Las esferas celestes

Las esferas celestes, u orbes celestes, son esferas imaginarias que giran alrededor de la tierra y sobre cuyas superficies se encuentran enganchados los astros visibles y sobre todo el conjunto, imaginario y visible, se fundamenta el mecanismo de la Cosmología Celestial diseñado primeramente por Eudoxo de Cnidos  (Turquía, 390 a. C. – ca.337 a. C) adoptado por Aristóteles (Estagira, 384 a. C. – 322 a. C) y desarrollado por Ptolomeo (Tebaida, 100 AD– 170 AD), Averroes (Córdoba, 1126 – 1198), y Copérnico (Prusia 1473 – 1543),  entre otros.

Eudoxo de Cnidos

Su fama se debe a la invención de la esfera celeste basada en un modelo matemático y a los ensayos que hizo para comprender el movimiento de los planetas, movimientos que recreó construyendo un modelo de esferas concéntricas que representaban las estrellas fijas, la Tierra, los planetas conocidos, el Sol y la Luna, y dividió la esfera celeste en grados de latitud y longitud.

En este modelo celestial las estrellas y planetas son llevadas alrededor siendo incrustadas en esferas rotatorias hechas de un etéreo quinto elemento transparente (quintaesencia).

En modelos geocéntricos las esferas fueron más comummente expuestas hacia el exterior desde el centro por este orden: la esfera de la Luna, la esfera de Mercurio, la esfera de Venus, la esfera del Sol, la esfera de Marte, la esfera de Júpiter, la esfera de Saturno, el firmamento estrellado y a veces una o dos esferas adicionales.

Pitágoras señaló la existencia de una música de las esferas que los planetas emitían de acuerdo a la esfera que ocupaban en el cielo. Las esferas cercanas daban tonos graves, mientras que las alejadas ofrecían tonos agudos. El sonido resultante era el de una hermosa armonía. La idea pitagórica sobre la música de las esferas persistiría por más de mil años, hasta la Edad Media y principios del Renacimiento.

Modelo aristotélico

La teoría aristotélica se desarrolla con que la Tierra es el centro del universo y los planetas están unidos a cualquier lugar por cuarenta y siete a cincuenta y cinco esferas concéntricas que rotan alrededor de la Tierra. Aristóteles considera que estas esferas están hechas de un quinto elemento inmutable, el éter, y que cada una de estas esferas concéntricas está movida por un dios, un motor divino inmutable. También dice que para saber el número exacto de esferas y el número de motores divinos uno debería consultar a los astrónomos.

Con el orden de los planetas inferiores no hubo unanimidad a la hora de catalogarlos; Platón y sus seguidores los ordenaron como: Luna, Sol, Mercurio, Venus y seguidos los otros planetas menores aunque nunca hubo acuerdo sobre el lugar exacto donde debían ir Mercurio y Venus.

En astronomía una esfera armilar, conocida también con el nombre de astrolabio esférico es un modelo de la esfera celeste utilizada para mostrar el movimiento aparente de las estrellas alrededor de la Tierra o el Sol. La esfera armilar fue inventada presumiblemente por Eratóstenes alrededor del 255 a. C.

Abú-l-Walid Muhammad ibn Rus, Averroes

Averroes mantenía la teoría de que la Tierra era el centro físico del universo. Que lo que rodeaba a la tierra, a diferentes niveles, eran las esferas celestes que contenían cuerpos celestiales (el Sol, la Luna, estrellas y planetas), todos los cuales giraban alrededor de la Tierra. “El movimiento de estas esferas es atribuído a inteligencias inmortales gobernadas por una causa primaria impersonal e inmutable. Como tal, Dios ya no se limita a ser la causa de una cosa. El intelecto activo es la última esfera en la jerarquía, pero no es producto de otro, y como las otras inteligencias su cognición se fija en Dios”.

Averroes mantiene que la Fuerza Motriz mueve el Cosmos, particularmente los cuerpos celestes, por ser el objeto del deseo. Los seres celestiales tienen almas que poseen la más alta fuerza del intelecto y del deseo, y estos seres  desean la perfección de Dios, por lo tanto se mueven debidamente acompasados. Deseo en los seres celestiales de acuerdo a Averroes, no es la facultad real que hay en los humanos. Esos seres no tienen sentido de la percepción, su deseo es unirse con el intelecto causando un deseo por lo que racionalmente es la perfección: la Fuerza Motriz.

La rosa celestial – al final estaba Dios

Esta idea tuvo una influencia muy significativa en la doctrina de Averroes sobre el alma humana y el intelecto.

