La flauta de oro

(Cuento tradicional de la etnia china Yao)

Había una vez una mujer y su hija que vivían en las montañas. A la niña le gustaba vestir de rojo y su nombre era “Pequeña Roja”.

Un día, cuando ambas estabas trabajando en el campo, de repente se desató un vendaval y en el cielo apareció un dragón que con garras amenazadoras se abalanzó sobre la “Pequeña Roja” y atrapándola fuertemente entre sus patas echó a volar en dirección al Oeste. Su madre apenas oyó con el ruido del viento lo que su hija le decía:

“!Oh, madre, madre,

mi querido hermano me rescatará!”.

Enjugándose las lágrimas la madre gritó al cielo: “!Pero si yo solo tengo una hija!. ¿Quién puede ser ese hermano?”.

Hacia la mitad del camino de vuelta a casa notó que su pelo blanco quedaba enganchado en las ramas de un arrayán que crecía a un lado del camino. Mientras desenredaba su pelo se fijó en los frutos rojos que colgaban de una rama. Cogió algunos y se los comió sin darle mayor importancia.

Cuando llegó a casa la madre dió a luz a un niño de hermosa cabeza redonda y sonrosadas mejillas. Puso al niño el nombre de “Pequeño Arrayán”.

El Pequeño Arrayán creció muy rápidamente y en pocos días ya aparentaba tener catorce o quince años.

Su madre quiso pedir al Pequeño Arrayán que fuera a rescatar a su hermana, pero no se atrevía a encargarle un trabajo tan peligroso. Todo lo que le quedaba por hacer era llorar en secreto.

Un día un cuervo se posó en el alero de su casa y gritó:

“!Tu hermana está sufriendo lejos de aquí!.

Está llorando presa de las garras del malvado dragón.

!Hay sangre en su espalda!

!Está cavando entre las rocas son las manos!”.

Después de escuchar al cuervo el Pequeño Arrayán preguntó a su madre: “¿Tengo una hermana?”.

Las lágrimas empezaron a correr por las mejillas de la madre y respondió: “Si, hijo mío, tienes una hermana. A ella le gustaba vestir de rojo y la llamaban “Pequeña Roja”. El malvado dragón, que ha matado a tanta gente, vino un día y se la llevó con él.

El Pequeño Arrayán cogió un garrote largo y dijo: “Voy a rescatar a la Pequeña Roja y a matar al malvado dragón así no podrá volver a hacer daño a nadie”.

Su madre se reclinó sobre el marco de la puerta y con los ojos húmedos vió cómo partía su hijo.

El Pequeño Arrayán caminó muchos kilómetros. En una carretera de la montaña vió una gran roca bloqueando el camino. La roca tenía marcas de otros caminantes que habían escalado por ella. Un paso equivocado significaba una desagradable caída.

El Pequeño Arrayán dijo: “!Este es mi primer obstáculo!, si yo no consigo quitar la roca de enmedio mucha gente puede caerse!”. Introdujo el garrote debajo de la roca e hizo presión sobre él con todas sus fuerzas a modo de palanca. Se oyó un !crack! y el garrote se rompió en dos partes. Entonces puso sus dos manos bajo la roca y trató de moverla utilizando toda su fuerza. La roca empezó a rodar valle abajo.

En ese momento una reluciente flauta de caña dorada apareció en el hueco donde había estado posada la roca. El Pequeño Arrayán la cogió y empezó a soplar. De la flauta salió una sonora nota musical.De repente todos los gusanos, ranas y lagartos del camino empezaron a bailar. En cuanto más rápido era el sonido de la flauta, más rápido bailaban las criaturas. Cuando la música se paraba, cesaban de bailar. El Pequeño Arrayán tuvo una idea: “!Ah, entonces ahora puedo hacer un trato con el malvado dragón!”.

Se alejó con la flauta en la mano. Trepó por una gran montaña rocosa y vió a un fiero dragón enrollado en la entrada de la cueva. A su alrededor había montañas de huesos humanos. También vió a una chica vestida de rojo tallando la roca. Las lágrimas caían por sus mejillas. El malvado dragón azotó a la chica en la espalda con su cola mientras le gritaba:

“!La más desagradecida y repugnante Señora Roja,

Desde que no quisiste casarte conmigo

Día a día

roca a roca

talla en la roca una cueva bonita

O te mandaré a la tumba!”.

