La Reencarnación

“Es absolutamente necesario que el alma sea sanada y purificada, y si no tiene lugar en una vida en la tierra, debe ser realizada en vidas terrenales futuras “. San Gregorio, Obispo de Nisa (Capadocia, 330-400 AD)

“El poder de la Resurrección, el paso de la esclavitud del mal a la libertad del bien, debe ponerse en práctica en todos los tiempos”. Papa Francisco, (Argentina, año 1936)

La teorías, y la tradición, sobre la reencarnación son mucho mas antiguas que las ya conocidas de los tiempos del antiguo imperio egipcio, y se refieren a la transmigración del alma del recién fallecido con el convencimiento de que el alma iba de un cuerpo a otro, y por lo tanto eran embalsamados para conservar esos cuerpos y que pudieran viajar junto con el “ka”, que para ellos era el concepto de la esencia vital, aquello que destaca la diferencia entre una persona viva y una persona muerta, con el fallecimiento del ser vivo que tiene lugar cuando el “ka” abandonaba el cuerpo . El “ka” se mantenía a través de los alimentos y las bebidas, y por esa razón se ofrecían a los muertos comidas, y bebidas, ya que era el “kau”, que se encontraba dentro de las ofrendas que se consumían, y no el aspecto físico.

El “ka” era representado a menudo como una segunda imagen del faraón llevando a trabajos de vidas anteriores. El “ka”, por lo tanto, estaría considerado como una contraparte del cuerpo que lo acompañaría en el otro mundo, o en la otra vida.

“Ka”

Y para los egipcios el “ba” era todo lo que hace a una persona única, y es similar a la personalidad. En este sentido los objetos inanimados también podrían tener un “ba”, un carácter único, y de hecho las pirámides del antiguo reino egipcio a menudo eran llamadas los “ba” de sus dueños. El “ba” es un aspecto de la persona que los egipcios creían que viviría después de que el cuerpo muriese, y que a veces se representa como un pájaro con cabeza humana saliendo de la tumba del fallecido para unirse con el “ka” en la vida futura.

“Ba”

Estas creencias egipcias dejan muy claro el concepto de la reencarnación que tenían en esa antigua religión, aunque este tipo de filosofías ya eran practicadas desde la mas remota antigüedad como una necesidad de entender, y aceptar, la muerte, entre los pueblos mas primitivos que se conocen.

El animismo 

Y entre algunos pueblos primitivos del Paleolítico nos encontramos con la antigua creencia conocida como el “animismo”, palabra procedente de la latina “ánima” que significa “exhalación del alma”, y se interpretaba como que en cada cosa existía un alma, o espíritu, incluso si era alguna cosa, u objeto, inanimado. Entonces ese espíritu, o alma del objeto inanimado, existiría como parte del alma inmaterial. El espíritu estaba entonces considerado como parte del universo.

Y desde entonces este tipo de filosofías, o creencias entre los pueblos primitivos, el concepto de un alma dentro del cuerpo se desarrolló con la comprensión de que el alma salía del cuerpo al morir y entraba en un cuerpo nuevo al nacer. Y con esa teoría mantenían que el alma una vez que dejaba el cadáver buscaría otro cuerpo para entrar, o si no era de ser humano, buscaría un cuerpo de animal y llevaría una forma de vida considerada inferior. También se creía que el alma abandonaba el cuerpo durante el sueño, y volvía antes de despertarse, y que navegaba libremente, sin tiempo, ni espacio, ni límites, durante los sueños, y era representada con formas de vapores que entraban y salían del durmiente por las fosas nasales y la boca.

Más tarde se desarrolló la creencia de que el alma que se transmigraba a un bebé recién nacido provenía de uno de los parientes recién fallecido. Esto ayudó a explicar las similitudes familiares, físicas, y emocionales, entre parientes con lazos sanguíneos. Los términos “reencarnación” y “transformación” del alma, especialmente cuando se aplican a los seres humanos, son sinónimos. Sin embargo, la reencarnación no es sinónimo de metamorfosis, o resurrección. La metamorfosis se refiere al cambio en una forma de vida en otra forma de vida. La resurrección, en el sentido cristiano, significa el resurgir del cuerpo después de la muerte.

