antigua Mesopotamia – este con forma de hígado – Museo del Louvre, París

Los adivinos (en griego: μάντεις – mánteis) bajo la influencia directa de los dioses, principalmente de Apolo, auguraban el futuro al estar en contacto directo con los lugares sagrados donde se acudía a consultar a las deidades. Apolo, el dios de la profecía, era generalmente la fuente de la cual derivaron sus conocimientos los adivinos. En muchas familias del adivino el conocimiento inspirado del futuro se consideraba hereditario y se transmitía de padres a hijos. A estas familias pertenecían algunas sagas muy famosas.

Apolo y el cuervo – fresco en Pompeya

Algunas de estas familias conservaron su fama hasta un período muy tardío de la historia griega. Los “mánteis” (adivinos) hacían sus revelaciones cuando se requería hacerlo en emergencias importantes, o las hacían espontáneamente cuando lo creían necesario, ya sea para prevenir alguna calamidad o para motivar a sus compatriotas a hacer algo beneficioso.

Además de los profetas, adivinos y videntes, había un número de adivinos de orden inferior que se encargaba de explicar el significado de todo tipo de signos, e interpretar sueños, o percepciones. Sin embargo, eran particularmente populares entre las clases sociales y culturales inferiores, quienes en todas partes estaban más dispuestas a creer en lo más maravilloso, pero menos digno de ser creído. Esta clase de adivinos, sin embargo, no parece haber existido hasta un período comparativamente tardío, según algunos historiadores, y haber sido considerados, incluso por los propios griegos, como charlatanes y embaucadores para cierta clase de público.

Manuscrito tailandés de Phrommachāt que trata de las predicciones en el año del Gallo. Fechado en 1.885 A.D. (British Library, Or.3593, f.14)

La interpretación de los signos y símbolos que daban los dioses en los oráculos, según los diferentes historiadores, era un invento de Prometeo, para después haber sido más cultivada por los etruscos, entre los cuales se elevó a una ciencia completa, y de quienes pasó a los romanos. Los sacrificios de animales se ofrecían para el propósito especial de consultar a los dioses. Pero en ambos casos se observaban los signos, y cuando eran propicios, se decía el significado del sacrificio del animal: la naturaleza de los intestinos con respecto a su color, tenía un significado, y variaba dependiendo del estado de los intestinos en el momento del sacrificio. El estado de hígado era de particular importancia. La naturaleza de la llama que consumía el cuerpo del animal sacrificado, el humo que subía por el altar, y todo lo que se ofrecía a los dioses era considerado como algo digno de ser interpretado. Durante los sacrificios también se pronunciaban palabras auspiciosas que no conocía ninguno de los consultores, excepto los que llevaban a cabo esos sacrificios. Porque no solo se pensaba que las expresiones impropias contaminaban y profanaban el ritual sagrado, sino que eran malos presagios.

Sin embargo, a pesar de todo, y de todos, la adivinación en todas sus formas tiene un elemento más de ritual y social que se enmarca también en un contexto religioso tal y como nos enseña la medicina tradicional africana de algunas ex-colonias. Los métodos de adivinación varían desde siempre de acuerdo a la cultura y religión de cada país.

Los eruditos en estos temas han clasificado la adivinación en seis tipos y todos ellos siempre han estado considerados, incluso hoy en día, como herramientas de comunicación entre lo Divino y lo humano, o entre los dioses y los hombres.

Egeo, rey de Atenas, consultando a Pitia (pitonisa) en el oráculo de Delfos. Pintor: Codros, c. 440430 a. C., conservado en el Altes Museum de Berlín (inv. 2538). 

1. Presagios

2. Sortilegios : Lanzar algo al aire y dependiendo de cómo caiga se interpreta, y puede llevarse a cabo con huesos, piedras, palos, monedas, o cualquier otro objeto. Las cartas modernas y algunos juegos de mesa se desarrollaron como ahora los conocemos a partir de este tipo de sortilegios antiguos utilizados para la adivinación.

