Supersticiones y tradiciones

“Y me llevó hasta la entrada de la puerta de la Casa del Señor, que estaba hacia el norte, y ví que allí había unas mujeres sentadas que lloraban por Tammuz, y me dijo:” ¿Has visto esto, hijo de hombre?. Vuelve otra vez y verás abominaciones más grandes todavía.”” (Ezequiel 8: 14-15).

Está demostrado que la naturaleza humana siempre ha considerado como parte de su propia esencia todo tipo de supersticiones, ya que enseguida fueron incluídas en sus rituales entre los pueblos de la antigüedad, para después convertirse en tradiciones, y por formar parte del área emocional del ser humano, éstas han sobrevivido a través de los siglos, primero entre las religiones paganas, luego entre los primeros cristianos, y hasta nuestros días, aunque todas, y cada una de ellas, adaptándose a cada costumbre, o mitología, popular de cada pueblo, especialmente en los países del Mediterráneo, pero también en el cercano y lejano Oriente.

Orígenes del luto, o duelo

Las primeras noticias que se tienen hasta el momento sobre las supersticiones están reflejadas en unas tablillas sumerias de arcilla encontradas en el año 1.960 en las excavaciones de la cuna de la humanidad, Mesopotamia, conocidas como “Nipur (NI 4486)”, y en ellas se explican los orígenes del luto, o duelo, y el color negro en sus vestimentas que debían usar los habitantes de la antigua Babilonia, y Egipto, cuando los astrólogos babilonios consideraron que la disminución de las horas de luz era el inicio de la ausencia del calor del verano, y establecieron un duelo, o luto, de seis dias, en memoria del dios Tammuz. Este dios sumerio estaba considerado como el de la vida, de la muerte y del renacer cada año, el cual, según la mitología, Tammuz, o Dumuzi, era bajado en esas fechas al inframundo para asegurarse de la liberación de la diosa Innana, y el dios “moría” durante seis meses al año, y después volvía a la tierra otros seis meses, y era considerado como un renacimiento. Pero cuando los astrólogos babilonios establecieron que había fallecido Tammuz, o Dumuzi, y antes de que éste descendiera junto con la luz, y el calor, del sol, al inframundo, los magos caldeos practicaban una serie de rituales denominados: “de duelo”, o “de luto”, y el dios era llorado por todo el pueblo. Estas “celebraciones” del “luto, o duelo” eran muy comunes en la zona de Harrán y Biblos, entre otras ciudades menos pobladas en los pueblos del Mediterráneo.

Relieve en alabastro de Ashur, año 1.500 aC. – Boda de Innana y Dumuzi – Staatliche Museen – Berlín

En cuneiforme podemos leer en las tablillas Nipur NI 4486 lo siguiente:

“Ella puede lamentarse por ti, mi dios Dummuzi, el lamento es por ti.

El lamento, los lamentos llegan desde el desierto.

Ella puede hacer que llegue el mal.

Ella puede hacer llegar a Dul.

Ella puede llevar al país al pastoreo, gracias a Dummuzi.

Ella solloza, con los ojos siempre bondadosos.

Ella llora por su señor, y marido, Dummuzi.

Y solloza, y se ahoga en lágrimas por él……”

La mitología indica que en la antigua Babilonia, el mes de Tammuz fue establecido en honor del dios epónimo Tammuz, que era considerado un dios del verano con forma de carnero, llamado Dumuzid, o Dumuzi, y era consorte de la diosa sumeria Innana, cuyo nombre en lengua acadia era Ishtar. El dios Adonis era considerado entre los griegos como el equivalente, e hijo, de Tammuz, de origen sumerio.

Tammuz en la Biblia hebrea

Estas ceremonias de duelo, y luto, por el dios enviado al mundo de los muertos, fueron observadas en la puerta del Templo de Jerusalén en una visión que el profeta israelita Ezequiel plasmó en sus escritos, y sirve como una profecía bíblica sobre los falsos ídolos, y expresa los mensajes del Señor a su pueblo:

“Y me llevó hasta la entrada de la puerta de la Casa del Señor, que estaba hacia el norte, y ví que allí había unas mujeres sentadas que lloraban por Tammuz, y me dijo:” ¿Has visto esto, hijo de hombre?. Volved otra vez y verás abominaciones más grandes todavía que éstas. “” (Ezequiel 8: 14-15).