Las primeras pruebas que se tienen de este tema son de los tiempos de los pensadores griegos, como Pitágoras (Samos, 569-475 aC.), quien mantenía que el alma era inmortal y que solo reside en el cuerpo de forma temporal. Por lo tanto, ésta siempre sobrevivía a la muerte del cuerpo. También sostenía que el alma pasaba durante varias generaciones por una serie de renacimientos. Entre la muerte y el renacimiento posterior, el alma se tomaba un descanso y se purificaba en la llanura de Asfódelo (Limbo), en el reino del Hades, donde daba cuenta de sus pecados. Después de que el alma hubiera completado toda una serie de renacimientos, con sus correspondientes purificaciones, entonces se volvía tan pura que podría dejar el ciclo de transmigración, o reencarnación al haber alcanzado un grado superior.

Posteriormente Platón (Atenas, 427-347 a.C.) compartía puntos muy parecidos con Pitágoras sobre que el alma del hombre era eterna y totalmente espiritual, no corpórea, ni física. Sin embargo, en la teoría de Platón sobre la transmigración del alma de cuerpo a cuerpo, hay algunas diferencias. Platón decía que el alma tiende a ser impura durante sus inhabitaciones en los cuerpos vivos, y que permanecía en ellas una mínima parte del conocimiento de las vidas anteriores. Sin embargo, a través de estas transmigraciones, el alma continúa haciendo el bien y va eliminando las impurezas corporales, y después volverá a su estado de pre-existencia fuera del cuerpo vivo. Porque, si el alma se deteriora continuamente a través de sus inhabitaciones corporales, acabará en el Tártaro (infierno), de donde no podrá salir, y se condenará eternamente.

“El alma es el verdadero yo del ser humano. Es espiritual e inmortal, pues cuando el cuerpo se destruye en la muerte, el alma abandona sus restos miserables y emigra hacia un mas allá donde recibirá premios, o castigos, según su comportamiento en la vida anterior. Estos premios, o castigos, pueden resolverse en nuevas reencarnaciones en este mundo terrenal, en otros cuerpos, e incluso en otras especies animales”.

Platón recurre a algunos mitos para relatar estos viajes de las almas después de la muerte en algunos de sus libros, pero esta misma teoría cuenta con antecedentes en las doctrinas órficas que nacieron con el enfrentamiento a las tradiciones religiosas griegas, y a una nueva concepción del ser humano y su destino. Con el nombre del mítico cantor y trágico viajero del mas allá, Orfeo, surgen una serie de textos que predican esa nueva religiosidad, una nueva doctrina de salvación sobre el hombre, su alma, y su destino tras la muerte. Esto grupo de órficos unía creencias procedentes del culto a Apolo, y otras sobre la reencarnación.

Platón analiza al hombre y se encuentra con que existen tres motivaciones en sus actos que se corresponden a tres partes, o tipos, de alma. Las partes del alma son: la racional, la irascible y la apetitiva. El alma racional que se identifica con nuestra inteligencia ética y teorética, es aquella parte que construye argumentos y reflexiona sobre conceptos. Es como un pequeño hombre que está dentro de nosotros mismos y vive en el cerebro. Su función específica es la de controlar y modelar los impulsos de las otras dos partes del alma, por esto su virtud específica es la sabiduría y es preponderante en los filósofos y en los hombres virtuosos en general.

Alrededor del siglo primero de nuestra era los escritores griegos primero, y luego romanos, se sorprendieron cuando se enteraron que los druidas celtas de Hibernia (Irlanda). Caledonia (Escocia) y Britannia (Inglaterra) creían en la reencarnación y llevaban a cabo algunos rituales que tenían cierta similitud con los que practicaban también los sacerdotes egipcios. El historiador Diodoro de Sicilia (Italia, 90-30 a.C.) señalaba en uno de sus escritos: “los druídas creen que las almas de los hombres son inmortales y después de un número de años viven una segunda vida cuando el alma pasa a otro cuerpo”. “Ellos (los druidas) desean inculcar esto como uno de sus principios mas importantes: que las almas no se extinguen, sino que pasan después de la muerte de un cuerpo a otro, y piensan que los hombres por este principio están en gran medida estimulando al valor, y el miedo a la muerte sigue siendo ignorado”.

Hay algunas referencias sobre la reencarnación en los textos de los primeros hebreos que después se convirtieron en una parte de la enseñanza de la cábala. También se propagó esa filosofía entre los primeros cristianos, sobre todo entre los gnósticos, pero mas tarde fue rechazada por los cristianos ortodoxos. Sin embargo, los primeros cristianos enseñaron sobre la reencarnación tal y como señala San Gregorio, obispo de Nisa en el año 350 de nuestra era: “Es absolutamente necesario que el alma sea sanada y purificada, y si no tiene lugar en una vida en la tierra, debe ser realizada en vidas terrenales futuras”.