3. Augurios: Pueden ser con formas, con proximidades, con las entrañas de los animales, con las flechas, con el vuelo de los pájaros, con el comportamiento de otros animales terrestres.

4. Espontáneas: Esta forma de adivinación no tiene restricciones y en realidad abarca todo tipo de adivinación con o sin reglas. Las respuestas se encuentran de cualquier objeto, o persona, o animal que pase en ese momento, o abriendo los libros sagrados y haciendo preguntas para que el libro responda. Leer el aura, interpretar el feng shui, etc..

5. Quiromancia: entre otras categorías está considerada como prácticas menores tanto en Oriente como en Occidente desde la antigua Babilonia hasta nuestros días. El adivino, o mago, o sacerdote, lee las palmas y el envés de las manos de los consultantes y predice su futuro, pero también su pasado.

6. Cleromancia: es un método de adivinación muy antiguo que se llevaba a cabo por medio de dados o tabas, y ya era utilizado por los once discípulos de Jesucristo en Hechos, I:23-26 para seleccionar al sustituto de Judas Iscariote. Por lo tanto, la adivinación era una práctica aceptada en la iglesia primitiva, sin embargo la adivinación posteriormente fue vista como una práctica pagana por los emperadores cristianos de la antigua Roma.

“Así que propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, apodado el Justo, y a Matías. Y oraron así: «Señor, tú que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido para que se haga cargo del servicio apostólico que Judas dejó para irse al lugar que le correspondía.» Luego lo echaron a suertes y la elección recayó en Matías; así que él fue reconocido junto con los once apóstoles”. (Hechos, I:23-26).

Sin embargo, así como en la antigüedad los métodos de adivinación en general eran bien vistos, y se practicaban por los sacerdotes y los magos en los templos, en algunos pasajes de la Biblia podemos encontrarnos con su prohibición expresa, (Deuteronomio, XVII:10-12/Levítico, XIX:26) ) pero, al mismo tiempo, en la Biblia se habla de que se practica (Exodo, XVIII) cuando se menciona a los Urim y Tumin. Y algunos eruditos dicen que Gedeón también practicó la adivinación cuando utilizaba una vedija de lana para predecir el resultado de alguna batalla, aunque otros digan que solo estaba intentando comunicarse con Dios. (Jueces, VI:36-40)

Sin embargo, comunicarse con Dios se hace a través de la oración, según las diferentes religiones, incluso las paganas, y no es lo mismo que la adivinación, aunque ambas sean dos vías abiertas en las conversaciones con Dios. (Josué, XIV:1-5 y XVIII:1-10).

Los videntes, o magos, o sacerdotes, de la antigua Grecia practicaban la adivinación, y también rezaban oraciones para comunicarse con los dioses. Los oráculos eran pues conductos que los dioses usaban para comunicarse con la tierra. Debido a la gran demanda que había en los oráculos, y el horario de atención por parte de los magos y sacerdotes, éstos decidieron que a todo ello se dedicaran los videntes. Pero a condición de que los videntes, según la tradición, no estuvieran en contacto directo con los dioses como lo estaban los magos y sacerdotes de los templos. Los videntes entonces utilizaron un sinfín de métodos para interpretar la voluntad de los dioses, y para responder a las preguntas que hacían los consultantes, incluyendo la lectura de las entrañas de los animales, el sonido del viento, el de las aguas, y así muchos más. Los videntes se multiplicaron como las setas después de la lluvia y no mantuvieron horarios limitados como habían hecho hasta ahora los magos y sacerdotes, en los oráculos, y por lo tanto, se ganaron las simpatías del pueblo, no solo los que viajaban a Delfos, o a cualquier otro oráculo, sino a todo tipo de oráculos.