Es muy posible que entre otros judíos el culto a Tammuz no fuera considerado compatible con el Yahwismo. El testimonio de Ezequiel es la única mención directa de Tammuz en la Biblia hebrea, aunque hay más referencias escritas sobre Tammuz en los libros de los profetas Isaías y Daniel.

Duelos griegos y romanos  – siglo II AD – Museo Nacional de Atenas

En Egipto, Grecia y Roma, la forma de demostrar el luto, o el duelo,  tanto los hombres como las mujeres, era la de cortarse el pelo, pero después llevar pelucas para hacer vida social. Así como las monjas sacrifican su pelo, y se lo cortan antes de entrar en la orden, porque se consideraba al pelo como símbolo de vanidad, esta misma costumbre, hace algunos siglos, era seguida por las viudas, y para hacer vida social se cubrían las cabezas con un gorro, o sombrero negro. Aunque también la forma de mostrar el duelo, además del corte de pelo y del gorro, o sombrero, negro distinto a todos los demás, la tradición decía que había que usar puñetas, o puños, blancos, que se ponían encima de las mangas de la ropa.

El uso del color negro para demostrar el duelo, o luto, por el fallecimiento de alguien, empieza a usarse en Occidente de forma diversa sin seguir una pauta general, pero siempre de acuerdo a las supersticiones, o tradiciones, de cada pueblo. El color negro en la ropa empezó a usarse debido al temor, muy arraigado entre la gente, por el regreso de los muertos, y a la creencia, tradición, o superstición, de que los muertos no podían ver a los vivos si sus ropas eran de colores oscuros, o negros, y su invisibilidad les impedía ser molestados, o increpados, por los espíritus que vagaban por la tierra. Pero, aunque esa costumbre no estaba muy extendida por Occidente, ni por el área del mediterráneo, en otras culturas se consideraba al color negro como el de la noche, y la ausencia de color en la ropa era la que indicaba que quien lo llevaba se trataba de una persona abandonada a su pena, y su dolor, lo cual ponía en alerta a los vivos a la hora de acercarse a ella con el fin de no perturbar su penitencia, o su desgracia.

Máscara funeraria – cultura Nazca – Perú, siglos I-VII

Pero, sin embargo, al mismo tiempo empezaron a usar algunos hombres una cinta negra que rodeaba el casquete de sus sombreros como muestra de luto por algún fallecimiento, y que colgaba por la parte de atrás hasta tocar sus espaldas. Y si se trataba del fallecimiento de una chica joven, o virgen, o de un niño, la cinta del sombrero, en vez de ser negra sería blanca como símbolo de pureza.

En algunos países europeos empezaron a ponerse de moda los abrigos negros largos en los hombres para los duelos, y lutos, y unos somberos con formas diferentes a los habituales de todos los días, y las mujeres llevaban cubiertas las cabezas, y el cuello, con sombreros negros, y velos que cubrían totalmente sus caras, en la creencia de que el espíritu del muerto no la reconociera porque el color negro era la ausencia de color, y así no sería vista por las almas errantes, según las tradiciones y diferentes supersticiones.

Sin embargo, no en todos los países europeos se consideraba al color negro como el de las viudas, o viudos, porque en Inglaterra en los tiempos de la reina María Estuardo (1.542-1.567), ella puso de moda el color blanco cuando falleció su marido, así como hacían, y siguen haciendo, en los países orientales, y árabes, pero que también se hacía en los tiempos de la antigua Roma, costumbre que esta reina puso de moda en su momento.

María Estuardo – Reina de Escocia

Las capas negras de luto empezaron a usarse en el año 1.695 en Europa con el fin de cubrir totalmente la ropa de los parientes del fallecido, y evitar, con ese color, que el espíritu del muerto les visitara, o les encontrara, pero no se usaba de forma generalizada ya que en ese tiempo las ropas de color negro estaban asociadas a los pobres, y a partir de esos años ya empezaron a distinguirse a los enlutados de los pobres debido a la calidad, y el corte, de los paños con que estaban hechas.

Hay otra tradición con respecto al significado de los velos negros, y es que se usaban con el propósito de cubrir las caras de los parientes más cercanos, y de evitar que el espíritu del fallecido los reconociera y quisiera llevárselos con él. Dicen que algunos espíritus, incluso cuando se trata de gente querida, se muestran hostiles con los vivos.