Pero el 2 de Junio del año 553, la doctrina de la reencarnación del espíritu fue sacada definitivamente en el segundo Concilio de Constantinopla por el emperador romano Justiniano I, (Taor, 482-565) siendo declarada herética la idea de la reencarnación. Al parecer se consideraba que esta idea debilitaría el creciente poder de la iglesia al conceder a los seres humanos demasiado tiempo para buscar la salvación. Posteriormente, y ante el peligro de persecuciones a quienes seguían creyendo en la reencarnación del espíritu, estas informaciones fueron sacadas de los escritos de la iglesia y guardadas en sociedades, y organizaciones, secretas, independientemente de las creencias, o normas de las iglesias cristianas.

Este rechazo hacia la teoría de la reencarnación por parte de la iglesia cristiana podría ser debido a que las enseñanzas de la iglesia cristiana ortodoxa sobre la muerte, y el Juicio Final, ya fueron establecidas como la base de sus doctrinas, y en ellas se mantiene que el hombre tiene una sola vida en la tierra en la que debe ser merecedor de su recompensa, o de su condenación eterna. Y a pesar de las condenas de la iglesia, muchos cristianos, antiguos y modernos, todavía creen en la reencarnación y mantienen que fue enseñada por Jesucristo.

Sin embargo, a pesar de las prohibiciones expresas de algunas iglesias cristianas ortodoxas, los estudiantes de cábala hebreos estaban de acuerdo con la teoría de la reencarnación, así como los eruditos de las ciencias ocultas, o magos, y los astrólogos, ya que pensaban que así como la tierra se renueva cada año, así es el espíritu, o alma, que no conoce la muerte. La reencarnación entonces se enseña como parte de la naturaleza en si misma. El ciclo vital de la tierra es que en primavera los árboles echan hojas nuevas, en verano florecen las plantas y las cosechas con las que se alimentan la humanidad y los animales, después se cosechan los cultivos, y en invierno todo descansa y se prepara para un nuevo renacer. Este ciclo de la madre tierra es considerado por muchos como el ciclo del espíritu de los hombres. Cada reencarnación entonces no solo purifica más el alma, sino que sirve para que a través de todo tipo de oportunidades, éstas puedan aprender más en la vida si está dispuesta a ello. La división de pensamiento acerca de la reencarnación en religiones orientales como la budista y la hinduista, mantienen que cada reencarnación puede ser diferente, y que el hombre puede regresar como una forma de vida inferior, como una planta, un árbol, o un animal. Algunos eruditos gnósticos también mantenían esa creencia que estaba basada en que el alma tiene que experimentar todos los aspectos de la vida, desde el mas pequeño e insignificante, hasta el premio supremo: el ser humano. El pensamiento occidental es que el ser humano se reencarna en niveles espirituales más elevados, pero nunca desciende a un nivel de vida inferior. Y también que el ser humano alcanza un nivel espiritual muy alto y si no lo hace, debe repetir el ciclo vital hasta que lo consiga.

Reencarnación y karma 

Entre el cuerpo y el espíritu, en medio, vive el alma. Las impresiones que le llegan a través del cuerpo son transitorias y están presentes solo mientras el cuerpo abra sus órganos a lo que ocurra en el mundo exterior. Los ojos perciben colores mientras están abiertos. La presencia de las cosas del mundo es necesaria para que el alma reciba una impresión, una sensación, y una percepción. Y todo ello lo reconoce el espíritu como verdad, o hechos, pero transitorios, porque el mundo exterior es temporal. El alma está situada entre el presente y la eternidad porque se encuentra entre el cuerpo y el espíritu, aunque también actúe de intermediaria entre ese presente y la eternidad. El alma conserva el presente para el recuerdo, así lo rescata de la temporalidad y lo acerca a la eternidad de lo espiritual. El alma recuerda y conserva, el ayer; y por acción, prepara el mañana. El alma tendría que percibir el mundo exterior siempre de nuevo si no pudiera almacenarlo en el recuerdo. Lo que queda después de esa impresión externa, y pueda retener el alma, es la concepción. Y a través del poder de formar concepciones, el alma hace que el mundo exterior corporal llegue tan lejos a su propio mundo interior que pueda retener este último en la memoria para el recuerdo, e, independiente de las impresiones conseguidas, dirigir con ella después de eso una vida propia. La vida del alma se convierte así en el resultado perdurable de las impresiones transitorias del mundo exterior.