Antes de las batallas los generales preguntaban a los videntes tanto en el mismo campamento, como en el campo de batalla, sobre el resultado de la misma, y el vidente sacrificaba a algún animal y analizaba su hígado para conseguir respuestas algo más consistentes. El sacrificio de animales en el mismo campo de batalla solo se llevaba a cabo cuando los ejércitos se preparaban para librar una batalla de forma inminente. Ninguna de las dos fuerzas avanzaría hasta que el vidente no revelara los presagios apropiados.

Sibila libica – Miguel Angel – Capilla Sixtina – El Vaticano, Italia

El augur era el nombre que se daba al sacerdote que practicaba la adivinación en la antigua Roma, y según el diccionario: “persona que hace predicciones, o que pretende descubrir cosas ocultas, o desconocidas por medio de procedimientos que no se basan en la razón, ni en los conocimientos científicos, sino especialmente por medio de la magia, o de la interpretación de los signos de la naturaleza”.

Sibila délfica – Miguel Angel – Capilla Sixtina – El Vaticano, Italia

Los augures y videntes en los imperios antiguos de Roma y Grecia tenían mucho poder sobre personas como políticos, u aristocracia, o gente con mucha influencia, pero algunos de éstos se mostraron siempre muy escépticos con los augurios de los videntes, ya que no todos eran tan honestos, ni decían la verdad, y actuaban dependiendo de sus intereses del momento.

El método científico se basa en observaciones y experimentos repetidos y sistemáticos, que conducen a hipótesis que son probadas. De esta manera se construye una teoría que es un modelo que describe nuestra comprensión de los fenómenos, y a menudo permite predicciones para eventos futuros similares. Las prácticas de adivinación no son el resultado de la aplicación del método científico y, por lo tanto, a menudo se consideran superstición o, en el mejor de los casos: pseudociencia. No existe una forma obvia, única, consistente o convincente de que una práctica de adivinación pueda derivarse de su sistema de creencias subyacente. De hecho se puede practicar la adivinación sin referencia a un sistema particular de creencias.

La gente no necesita saber cómo o por qué una práctica “funciona”, siempre y cuando se pueda verificar que funcione, y entonces ésta puede convertirse en objeto de investigación científica. Sin embargo, los adivinos no evalúan sistemáticamente sus resultados ni tratan de falsificar sus hipótesis. De hecho, a los adivinos no les gusta que los consultantes repitan las preguntas. El problema es que la repetición de las preguntas por parte del consultante puede ser un intento de conseguir del adivino una respuesta más favorable a su pregunta.

Más allá de las meras explicaciones de la evidencia anecdótica se han propuesto algunas teorías de cómo algunas formas de adivinación podrían dar lugar a mensajes significativos. Una teoría es que el proceso de adivinación permite que los mensajes de la mente subconsciente puedan emerger al mundo consciente. Por ejemplo, usando el oráculo de I Ching, una persona con un muy buen conocimiento de los sesenta y cuatro capítulos del I Ching, podría dirigir subconscientemente la división de los vértices de la flecha para obtener un oráculo relevante. El hexagrama del I Ching necesita una pregunta para obtener una respuesta a la cuestión planteada, y de nuevo, esto permite que el subconsciente influya en el resultado. Esta teoría presupone que la mente subconsciente tiene un mensaje relevante para entregar, y que en cualquier caso particular puede, o no puede, ser verdad.

A veces las decisiones aleatorias son reconocidas por la ciencia moderna como formas efectivas de abordar un problema. Los problemas matemáticos pueden ser abordados por algoritmos en los que se utilizan números pseudo-aleatorios para probar una función. En la teoría de los juegos, las elecciones deben ser hechas al azar para evitar que los oponentes diseñen una estrategia de contador eficaz. Una función similar podría existir para el I Ching, ya que a veces se describe como una “máquina de la invención” en la que cualquier combinación aleatoria de hexagramas conduce potencialmente a una idea nueva y diferente. Quizás los esquemas de adivinación pueden ser vistos como esfuerzos para dividir el espacio conceptual en segmentos, y dirigir aleatoriamente la atención a cualquier segmento es potencialmente productivo.