Algunos pueblos africanos se pintan la cara en los funerales por esta razón. El velo blanco que usan las novias en sus bodas tiene origen bíblico y se estableció con el fin de que el novio comprobara si esa novia con quien se casaba era la suya, y no otra, pero en otras tradiciones se cree que el velo que cubre la cara de las novias tiene una función protectora, ya que esconde a la novia de los espíritus malignos, o de las hadas maléficas, o de cualquier maldición, como mal de ojo, hasta que el ritual de la boda se hubiera realizado con éxito, y entonces ya no necesitaría esa protección, y el novio podría levantar el velo de la cara de su esposa.

Grabado del siglo XVIII – Viuda vestida con una toga pulla (de luto) negra o de color oscuro, y portando una palma, sentada sobre la tumba de su esposo  – Imperio Romano

Los colores azules oscuros y violetas son usados en la zona de Turquía y están relacionados con la muerte de los niños. De color violeta, o púrpura, era el manto con el que envolvieron los soldados romanos el cuerpo muerto de Jesucristo, color que fue adoptado después por la iglesia cristiana como signo de penitencia, pero también de luto, y con el que tapan los cuadros, y adornos en las iglesias durante la Semana Santa.

El color usado para expresar el luto en algunos pueblos de la antigüedad era el amarillo, el más común, y era muy usado por los egipcios. El nativo africano pintaba su cuerpo de color oscuro como símbolo de luto, y los indios lo pintaban de blanco, o de negro, en otras áreas de Oriente. El color de luto en la antigua Persia era el amarillo, o marrón, como las hojas marchitas de los árboles.

Máscaras funerarias romanas –  Siglo II

Algunas supersticiones, muy antiguas también, y que luego se llevaron al Nuevo Mundo por los navegantes europeos, decían que había que hacer una ofrenda de comida, y bebida, al fallecido que ya había sido enterrado en el cementerio, o de lo contrario, la tradición decía que de no hacerlo induciría al alma del difunto a vagar de nuevo por los lugares donde había vivido, algo que todos trataban de evitar. En China, y otros pueblos de Oriente, la creencia popular mantiene que los muertos tienen dos almas, y que una de ellas permanece en la tumba para recibir las ofrendas de los vivos, y que el alma, si no se alimentaba, moriría también, y si no era alimentada, iría a reclamar su ración de comida a los vivos, algo que todos trataban también de evitar.

Las supersticiones, y tradiciones, mas antiguas entre el pueblo judío son que los funerales debían ser muy austeros, y solo se ofrecía a los fallecidos unos huevos duros con un poco de sal, y que simbolizan, el huevo como regeneración, y la sal como antiguo símbolo de la incorruptibilidad del alma, pero también se han encontrado estas tradiciones en las tumbas de los primeros cristianos, y aún todavía se sigue manteniendo esta misma tradición entre algunas comunidades cristianas europeas.

Máscara funeraria de Agamenón, (1.600 a.C.)- National Archaeological Museum, Atenas

En la antigua Roma los ciudadanos tenían la costumbre de adornar el féretro, o carruaje fúnebre, con todo tipo de atrezzos usados en los teatros, con el propósito de evitar que volviera el espíritu del fallecido, a vengarse seguramente, y también pensaban que poniendo una máscara de cera sobre la cara del difunto, ésta impediría que su alma vagara por la tierra y fuera a pedir cuentas a los vivos.

Hay una tradición muy antigua en el norte de España, cuyos orígenes podrían mezclarse con las mitologías pre-cristianas, sobre la procesión que llevan a cabo un grupo de ánimas que aparecen antes de que ocurra un nuevo fallecimiento, y se la conoce como la Santa Compaña (o Estantigua), y se trata de un fantástico desfile de espíritus que transcurre desde las doce de la noche, hasta el amanecer, por la zona de las parroquias, o pueblos, con el propósito de visitar, o advertir, a todas aquellas casas en las que en breve tiempo habrá algún fallecimiento.

Procesión de las Ánimas – Muros, Galicia – España

Aunque el aspecto del grupo de la Santa Compaña varía mucho dependiendo de la provincia por la que pase, el más extendido es el de una comitiva de almas en pena vestidas con túnicas negras y con capucha, que vagan en silencio durante toda la noche. Esta procesión está formada por dos hileras de espíritus envueltos en sudarios y descalzos. Cada una de las ánimas lleva una vela encendida, o una antorcha, y a su paso deja un olor a cera en el aire. Abriendo el paso a esta procesión se encuentra el espectro mayor.