Los seres humanos se diferencian de sus criaturas animales sobre la tierra en cuanto a su forma física. Pero entre todos los seres humanos son, dentro de ciertos límites, los mismos en cuanto a su forma física. Sólo hay una especie humana. Por grandes que sean las diferencias entre razas, pueblos, tribus y personalidades en cuanto al cuerpo físico, la semejanza entre el hombre y el hombre es mayor que entre el hombre y cualquier otro animal.Todo lo que se expresa como especie humana pasa de antepasado a descendiente. Y la forma humana está ligada a esta herencia. Como el león, o cualquier otro animal, puede heredar su forma física de los antepasados ​​del león únicamente, así el ser humano hereda su cuerpo físico de los antepasados ​​humanos solamente.

Dentro de los límites formados por el nacimiento y la muerte, el ser humano pertenece a los tres mundos: de la corporalidad, del alma y del espíritu. El alma forma el vínculo entre el cuerpo y el espíritu porque penetra en el tercer miembro del cuerpo, el cuerpo del alma, con capacidad de sensación, y porque penetra el primer miembro del espíritu, el yo-espíritu, como alma-conciencia . De esta manera toma parte y mucho durante la vida con el cuerpo, así como con el espíritu. Esto se expresa en toda su existencia. Dependerá de la construcción del cuerpo-alma cómo el alma puede desplegar sus capacidades. Y, por otro lado, dependerá de la vida del alma-conciencia hasta qué punto el yo-espíritu puede desarrollarse en él. Cuanto más desarrollado es el alma-cuerpo, más completa es la relación que el alma será capaz de desarrollarse con el mundo exterior. Y el yo-espíritu se volverá tanto más rico y poderoso cuanto más la conciencia-alma le traiga alimento. Se ha demostrado que durante la vida este alimento es suministrado al yo-espíritu a través de experiencias asimiladas, y los frutos de estas experiencias. Porque la interacción entre el alma y el espíritu descritos anteriormente sólo puede tener lugar allí donde el alma y el espíritu se encuentran entre sí, penetrándose unos a otros, es decir, dentro de la unión del “yo-espíritu” con el “alma-conciencia” de su propia especie.

En cada vida el espìritu del ser humano aparece como una repetición de si mismo con las experiencias de sus antiguas vivencias en otras vidas. Esta nueva vida entonces significa que es una repetición de la otra, y todo lo que ha aprendido en la vida anterior. Por lo tanto, las experiencias del alma se hacen duraderas no solo dentro del nacimiento y la muerte, sino a través de las acciones. Lo que una persona hizo ayer todavía estará presente en las acciones del mañana. Una prueba de la conexión entre la causa y el efecto se encuentra en el símil del sueño y la muerte.

Al sueño se le ha llamado alguna vez hermano menor de la muerte. Por la mañana cuando nos levantamos nos damos cuenta de que el descanso nocturno ha interrumpido nuestra actividad durante el día anterior. Ahora, recién levantados, no nos resulta posible empezar una actividad diaria de nuevo como nos gustaría, sino que debemos recordar las acciones de ayer si queremos que en nuestras vidas haya coherencia. Nuestras acciones de ayer son las que determinan lo que tengo que hacer hoy. Estamos creando nuestro destino de hoy gracias a lo que hicimos ayer. Nos hemos retirado al descanso nocturno, pero después la actividad nos llama, y nuestro pasado sigue atado a nosotros. Nuestro pasado sigue en nuestro presente y nos seguirá en el futuro. Si los efectos de lo que hicimos ayer no fueran hoy nuestro destino, no podríamos haber despertado por la mañana, sino que seríamos un recién creado a partir de la nada, sin pasado, sin experiencias, y sin recuerdos.

