El Príncipe rana

(cuento de Sri Lanka)

Erase una vez una ciudad donde había un rey. Una viuda vive en una casa cerca de su palacio y sobrevive yendo al palacio a vender arroz. Durante todo ese tiempo la viuda soportó el croar de una rana de las que se crían por allí. Cuando la rana ya había alcanzado un tamaño considerable el nuevo rey de la ciudad celebró su proclamación a golpe de ruidosos tambores diciendo: “!daré la mitad de mi reino, y todo tipo de mercancías que puedan transportar un elefante, a aquella persona que me traiga el Gallo de Oro que está en la casa de Rakshasi!” (la ogresa en la mitología india).

Habiendo oído ésto, la rana cargó el fardo de arroz sobre su hombro y se dirigió al árbol de los deseos (Indi); escribió en una hoja un deseo y cubrió la hoja con el arroz que había dentro del fardo. Mientras recorría el camino de vuelta la rana fué transformándose en un muchacho con el aspecto de un Príncipe, a la vez que un caballo y ropa de su estatus aparecieron de la nada. Se puso la ropa, montó en el caballo y siguió el camino hasta que llegó a otra ciudad.

Al enterarse en Palacio que había llegado un Príncipe a la ciudad, su Rey preparó habitaciones para acomodar al distinguido visitante, y después de haberle obsequiado con comida y bebida le pregunto: “¿dónde vas?”.

Entonces el Príncipe dijo: “el Rey de nuestra ciudad ha anunciado su proclamación a golpe de tambor y dijo que daría la mitad de su reino y un elefante cargado de riquezas a la persona que le llevara el Gallo de Oro que está en Rakshasi y por esa razón voy a buscar el Gallo de Oro”.

El Rey, satisfecho con la confidencia del Príncipe, le dió un pedazo de carbón diciéndole: “Sería imposible escapar de la casa de Rakshasi después de haber cogido el Gallo de Oro  sin la ayuda de esta pieza de carbón que es capaz de crear una barrera de fuego una vez la hayas echado a rodar”. El Príncipe cogió el carbón y se marchó a otra ciudad.

El Rey de la otra ciudad preparó habitación para su invitado y le dió también de comer y beber de acuerdo a su rango. Cuando hubo acabado el banquete el Rey le preguntó: “¿Dónde vas?”.

El príncipe contestó lo mismo que al Rey de la primera ciudad: “Voy a entregar al Rey de mi ciudad el Gallo de Oro que está en la casa de Rakshasi”. Este Rey también se sintió satisfecho con la confidencia y le dió una piedra diciéndole: “Es imposible que escapes de la casa de Rakshasa sin la ayuda de esta piedra que hará crecer una montaña una vez la hayas echado a rodar”.

Llevando consigo tanto el carbón como la piedra que le habían dado los dos reyes, el Príncipe se marchó a otra ciudad. El Rey de la nueva ciudad también le ofreció alojamiento y un opíparo banquete, pero también le preguntó: “¿Dónde vas?”.

El príncipe contestó: “Voy a entregar el Gallo de Oro”. Este Rey también se sintió satisfecho de las explicaciones y contestó: “Sería imposible escapar de Rakshasi sin la ayuda de esta espina que se convertirá en una montaña gigante en cuanto la eches a rodar”.

Al día siguiente llegó a la casa de Rakshasi, pero la ogresa no estaba allí, sino que estaba su hija. La chica, cuando vió llegar el Príncipe y sin haberle reconocido, pregunto: “!Hermano mayor, hermano mayor, ¿dónde vas?”.

“Hermana pequeña, no voy a ningún sitio. Vine a pedirte que me entregues el Gallo de Oro que tienes escondido”. Contestó el Príncipe.

A lo que ella replicó: “Hermano mayor, hoy es imposible dártelo. Mañana puedo hacerlo. Si mi madre volviera te devoraría sólo por estar aquí; asi que ven y escóndete”.