El Pequeño Arrayán se dió cuenta de que la chica no podía ser otra más que su hermana. Entonces gritó:

“!Malvado monstruo!, demonio del mal!

Sigue atormentando a mi hermana

hasta que tu miserable vida acabe

mientras yo hago sonar esta flauta!”.

El Pequeño Arrayán empezó a tocar su flauta de caña dorada. La música hizo que el dragón empezara a bailar muy a pesar suyo. La pequeña Roja salió de la cueva para ver lo que estaba ocurriendo.

El Pequeño Arrayán seguía tocando la flauta. El malvado dragón continuaba bailando retorciéndose y sin saber dónde meterse de la vergüenza. En cuanto más rápida era la música, más rápido se movía el dragón.

La Pequeña Roja salió corriendo y quiso hablar a su hermano. Con un gesto de la mano, el Pequeño Arrayán le indicó que no podía dejar de tocar la flauta. Que si lo hacía el dragón se los comería a los dos.

El Pequeño Arrayán siguió tocando la flauta y el dragón estirando su larga cintura siguió bailando al son de la música.

El fuego empezó a asomar en sus ojos, el humo por su nariz y también empezó a jadear por la boca. El malvado dragón confesó:

“!Ho-Ho-Ho!, !hermano, tú eres el más fuerte!

Deja de tocar la flauta, deja de torturarme.

La enviaré a casa

si me dejas en paz!”.

El Pequeño Arrayán no tenía intención de dejar de tocar la flauta. Empezó a caminar hacia un gran estanque. El malvado dragón le siguió hasta el borde del estanque bailando continuamente. Al poco tiempo el dragón cayó en el gran estanque y el caudal del agua subió varios metros. El malvado dragón empezó a agotarse. El fuego asomaba por sus ojos, el humo por sus narices y siguió jadeando por sus labios. El dragón intentó convencerle nuevamente con una voz ronca:

“!Ho-ho-ho, hermano, tú eres el más fuerte!

Déjame en paz y me quedaré en este estanque

no me tortures más!”.

El Pequeño Arrayán replicó:

“!Demonio malvado:

Esta es mi oferta:

Quédate en el fondo del estanque

Y nunca más vuelvas a hacer daño a nadie!.”

El malvado dragón asentía con la cabeza. En cuando la flauta dejó de sonar se hundió hasta el fondo del estanque.

El Pequeño Arrayán cogió la mano de su hermana y salieron deprisa de allí.

Al poco oyeron el sonido de un chapoteo en el agua. Miraron por encima de sus hombros y vieron al malvado dragón saliendo del estanque. Elevó la cabeza y empezó a volar en dirección a los hermanos enseñando sus colmillos y arañando el aire con sus garras:

La Pequeña Roja gritó:“

!Profundicé mucho cuando excavaba uno de los pozos

Y lo tapé con unas ramas.

Mientras el dragón esté vivo

no parará hasta encontrarnos!”.

El Pequeño Arrayán volvió corriendo hasta el estanque y empezó a tocar la flauta una vez más. El malvado dragón cayó en la fuente y empezó a bailar, contra su voluntad otra vez, retorciéndose en el agua.

El Pequeño Arrayán se mantuvo en el borde del estanque siete días con sus noches tocando una melodía muy rápida. Al final el malvado dragón no pudo más y empezó a flotar encima del agua. Sus días habían acabado.

Hermano y hermana volvieron felices a su casa después de haber enterrado al dragón. Cuando su madre vió llegar a sus dos hijos su cara se iluminó de felicidad.

Quitaron la piel al dragón para hacerse una casa; usaron los huesos del dragón para sujetar las vigas y con los colmillos del dragón araban los campos. Y como araban los campos muy rápidamente no necesitaron ningún buey. De esta forma pudieron arar muchos campos, sembrar y recoger mucho trigo y vivir para siempre en la abundancia.

María de Gracia

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Bibliografía:

Source: Favourite Folktales of China, translated by John Minford (Beijing: New World Press, 1983)

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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