El espíritu de los seres humanos no es creado cuando empieza su tarea en la vida terrenal, tal y como un cuerpo humano no es creado cada mañana. Un cuerpo humano nace recibiendo las leyes de la herencia. Este mismo cuerpo se convierte en el portador de un espíritu que está repitiendo una vida anterior, pero ahora ocupando un cuerpo humano diferente. Entre el espíritu y el cuerpo encontramos al alma, la cual lleva una vida autónoma propia e independiente. El alma sensible recibe impresiones del mundo exterior y las traslada al espíritu para que éste pueda extraer de ellas todo lo que sirva para la eternidad. El espíritu entonces podríamos decir que es la parte intermediaria y su trabajo se realiza de forma completa. El cuerpo forma impresiones para el alma, la cual las transforma en sensaciones y las preserva en la memoria, para después entregárselas al espíritu y que las guarde para toda la eternidad. El alma es la conexión a través de la cual el hombre pertenece a una vida en la tierra. A través de su cuerpo el alma pertenece a la especie humana física. A través del mismo es un miembro de la especie humana. Con su espíritu, el alma entonces vive en un mundo superior.

De acuerdo a esta teoría el alma une los dos mundos por un tiempo y los mantiene juntos. Y el mundo físico en el que entra el espíritu humano no es un sitio extraño de acción para el mismo. En los efectos de sus acciones el alma del hombre vive una segunda vida de forma independiente. “Porque sólo una parte de mi obra está en el mundo exterior. La otra está en mi mundo interior”. Y esta es la razón por la que el sueño se asemeja con la muerte. Porque el ser humano durante el sueño se marcha del campo de acción de la tierra en que le espera su destino. Mientras éste duerme, los eventos en el campo de acción seguirán su curso. Por unas horas el ser humano no ha influído en el curso de los acontecimientos.  Nuestra vida en un nuevo día dependerá de las acciones llevadas a cabo en el día anterior. Lo que se separó de nosotros durante la noche estará en el día siguiente. Lo mismo ocurre con las acciones de las primeras encarnaciones del hombre. Están ligadas a él como su propio destino. El espíritu humano solo puede vivir en el entorno que se ha creado con sus acciones. No puede haber mejor comparación que la del sueño y la muerte. Encontrarse por la mañana con el progreso gracias a la acción de los días pasados, o las acciones provocadas en nuestra vida anterior, eso demuestra que el cuerpo físico está sujeto a las leyes de la herencia. El espíritu humano tiene que encarnar una y ora vez. Trayendo las experiencias y conocimientos de las vidas pasadas a las presentes, y a las futuras, pero el alma vive en el presente. Y este presente no es independiente de las vidas anteriores. Porque el espíritu encarnado trae consigo su propio destino desde sus encarnaciones previas, y este destino decide el tipo de vida que va a llevar en adelante. La vida del alma es el resultado del destino auto-creado del espíritu humano. El curso de la vida de los hombres entre su nacimiento y su muerte se determina de tres maneras. Y por esto dependen de tres formas los factores que están en el otro lado del nacimiento y la muerte:

-El cuerpo está sujeto a las leyes de la herencia.

-El alma está sujeta al destino creado por uno mismo, o su Karma. El espíritu está bajo la ley de la reencarnación.

-La relación entre espíritu, alma y cuerpo es armoniosa.

El espíritu es eterno. El nacimiento y la muerte tienen poder sobre los cuerpos de acuerdo con las leyes del mundo físico. La vida del alma está sujeta al destino y los vincula durante la vida terrenal. Todo conocimiento posterior del ser humano tiene que estar precedido por el conocimiento de los tres mundos a los que pertenece.

La vida del hombre es satisfactoria y plena para el hombre desarrollado, pero en el fondo se trata de una parte muy pequeña de la vida, ya que no tendría las experiencias conseguidas. Su vida real abarca muchos años, millones, ya que una vida de cincuenta años en el mundo físico es seguido por un período de veinte veces esa duración en las esferas más elevadas. Cada uno de nosotros tenemos una larga línea de vidas físicas tras de nosotros, y también tenemos una línea todavía más larga por delante. Cada una de esas vidas es un día de aprendizaje. El mundo físico enseña lecciones, y el ego las aprende, o no las aprende, o parcialmente, según, durante su vida de aprendizaje sobre la tierra. Entonces ese ego deja su lado físico y regresa a casa para descansar y refrescarse. En cada nueva mañana retoma la lección en el mismo punto en que la dejó la noche anterior. Algunas lecciones no las podrá aprender en unos días, y para aprender otras va a necesitar muchos más días. Y en esta escuela de la vida cada uno de nosotros tenemos que ir hasta el final porque no tenemos elección.