Llamándole para que entrada dentro de la casa, le hizo meterse en un tronco muy largo que estaba debajo de otros siete troncos y allí lo encerró. Después de un rato apareció Rakshasi. Habiendo visto que el caballo del príncipe estaba fuera preguntó a su hija: “¿De quién es ese caballo?”.

Entonces la hija de Rakshasi replicó: “!De nadie!. Vino solo desde la selva y lo recogí para poder montarlo”.

La Rakshasi dijo: “Si es así, muy bien” y entró en la casa. Mientras estaba tumbada en su cama, notó un olor muy dulce y preguntó a su hija: “¿Qué es ese olor?; un olor a cuerpo humano joven viene hacia mí”.

La hija de Rakshasi contestó: “¿Por qué dices éso, madre?; constantemente estás comiendo carne fresca; ¿cómo no va a haber olor?”. Después de esa contestación la Rakshasi, tomando esas palabras por buenas, volvió a dormirse.

Al amanecer del día siguiente, tan pronto como se levantó, la Rakshasi fué a buscar carne fresca para comer. Una vez se hubo marchado la hija de Rakshasi ayudó al Príncipe a salir de su encierro en los troncos y le propuso una estratagema para que pudiera llevarse el Gallo de Oro.

“Hermano mayor, si te marchas llevándote el Gallo de Oro coge algunas cuerdas y átalas alrededor de mis hombros. Una vez las hayas atado coge el Gallo de Oro, monta en tu caballo y márchate lo más rápidamente que te sea posible. Cuando te hayas marchado empezaré a gritar. Mi madre vendrá al tercer grito. Una vez llegue se entretendrá conmigo; entonces tu podrás escapar y alejarte de aquí para siempre.”

El Príncipe hizo todo lo que le dijo la hija de Rakshasi y cogiendo el Gallo de Oro montó en el caballo y empezó a galopar, tal y como ella le había dicho, a la vez que la hija gritaba e inmediatamente apareció la Rakshasi. Una vez se dió cuenta de que su hija estaba atada y el Gallo de Oro había desaparecido preguntó: “¿Quién lo hizo?, ¿Quién lo cogió?”, y la hija contestó: “!No sé quien lo hizo!”. Acto seguido la Rakshasi desató a su hija y ambas echaron a correr detrás del Príncipe.

Al Príncipe le era imposible galopar más deprisa y ante su estupor vió que tanto la Rakshasi como su hija le perseguían con el único fin de comérselo.

Acto seguido el Príncipe echó a rodar la espina, tal y como le había recomendado el Rey de la tercera ciudad que visitó, y ante su sorpresa comprobó que de esa espina nacía una montaña. Pero ellas escalaron la montaña y siguieron con la persecución.

Después de ver que ni la Rakshasi ni su hija desistían de su empeño en capturarle, el Príncipe echó a rodar la piedra que le había dado el Rey de la segunda ciudad y la piedra creció tanto que se convirtió en otra montaña. Pero ellas escalaron también esa montaña y siguieron persiguiendo a su presa.

Al comprobar que también escalaban la segunda montaña el Príncipe echó a rodar el carbón que le había dado el Rey de la primera ciudad, y tal y como le había sido dicho comprobó que ese carbón se convertía en una muralla de fuego. Llegando ambas a la muralla de fuego e intentar  saltarla fueron alcanzadas por las llamas y murieron calcinadas al instante.

Entonces el Príncipe siguió el camino de vuelta hasta que llegó al árbol “Indi” (de los deseos) donde había depositado la hoja, con el deseo escrito en ella, cubierta del arroz que ya estaba seco y que se dispuso a comer sin demora. Al acabar de comer el arroz la persona que se había convertido en Príncipe volvió a convertirse en una rana. A causa del dolor de todo lo que le había pasado la rana cayó muerta en la base del árbol “Indi”.

Maria de Gracia

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bibliografía:

H. Parker, “Village Folk Tales of Ceylon” (1910), v. 1, pp. 59-62. University of California.

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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