Algunas figuras medievales invirtieron el modelo de las esferas celestiales y pusieron a Dios en el centro  y la tierra en la periferia. En el siglo XIV, Dante Alighieri (Florencia, 1265–1321) en el Paraíso de la Divina Comedia, describía a Dios como una luz en el centro del Cosmos. El poeta ascendía  más allá de la existencia física hasta el Cielo Empíreo donde se encontró cara a cara con Dios en persona y empezó a comprender la naturaleza divina y la humana.

Principales teorías de la inteligencia de las esferas desarrolladas a través de los siglos:

I – Su emanación y ordenada disposición.

Los cielos están compuestos de numerosas esferas, cada una dotada de una forma de inteligencia. El primer motor establece la primera esfera en movimiento y a su vez mueve las esferas de los planetas. La luna es movida por el intelecto humano (intelligentia vel motor Lunae) el intelecto que está latente en nuestros actos y que tiene evidentemente un papel metafísico tanto en la filosofía de Averroes como en la de Avicena.

II – La eternidad y la potencialidad de la materia

Si bien los árabes de Oriente siguieron a los neoplatonistas en dichas teorías, como el principio de las imperfecciones, ala región de no-ser, Averrores, por el contrario, no hace que sea mero vacío sino una potencia universal que contiene en sí misma el germen de todas las formas lo que profesa la doctrina de un marcado dualismo cósmico. En presencia de la materia eterna, el primer motor (extractor) desengancha – desconecta- desembraga (extractio) las fuerzas activas de la última: el mundo material es la manifestación de unas ininterrumpidas series de estos desarrollos: unas series de generaciones lo cual es necesario e infinito tanto “a parte ante” y “a parte post”.

III – El Monismo (Haeckel) del intelecto humano y la denegación de la inmortalidad personal.

Forzando el significado de los textos de Aristóteles, Averroes hace al intelecto humano la última de las inteligencias planetarias, una inmaterial, de forma eterna, separada de los hombres individualmente, y en sí numéricamente una. Y estos son atributos no simplemente del intelecto activo sino del posible intelecto material. El conjunto del entendimiento humano es impersonal y objetivo; es la antorcha que ilumina individualmente a las almas lo que asegura a la humanidad una participación perenne en las grandes verdades eternas.

El debate sobre el rol de las estrellas en las vidas de los hombres, abordado en la Biblia y argumentado con mucho énfasis en el Talmud, continua sin cesar a través de los siglos. La cuestión era saber si las estrellas influyen en los hombres. Es muy común aceptar que cada ser humano tiene su estrella en el cielo (a veces asociada a su Angel de la Guarda) cuya historia es limítrofe con su propio yo, y de acuerdo a la posición de esa estrella en su fecha de nacimiento se determinan las líneas generales de su carácter y su trayectoria vital en general, también se acepta que las constelaciones del cielo en cualquier momento controlarían los eventos y los actos humanos y que un estudio de los cielos puede revelar el futuro tanto de los hombres como de la vida en la Tierra.

Puesto que las estrellas determinan las acciones de los humanos, porque ellas son también criaturas de Dios establecidas por El para llevar a cabo esta función especial, entendemos que la influencia que ejercen está sujeta a Su deseo. Arrepentimiento, oración, piedad, caridad, las buenas obras -las virtudes religiosas- son los instrumentos por medio de los cuales el hombre puede inducir a Dios a alterar sus decretos y consecuentemente modificar el destino que está escrito en las estrellas por El. Este es el significado de una gran parte de las discusiones medievales entre judíos y cristianos.

El Almagesto (Almagestum)

Es un tratado de matemáticas y astronomía escrito entre el siglo I y II de nuestra era con los supuestos movimientos de las estrellas y los trayectos planetarios. Escrito en lengua griega por Claudio Ptolomeo es posiblemente el mejor libro sobre este tema.

Este libro está dividido en dos partes; la descripción de las esferas y el movimiento de las esferas.

Angeles moviendo el mundo desde las esquinas

Diagrama Cosmológico – Diagrama mostrando las distancias dentro de la esfera sublunar, con ángeles colocando los mandos de los polos por los que es dado la vuelta. British Library.