La Santa Compaña – Mitología del Norte de España

Pero también dicen que va encabezada por alguien vivo portando una cruz, y un caldero con agua bendita, y que es seguido por las ánimas siempre visibles, notándose su presencia por el olor a cera derretida que van dejando, y que el viento esparce por toda la zona.

Campanillas, y campanas llorando

Funeral medieval de Edward el Confesor en el tapiz de Bayeux – Libro de las Horas – Dos pajes debajo del féretro hacen sonar campanillas para avisar a los viandantes que se acerca un féretro.

“La campana que pasa”, se refiere al heraldo de la muerte, pero la costumbre de hacerla sonar apenas se hace ya en Occidente. Antiguamente el objetivo de hacer sonar las campanas, y campanillas, era para llamar la atención sobre el hecho de que estaba pasando un alma al otro mundo, y se pedían las oraciones para ayudarla a encontrar su destino final. Pero en otros países, la tradición, o superstición, indicaba que el sonido de las campanas asustaba a los espíritus malignos siempre presentes, ya que estaban a la espera de que alguien falleciera para llevarse su alma. Sin embargo, otra tradición dice que era una práctica común hacer sonar las campanas de las iglesias cuando se desataba una tormenta eléctrica porque se creía que los espíritus malignos que estaban en el aire temían el tañido de las campanas, por eso las hacían sonar repetidamente cuando empezaba a tronar con el fin de que el demonio, y sus espíritus maléficos, huyeran, y de paso también se llevaran consigo a la tempestad.

Máscara funeraria persa – Siglo III aC. – Museo Británico

Máscara funeraria egipcia  – (año 100 aC.)

Y entre el tañido de las campanas para anunciar las misas, o sermones, o espantar a los espíritus malignos, en las iglesias cristianas había una campana especial que tenía un sonido más lúgubre, y triste, conocida como la campana del alma, y que se tocaba solamente cuando había ocurrido algún fallecimiento. El sonido casi apagado, y profundo, que emite esta campana todavía puede oirse en algunas iglesias, y se distingue del resto de ellas con facilidad. La tradición indica que cuando esta campana tocaba dos veces, indicaba que habia fallecido una mujer, y si sonaba tres veces, había fallecido un hombre, y luego después de una pausa, se oía un nuevo tañido por cada año correspondiente a la edad de la persona fallecida. Hoy en día todavía se puede oir el sonido que emite esta campana, pero rara vez se escucha hasta que el féretro no haya entrado en la iglesia. Y a medida que va disminuyendo el lúgubre y apagado tañido, significa que el cuerpo ya ha sido instalado en el recinto sagrado.

Este tipo de lenguaje usado con el tañer de las campanas era muy popular en el pasado, aunque hoy en día todavía se sigue practicando en pequeños núcleos de población porque es una manera sencilla, y directa, de comunicar a los demás lo que ocurre en su parroquia, o pueblo, o aldea. Dependiendo de cómo sonaran las campanas, cuantas, dependía si se trataba de un bautizo, una boda, una comunión, o un entierro, o aniversarios, o funerales, o simplemente para avisar que se acercaba la hora del rosario, o de la novena, o para orar por el alma del difunto. Esta tradición viene de la antigua Roma cuando los romanos hacían uso de campanas para anunciar fallecimientos, y entierros, ya que delante del féretro, o carruaje fúnebre, iba un esclavo haciendo sonar una pequeña campana, o dos, para avisar que seguidamente pasaría un cortejo funerario.

“Libro de las Horas” – Carnero haciendo sonar campanillas en el entierro de Renard de Fox – Manuscrito- Siglo XVI

Cuando había un fallecimiento las cortinas de las casas se quitaban, y se cerraban las contraventanas para que no entrara la luz y pudiera descansar el alma del fallecido. Se paraban todos los relojes en el momento exacto de su fallecimiento. Se cubrían los espejos con telas de crêpe, o terciopelo negro, o de color oscuro, con el fin de evitar que el espíritu del difunto quedara atrapado en ellos. Se colgaba en la aldaba de la puerta una guirnalda hecha con hojas de laurel, o tejo, atada con cintas negras para alertar a los viandantes que había tenido lugar un fallecimiento. Y se hacía un vigilia contínua de tres o cuatro días para asegurarse de que el fallecido no iba a “despertar”, y entonces podían darle sepultura, así como para dar tiempo a sus parientes a llegar a la ciudad y despedirse de él.