Tabla coránica adivinatoria – Dakar, Senegal

En partes de África donde la influencia islámica ha sido particularmente fuerte, muchos musulmanes combinan las prácticas africanas de adivinación con su fe islámica. En Dakar, Senegal, por ejemplo, es probable que se encuentre a miembros islámicos de la hermandad de Mouride practicando la adivinación usando tableros coránicos como el de la foto. La información sobre el consultante se coloca en los nueve cuadros de la mitad inferior del tablero y se interpretan usando métodos cabalísticos complejos que implican álgebra y geometría. El cuadrado del centro representa al consultante, que entonces figurativamente está rodeado de versos del Corán, y que, al ser interpretados, identifican el rumbo adecuado para la curación. A menudo estos cuadrados se dibujan en el papel que entonces se empapa en el agua para quitar la tinta que se cree, literalmente, que pasa a ser la palabra de Dios. Al lavarse con el agua de la tinta, la tradición dice que la enfermedad se cura.

Cuando comparamos los caprichos del ocultismo del I Ching con los logros de la ciencia occidental, podemos sentirnos muy sabios y superiores, pero no debemos olvidar que fue el mismo argumento falaz de analogía equivocada el que produjo en China muchas prácticas supersticiosas y en la historia de nuestra civilización, astrología, alquimia y magia. Estas pseudociencias se tomaron en serio en el mundo del pensamiento a lo largo de la Edad Media y comenzaron a ser abolidas sólo después de la Reforma con el surgimiento de la astronomía genuina, la química genuina y la ciencia de la naturaleza genuina. Si los chinos están equivocados debemos recordar que hubo un tiempo en el que cometimos el mismo error que ellos.

El conjunto chino de adivinación consiste en cincuenta tallos llamados “palos divinos” y seis pequeños bloques oblongos para representar los hexagramas. Estos bloques no son diferentes a los bloques de construcción de los niños, pero llevan en dos lados laterales incisiones que dividen las caras oblongas en secciones iguales para dar a la superficie el aspecto de una figura yin. Los palos están hechos de tallos de la planta de milfoil (ptarmica sibirica) que se cultiva en la tumba de Confucio y se considera sagrada. Las personas piadosas consultan al oráculo en todas las ocasiones importantes. Primero se cuidan de mantenerlos limpios, y luego adoptan una actitud tranquila y reverencial. El adivino entonces saca un palo y lo coloca en un soporte en el centro de la mesa. Este único tallo se llama “el gran límite” (t’ai chih), la causa última de la existencia.

Luego levanta los cuarenta y nueve palos restantes sobre su frente con su mano derecha, y los divide al azar en dos partes, al mismo tiempo conteniendo su aliento y concentrando sus pensamientos en la pregunta que debe ser contestada. Los palos de la mano derecha se colocan sobre la mesa; se saca uno de ellos y se coloca entre los dedos cuarto y quinto de la mano izquierda. Los tres grupos se llaman ahora Cielo, Tierra y Hombre. El grupo de la izquierda se cuenta entonces con la mano derecha en ciclos de ocho, y el número del último grupo da el trigrama inferior de la respuesta, llamado complemento interno. Este número se cuenta después del orden más antiguo de los ocho trigramas, es decir, el de Fuh-Hi correspondiente a la disposición binaria invertida. El trigrama superior, llamado complemento exterior, se determina de la misma manera.

 

Una vez que se determina el hexagrama, se selecciona una línea especial con la ayuda de los palos divisorios de la misma manera que después de determinar el hexagrama se selecciona una línea especial con la ayuda de los palos divisorios de la misma forma que antes, excepto que en lugar de contar en ciclos de ocho, el adivino ahora cuenta en ciclos de seis. Habiendo establecido así el hexagrama, y una línea especial en él, el adivino consulta la siguiente línea que contiene un significado definido para cada hexagrama en su conjunto, y también para cada sola línea. Y con este significado se consigue la base de la respuesta divina. Es obvio que este complicado proceso presupone un proceso más simple que, sin embargo, debe haber estado en uso en tiempos prehistóricos, pues en cuanto a la historia china, el sistema de adivinación con los tallos se menciona únicamente en los documentos más antiguos encontrados hasta ahora.