La idea de que los planetas y las estrellas fijas rigen los asuntos del mundo material era un dogma antiguo que ha recibido la aprobación del astrónomo más reputado de la Edad Media, Claudio Ptolomeo. La influencia de su exposición se había hecho sentir en el pensamiento religioso incluso antes de que su “Tetrabiblos” fuera traducido al Latín en el mundo occidental durante la centuria XII. Eleazar de Worms, que no estaba familiarizado con el trabajo del astrónomo, avanzó su explicación sobre que las propiedades y las fuerzas de los cuerpos celestiales fueron formados por uno o más de los cuatro elementos: tierra, aire, fuego, agua y también por la posesión de uno, o más, de las cuatro propiedades elementales: calor, frío, seca y húmeda.Pero estas consideraciones teóricas eran de importancia secundaria; la utilidad de la astrología para el ser humano ocupaba la mayor parte de la atención e interés de los Judíos y Cristianos en la Edad Media. Los planetas y las estrellas fueron estudiados con un fin muy específico muy de acuerdo a su conveniencia especialmente en lo referente a las predicciones adivinatorias sobre los nacimientos, los horóscopos, las horas favorables para empezar negocios, la astrología judicial y muchas respuestas a preguntas específicas. Para estos fines adivinatorios se crearon tablas para delitimar los campos de influencia de los cuerpos celestes.

Así nos encontramos con que Saturno rige la pobreza, la enfermedad, las heridas, la muerte. Júpiter la vida, la paz, la alegría, la riqueza, el honor, la soberanía. Marte la sangre, la espada, el mal, la guerra, la enemistad, la envidia, la destrucción. Venus la belleza, la pasión, la fertilidad, la concepción. Mercurio la sabiduría, la inteligencia, el aprendizaje, los oficios y profesiones. El sol las actividades diarias, la soberanía. La Luna el crecimiento y la decadencia; el bien y el mal. Había más tablas detalladas que daban los nombres de los planetas y sus influencias sobre la Tierra.

La asociación que hay entre los ángeles y los cuerpos celestes también servía para fomentar esta ciencia adivinatoria. Los siete arcángeles, en particular, se cree que juegan una parte importante en el orden universal a través de su asociación con los planetas y las constelaciones. Hay algunas variaciones, y versiones diferentes, en los Angeles que están asignados a los planetas, e incluso los nombres de estos ángeles están sujetos a cambios repentinos. La lista de abajo. Así nos encontramos con:

Al Sol lo mueven tanto Rafael como Miguel. A la Luna Gabriel y Anael. A Venus Haniel y Hasdiel. A Mercurio Miguel y Zadkiel (en otras listas aparecen Barkiel y Rafael). A Saturno lo mueven Kafziel y Miguel. A Júpiter lo mueven Zadkiel y Barkiel y a Marte lo mueven Samael y Gabriel.

Es interesante comparar esta lista de ángeles y su asociación con los planetas con la lista que hicieron los cristianos medievales por medio del filósofo Averroes:

El Sol y Miguel; la Luna y Gabriel; Venus y Anael; Mercurio y Rafael; Saturno y Cassiel (Kafziel); Júpiter y Sachiel (Zadkiel) y Marte y Samael.

Este concepto seguramente es derivado del misticismo Gnóstico de principios de nuestra era que estaba muy influenciado por las religiones antiguas mesopotámicas de los siete espíritus planetarios y también por los siete Amshaspandands persas.

Los angeles son poderosos y temibles, están dotados de sabiduría y conocen todo lo que ocurre en la Tierra; son correctos en sus juicios, santos, pero no infalibles puesto que ellos compiten entre sí y Dios tiene que poner orden entre ellos. Cuando sus obligaciones no son excesivas los angeles son beneficiosos para los hombres.

El número de ángeles es infinito.

En las escrituras antiguas se menciona a un angel del Señor que por regla general tiene como embajadores a muchos mensajeros con los hombres. A los Angeles se les relaciona con sus misiones especiales, por ejemplo; “el angel intérprete”, “el ángel que destruye”, el angel mensajero, etc. También hay distinciones entre los diferentes Coros: Queribunes, Serafines, Hayyots (criaturas vivas) Ofanims (ruedas) y Arelims (el exacto singificado de esta palabra se desconoce).

Se describe a Dios cabalgando en un Querubín y se le nombra como el “Jehová de los Ejércitos” que habita entre los Querubines, mientras el protector de este último protege el camino al Arbol de la Vida. Isaías (VI.2) nos describe a los Serafines como que tienen seis alas; y Ezequiel (Ezek. i. 5 et seq.) describe a los Hayyots y a los Ofanim como criaturas celestiales que transportan el trono de Dios.


Algunos de los Arcángeles también fueron vinculados a los doce signos del zodíaco y por lo tanto a los doce meses del año con nombres de Angeles nuevos inventados o tomados de fuentes antiguas, hasta completar el número requerido. Aquí, no hay permanencia acerca de la asociación; un ángel puede ser apartado de su cargo estelar sin previo aviso y otro puede ser sustituído.