La teosofía explica este tipo de teorías, y hace hincapié en que la vida del ser humano puede ser vivida tomando una gran ventaja si es consciente de su misión en el mundo, pero empezando por la ley de la evolución, ya que todo ser humano tiene el deber de convertirse en alguien perfecto para desplegar el máximo de posibilidades divinas que lleva en su interior. Esta ley de evolución empuja a los seres humanos hacia conseguir logros más y mas elevados. El hombre sabio intenta anticiparse a sus exigencias, y adelantarse a los planes de estudios para evitar la colisión. El ser humano que se queda atrás en la carrera del progreso de la vida se encuentra presionado, y si se resiste a esta presión, se volverá dolorosa y frustrante.

Otra ley de la evolución trata sobre la causa y el efecto. No puede haber efecto sin su causa correspondiente, y cada causa debe producir su efecto. Y no son dos, sino son uno, porque el efecto es parte de la causa, y el que pone en movimiento es el que establece el otro también. No hay menor idea en el mundo que la de recompensa, o castigo, o la de causa y efecto. Cualquiera puede ser ésto, y algunos lo ven igualmente claros con respecto a los problemas de la evolución. La misma ley se obtiene en los mundos superior e inferior. Allí, como aquí, el ángulo de reflexión es siempre igual al ángulo de incidencia. La ley de la acción y la reacción son iguales y opuestas. En el mundo material es casi infinitamente mas fina en los mundos superiores y la reacción siempre es instantánea, ya que a veces puede extenderse a lo largo de grandes períodos de tiempo, pero regresa inevitablemente.

Además de ésto, los efectos de sus acciones son de carácter variado. Mientras que algunos de ellos producen resultados inmediatos, otros necesitan mucho más tiempo para su acción, y así sucede que a medida que el hombre se desarrolla tiene encima de él una nube flotando de resultados no descargados, algunos buenos, y otros malos. De estas acciones, cierta cantidad se debe a cada uno de sus sucesivos nacimientos. Y esa cantidad, así asignada, puede ser pensada como el destino del hombre para esa vida en particular.

Cada acción del hombre no acaba en si mismo, sino que invariablemente afecta a todo su entorno. En algunos casos, este efecto puede ser poco importante, mientras que en otros puede ser de naturaleza más relevante.

Según estas teorías, los anteriores serían los principales factores que determinan el nacimiento del hombre en las vidas futuras. Primero actúa la gran ley de la evolución, y su tendencia es presionar al hombre en esa posición en la que pueda desarrollar más fácilmente las cualidades que más necesita

La Voluntad de Dios es la evolución del hombre. El esfuerzo de esa naturaleza es una forma de dar al hombre lo que sea más adecuado para esa evolución. Pero esto está condicionado por las pocas experiencias del hombre en el pasado y por los eslabones que haya ido formando. Teniendo en cuenta todo lo anterior nos encontramos con que las condiciones de nuestra vida en la actualidad son el resultado de nuestras propias acciones en vidas pasadas. Y, por lo tanto, nuestras acciones en esta vida estarían construyendo las condiciones para la siguiente. Una persona que se encuentre limitada en esta vida, no siempre va a poder ser capaz de imponer sus condiciones, ni de conseguir lo que le gustaría, pero seguramente, y dentro de sus límites, pondrá las bases para que en la próxima vida pueda llevarlo a cabo.

María de Gracia

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Bibliografía:

Gráficos de:

www.deviantart.com

 -“Encyclopedia of Occultism and Parapsychology”. L. Shepard

– “The tree of life” . Israel Regardie

– “Isis unveiled” . Helena Blavatsky

– “Theosophy”. Rudolf Steiner

-“Gorgias”, “Fedón”, “República”. Platón

– “Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos” (Libros VIII-X/Empédocles)” . Diógenes Laercio

– “Biblioteca de la Historia” . Diodoro de Sicilia

– “Papiro de Derveni” – Teogonía órfica

– “Vida de Pitágoras, 19 hasta 31″. Porfirio

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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4 respuestas a La Reencarnación

  1. Eva Maria dijo:

    Hola
    Maria me ha encantado , y muy interesante gracias …

  2. Alejandro dijo:

    ¡Menudo trabajo este artículo!

    Ofrece una visión muy amplia de un tema apasionante; lo curioso es que, como dice el texto, muchas civilizaciones tienen conceptos parecidos sobre la reencarnación.

    • Hola, Alejandro:

      Me alegra ver que te ha gustado. El tema da para muchos artículos y espero seguir ahondando un poco más en ello, ya que hay demasiadas “casualidades” que no son tales.

      Un saludo muy cordial,

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