Urim y Tumim

El método chino de adivinación puede ayudar a entender el Urim y Tumim de los hebreos, y que son tan antiguos, que los detalles de su método están prácticamente olvidados.

Observamos primero que el Urim y el Tumim son dos grupos de símbolos aparentemente formando un contraste similar al del “yin” y del “yang”. Es probable que fueran un conjunto de doce gemas que representaban las doce tribus de Israel. En segundo lugar: como el yin y el yang, los dos grupos deben haber sido una pluralidad de elementos, y no sólo dos símbolos como se asume a veces. Y en tercer lugar: sirvieron al propósito de la adivinación porque se mencionan en relación con el “efod” (fajín) que debe haber tenido algo que ver con el oráculo determinante.

El Urim y Tumim se traducen en la Septuaginta por: “manifestación y verdad”, o, como se ha traducido a: “luz y perfección”. Parece que la vocal en la primera palabra es incorrecta, y debemos leer: “Orim”, que es la forma plural de Or: “luz”, y podría traducirse por: “las cosas brillantes”. Si Tumim se deriva de la raíz Thamam, su vocalización debe ser tamim (no tumim) y significaría: “las cosas completadas”.

A la derecha y a la izquierda del peto de los sacerdotes hebreos antiguos había dos piedras grandes y de mucho brillo. Se llamaban: Urim y Tumim. Mediante ellas se revelaba la voluntad de Dios al sumo sacerdote. Cuando se llevaban asuntos ante el Señor para que él los decidiera, si una aureola iluminaba la piedra de la derecha, era señal de aprobación, o consentimiento divinos, mientras que si una nube oscurecía la piedra de la izquierda, era evidencia de negación, o desaprobación.

“28.Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29: Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.” (Joel, II:28-29)

No podemos dudar de que el Urim y el Tumim forman un contraste, y si los Urim representan la “luz”, o el “yang”, los Tumim representarían: “oscuridad”, o “yin, siendo el primero comparado con el ascenso del Sol, y el último con la consumación de el día.

Algunas veces la respuesta del Urim y Tumim está entre dos alternativas. Algunas veces se da una respuesta definida que presupondría un sistema más o menos complicado similar a las respuestas registradas en el I Ching. En la historia de Saúl (1 Samuel, X:22), surge la respuesta: “He aquí, él se escondió entre las cosas”, y en el tiempo de los jueces (Jueces, XX: 28) se pregunta sobre la conveniencia de un ataque contra la tribu de Benjamín, y el oráculo declara: “Sube, porque mañana los entregaré en tu mano”. En otras ocasiones el oráculo no responde en absoluto, y su silencio se interpreta como debido a la ira de Dios.

La respuesta recibida al consultar al Urim y Tumim fue considerada como la decisión de Dios, y en realidad fue llamada la voz de Dios. Este punto de vista parece haber conducido en épocas posteriores, cuando ya no se comprendía el proceso de adivinación, a la suposición de que la voz de Yahveh podía ser oída por los Santos, una interpretación errónea que es claramente reconocible en la historia del sumo sacerdote Eleazar (Números, VII:89). El Urim y Tumim puede muy bien haber llegado a ser considerado como un objeto de adoración.

Es difícil decir si el “efod”(faín) es idéntico al peto del sumo sacerdote que en años posteriores fue adornado con doce piedras preciosas que representan las doce tribus de Israel. Sin embargo, es seguro que el Urim y Tumim no pueden ser identificados con las doce joyas, y las palabras hebreas claramente indican que fueron colocadas dentro como en una bolsa.