Según las tradiciones judías y cristianas de la Edad Media, las alianzas de los Angeles con los signos del zodíaco eran como sigue:

Miguel y Samael con el signo de Aries – Anael y Gabriel con el signo de Tauro – Gabriel y Rafael con el signo de Géminis – Gabriel y Uriel con el signo de Cáncer – Miguel y  Nuriel con el signo de Leo – Rafael  y Nuriel con el signo de Virgo – Samael y Yeshamiel con el signo de Libra – Zadquiel y Ayil con el signo de Sagitario – Cassiel y Ubaviel con el signo de Capricornio – Azariel con el signo de Piscis y Azrael con el signo de Escorpio.

No podemos olvidar tampoco que estos nombres cambian de acuerdo a la estación del año y que hay cuatro turnos de supervisión de los cuerpos celestes.

Los días de las semana estaban regidos por los Angeles los cuales estaban encargados de poner en movimiento las órbitas invisibles que arrastraban con su fuerza motriz a los planetas (visibles) que tenían incrustados en su etéreo quinto elemento:

La órbita del sábado estaba a cargo de Oriphiel  (Saturno) – la del Viernes de Anael (Venus) – la del Jueves de Zachariel (Júpiter) – la del Miércoles de Rafael (Mercurio) – la del Martes de Zamael (Marte) – la del Lunes de Gabriel (Luna) y la del Domingo de Miguel (el Sol).

Las estrellas que regían cada hora del día, y de la noche, así como los nacimientos eran como sigue:

Noche:

Primera hora – regida por Júpiter = Muy propicia para empezar un viaje o elegir una novia. Los nacidos en esta hora será guapo y sabio.

Segunda hora- regida por Marte = No acercarse a una mujer y no participar en ninguna transacción comercial. Los nacidos en esta hora serán pobres y morirán en la infancia.

Tercera hora – regida por el Sol = Propicia para emprender cualquier empresa. Los nacidos en esta hora serán pobres, sufrirán muchas desgracias y morirán a espada.

Cuarta hora – regida por Venus = Buena hora para el comercio y el casamiento. Los nacidos en esta hora serán conspiradores y morirán asesinados.

Y así toda la semana. Los nacidos eran catalogados de acuerdo al día de la semana y la hora en que habían llegado al mundo y dependiendo de estas características en sus inscripciones de nacimiento algunos de ellos no eran considerados adecuados para el ejército o para formar parte del clero. Aunque este sistema no estaba del todo aceptado por las sociedades modernas de la época, decidieron cambiar los nombres de los días de la semana planetarios por nombres parecidos, pero latinizados, con el fin de identificar al planeta, y asegurarse las influencias de las estrellas, mediante el nuevo nombre en Latín con lo cual el día de la Luna pasó a llamarse Lunes, el día de Marte se llamó Martes, el día de Mercurio se llamó Miércoles, el día de Júpiter se llamó Jueves, el día de Venus pasó a llamarse Viernes, el día de Saturno pasó a llamarse Sábado y el domingo (posterior al Calendario Romano) empezó a llamarse Anno Domini (día del Señor), es decir, Domingo.

Esta medida fué inmediatamente adoptada por los Cristianos mientras que los Judíos nunca adoptaron los nuevos nombres en Latín de los días de la semana, aunque para propósitos astrológicos siguieron aceptando las asociaciones de los días de la semana con los planetas.

También había mucho interés en las prediccionas astrológicas sobre el clima y se escribieron varios tratados sobre este tema en concreto. Las predicciones se basaban en las observaciones del Sol y su relación con las constelaciones, o fases de la luna, y sobre la apariencia física de estos dos cuerpos en especial, como el color, la forma, y las nubes además de todos los fenómenos astronómicos raros que pudieran considerarse de interés general.

En las noches claras cuando levantemos la vista al Cielo y volvamos a contemplar en el espacio infinito esas hileras de estrellas y planetas que parecen estar incrustados en unas órbitas celestes invisibles, podemos empezar a pensar que las teorías de los astrónomos de la antigüedad y las de los Textos Sagrados pre-cristianos forman parte de otra realidad.

María de Gracia

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bibliografía:

-“Dans Transcendentale, Magie und Magische Heilarten im Talmud”, año 1850

-“Occult philosophy” – Book II – LIX – Cornelius Agrippa van Nettesheim

-“De substantia orbis” – Averroes – (Ibn Rushd)

– ” Antiguo Testamento”, Isaías, VI: 2

– “Libro Hebreo” –  Enoch

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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2 Respuestas a Las esferas celestes

  1. Vanesa R. dijo:

    ¡Hola!
    Me ha gustado mucho la explicación de los modelos de las esferas celestes a lo largo de la historia.
    Saludos.

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