El uso de flores y velas, era únicamente para enmascarar los olores desagradables en la habitación. En otros países se sacaba al fallecido fuera de la casa con el fin de evitar que el espíritu volviera a ella, e hiciera señales a otro miembro de la familia para que lo siguiera. Las fotografías de la familia del fallecido eran vueltas boca abajo para evitar que nadie fuera poseído por el espíritu de los muertos.

En muchos cementerios la mayoría de tumbas están orientadas de manera que los cuerpos tengan la cabeza mirando hacia el Oeste y los pies hacia el Este. Esta tradición es muy antigua y parece que tiene su origen en los adoradores paganos al Sol, pero también se cree que tiene orígenes en los primeros cristianos ya que estaban convencidos de que el Juicio Final vendrá de Oriente.

Los papeles personales y pañuelos deberían llevar una cinta negra que indicaba muerte reciente. Si el difunto había vivido una buena vida, crecerían muchas flores alrededor de su tumba, pero si había sido un malvado, crecerían solamente las malas hierbas.

“Libro de las Horas” – Entierro de Edward el Confesor – Siglo XVI (Tapiz de Bayeux)

Si ocurrieran varios fallecimientos en la misma familia, había que atar una cinta negra a todo ser vivo que entrara en la casa para protegerle de los espíritus de los muertos, y que no se los llevaran con ellos también, incluso si se trataba de perros, o gatos, o pollos. Esta cinta negra protegería contra la muerte a todos, y el poder protector de la misma se extendería por muchos kilómetros a la redonda.

No había que usar nada nuevo en un funeral, así el espíritu no se fijaba en ello, especialmente zapatos.

En los tiempos de los romanos las mujeres se pintaban los labios de color rojo porque la superstición decía que cuando bostezaban podía meterse en sus bocas algún espíritu maligno, y el color rojo les espantaba, pero también creían conveniente taparse la boca, así les impedirían el paso, y no podrían entrar nunca en su cuerpo.

La superstición dice que da muy mala suerte reunirse en una procesión fúnebre. Si esto ocurre, hay que mantenerse apartado hasta que pase el cortejo.
 
Cuando llueven gotas de lluvia muy gruesas, indica que ha habido un fallecimiento

Si llueve durante un cortejo fúnebre, y un entierro, eso significa que el difunto irá directamente al cielo.

Si se escucha un trueno después de un entierro, significa que el alma del difunto ya ha llegado al cielo.

Si se escuchan tres golpes, y no hay nadie a la vista, entonces se interpreta como que alguien muy cercano a ti ha fallecido.

Si prestas algo a alguien y éste fallece, entonces acabará por devolvértelo.

“La Santa Compaña” – cuadro de Pablo Cruz Gastelumendi – (Perú, 1.974)

Si ves el resplandor de un rayo cerca, indica que alguien morirá pronto.

Si huele a rosas cuando no hay rosales cerca, eso significa que alguien va a fallecer.

Si se derrama algo de sal, echa una pizca de la sal derramaba sobre tu hombro derecho para prevenir la mala suerte.

Nunca hables mal de los muertos porque su espíritu volverá a pedirte explicaciones.

Dejar caer un paraguas en el suelo, o abrir uno dentro de casa, significa que pronto habrá un asesinato en la misma.

Si un perro aulla por la noche cuando hay alguien enfermo, es un mal presagio porque indica que el enfermo podría empeorar.

Inmediatamente después de un fallecimiento hay que abrir la ventana más cercana al fallecido, o la puerta, con el fin de dejar salir a su espíritu.

En muchos cementerios la mayoría de tumbas están orientadas de manera que los cuerpos tengan la cabeza mirando hacia el Oeste y los pies hacia el Este. Esta tradición es muy antigua y parece que tiene su origen en los adoradores paganos al Sol, pero también se cree que tiene orígenes en los primeros cristianos ya que estaban convencidos de que el Juicio Final vendrá de Oriente.