El peto del sumo sacerdote parece ser el mismo que se encontraba en la historia de Babilonia, las “Tablas de la Ley”, que estaban colgadas en el techo. Pero la identificación no parece convincente.

Estatua de sumo sacerdote del antiguo reino de Urartu, fechada en los siglos VIII al VII a.C. y propiedad del Museo de Boston, USA

Después del rey Salomón ya no aparece ningún registro histórico del uso del Urim y Tumim. Parece cierto que entonces los rabinos no sabían más de ello que nosotros hoy y lamentamos la pérdida de esta evidencia especial de la adivinación. Se podría haber considerado que los sacerdotes no debían ser autorizados para consultar el oráculo en adelante, (Esdras, II:63), y Tito Flavio Josefo (Jerusalén, 37-100 AD) afirma que doscientos años antes de su tiempo las prácticas habían cesado. Según la tradición común, sin embargo, nunca fueron incluídas en los servicios del Templo después del Exodo.

Mientras Josefo identificaba al Urim y Tumim con las doce joyas en el pectoral del sumo sacerdote, Filón de Alejandría (20 aC-50 dC) afirmaba que eran pinturas expuestas en el bordado del peto que representaban los símbolos de la luz y la verdad. Su concepción es insostenible, pero es digno de mención porque su punto de vista parece estar influído por su conocimiento de las vestiduras sacerdotales de Egipto. Se nos dice que el sumo sacerdote en su calidad de juez solía llevar un peto con la imagen de la verdad, o la justicia. En uno de esos antiguos petos se ha encontrado un escudo sobre el cual había dos figuras reconocibles por los emblemas en sus cabezas: una con un disco solar como Ra, el dios-sol o: “la luz”, y la otra con una pluma, como Maat o: “la verdad”. Si el Urim y Tumim no fueran plurales ni contradictorios, y si no supiéramos demasiado bien que fueron colocados en un “efod” (fajín), la interpretación de Filón de Alejandría tendría mucho de auténtica. Tal vez él, y también la Septuaginta, estaban bajo influencia egipcia.

Aunque no creemos que el Urim y el Tumim fueran exactamente iguales al yang y al yin, estamos plenamente convencidos de que el método chino de adivinación arroja cierta luz sobre la práctica hebrea análoga y nos ayudará a comprender el significado de los términos. Si los dos sistemas están conectados históricamente, lo cual no es completamente imposible, debemos suponer que se diferenciaron mientras estaban en sus formas más primitivas de adivinación.

En el año 692 el Concilio Quinisexto, también conocido como el “Concilio Trulano” en la Iglesia Ortodoxa Oriental, (la Iglesia católica no reconoce ese Concilio) aprobó cánones para eliminar las prácticas paganas y de adivinación, ya que los diferentes métodos de adivinación se extendieron a través de la Edad Media, e incluso antes con la invasión del Imperio Romano. En la constitución del año 1.572 y las regulaciones públicas del 1.661 de Kur-Sajonia, la pena capital fue utilizada para los que predecían el futuro. Las leyes que prohíben la práctica de la adivinación continúan hasta el día de hoy.

María de Gracia

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(derechos reservados-prohibida su reproducción)

Bibliografía:

El cuadro de cabecera es cortesía del pintor D. Hernán Valdovinos

http://www.hernanvaldovinos.com/

-“Alejandro, o el falso profeta” – Luciano de Samósata

-“A Dictionary of Greek and Roman Antiquities” – J. Murray, London, 1.875

– “De Divinat, 1.1., Liber I, 223″ –  Marco Tulio Cicerón

-“Enciclopedia de los Dioses” – Michael Jordan

– “Antigüedades judías, Libro X_XIII y ss” – Tito Flavio Josefo

-“Apología pro Iudaeis/Hypothetica” – Filón de Alejandría

-“Las Aves, 897″ – Aristófanes

-“Píndaro, VI, 112 – Homero II, 41

-Antiguo Testamento – Nuevo Testamento – Tanaj – Talmud

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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