Las hileras de cipreses y tejos

Hay algunas teorías sobre la práctica antigua de plantar cipreses y/o tejos señalando el camino de los cementerios. En Oriente los cipreses son considerados como árboles que dan la bienvenida a los visitantes, y en Occidente están asociados a los cementerios, o a las iglesias. Algunas de estas tradiciones se atribuyen a antiguos ritos funerarios del tiempo de los romanos, e incluso de los griegos. Unos historiadores, o cronistas de la época, dicen que se plantaban con el fin de mantener al viento fuera de la iglesia, o del templo. Otros decían que la madera del tejo, muy venenosa, era la mejor para fabricar arcos y flechas, y además que el color verde intenso del árbol simbolizaba la resurrección. Otros mantienen que los tejos, muy sombríos, se utilizaban con razón para decorar un sitio tan lúgubre y sombrío como los cementerios. Estas tradiciones, o supersticiones, son de origen romano y se extendieron por toda Euorpa con la invasión por imperio, puesto que entoncese ellos plantaban tejos, o cipreses indistintamente, alrededor de sus templos, pero también en el camino hacia sus cementerios, y dentro de esos recintos.

El ciprés es un árbol muy longevo, de hoja perenne, con forma estilizada y espiritual, y que con su follaje siempre verde, junto con la incorruptibilidad de la madera, ha hecho que desde la antigüedad se le haya considerado por muchos pueblos paganos, y cristianos, como símbolo de la inmortalidad. Pero también estaba, y sigue estando, asociado a la resurrección de los muertos, por eso los caminos que llevan hasta los cementerios estaban poblados por estos árboles, así como alrededor de los templos paganos.

El tejo es otro de los árboles que siempre ha estado considerado como sagrado para los druidas celtas ya que significaba la vida y la muerte, además de la eternidad. Los druidas fabricaban con su madera los báculos, y varitas mágicas, y practicaban ceremonias con ellos protegidos por su denso follaje, e incluso llegaban a elaborar ponzoñas con su veneno, ya que es un árbol muy venenoso en el interior de su hueco tronco. Pero así como los tejos eran considerados sagrados por los druidas, y las mitologías paganas, también lo eran para las brujas y magos, porque celebraban sus reuniones, o aquelarres, en los sitios poblados de estos árboles. Este árbol puede llegar a vivir dos mil años y alcanzar veinte metros de altura. Los primeros cristianos, que seguían manteniendo vivas muchas supersticiones, y tradiciones, paganas, con el fin de atraer a los demás a la nueva iglesia, adoptaron también a este árbol como símbolo de la eternidad del alma, y era muy común ver estos árboles plantados en los lugares sagrados junto con los cipreses, así como en cementerios e iglesias.

En la antigua Grecia, y Roma, se usaban ramas de ciprés, o de tejo, en forma de corona colgados en las puertas, para anunciar que en esa casa había un duelo. Y como la Muerte era una diosa, hija de Hypnos (Sueño) y Nyx (Noche, ambos dioses estaban representados en esos dos árboles. Entre los pueblos antiguos la pira funeraria estaba compuesta por ramas de tejo y ciprés, así como de todo tipo de ramas de árboles muy verdes porque el color simbolizaba la resurrección.

Bautizo de barcos

Esta tradición es muy antigua también, y la primera noticia que se tiene de ella es entre los griegos, y romanos, cuando un sacerdote, o mago, con una antorcha encendida,  estrellaba un huevo, y azufre, contra el casco del buque, y en medio de los gritos de aclamación de los futuros marineros, y guerreros, el mago hacía sus rogativas al dios del mar para que protegiera al barco, y a todos los que navegaran en él. Todos los barcos que cruzaban el Mediterráneo en esos tiempos llevaban un masacarón de proa, o un escudo, con la efigie de alguno de sus dioses, a cuyo nombre se hacía la rogativa.

María de Gracia

https://www.lecturatarot.com/blog/

https://www.lecturatarot.com/

www.mariadegracia.net/

www.lectura-tarot.com/

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Bibliografía:

http://pcgastelumendi.wix.com/portafolio

http://www.bellringing.org/history/

-“The esoteric codex: Mesopotamiam Deities” – T. Kynard

 -“Hydriotaphia Urne-buriall” – Sir Thomas Browne

– “Hécuba, 191-192″ – Eurípides

– “Eneida, XI, 31″ – Virgilio

– “Tristia, III:13-21″ – Publio Ovidio Nasón

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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