Yeh-Shen, la Cenicienta china

(Yeh-Shen fué escrito en el año 850 A.D. en China)

Durante las dinastías Ch’in y Han, el jefe de la aldea, llamado Wu, se unió en matrimonio con dos esposas y cada una de ellas dió a luz una niña. Pero ocurrió que el Jefe Wu y una de sus esposas murieran dejando sola a la niña, Yeh-Shen, que tendría que ser criada por su madrastra.

A la madrastra no le gustaba nada Yeh-Shen puesto que era mucho más bonita y graciosa que su propia hija, y por eso mismo la trataba de una forma bastante deplorable. A Yeh-Shen le daban los peores trabajos y el único amigo que tenía era un hermoso pez con ojos dorados. Cada día el pez saltaba fuera del agua y se quedaba en la orilla del río para que Yeh-Shen le diera su ración de comida. Pero Yeh-Shen tenía muy poca comida para ella, aunque estaba dispuesta a compartirla con su amigo el pez.

Cuando la madrastra tuvo noticia del pez se disfrazó como Yeh-Shen y llamó al pez para que saliera fuera del agua. Cuando estuvo fuera del agua lo atravesó con una daga y lo cocinó para cenar. Yeh-Shen estaba consternada cuando se enteró de la muerte del pez. Empezó a llorar y sólo dejó de hacerlo cuando oyó la voz de un sabio viejo que llevaba la ropa más vulgar que había visto nunca y el pelo le llegaba hasta los hombros. Le dijo a ella que las espinas del pescado estaban rellenas con la magia de los espíritus y que cuando ella quisiera pedir algún deseo, se arrodillara ante las espinas y les contara lo que deseaba en ese momento, con todas sus fuerzas y desde lo más profundo de su corazón.

El viejo le hizo la advertencia de que bajo ningún concepto debería despreciar los regalos que iba a recibir en adelante. Yeh-Shen recuperó las espinas del pescado del cubo de la basura y las escondió en un sitio seguro. El tiempo pasó y el festival de primavera se acercaba. Era la época en que la gente joven se reunía en la aldea con el fin de conocerse unos a otros para encontrar esposas y maridos. Yeh-Shen no podría asistir al festival porque su madrastra no se lo permitiría, porque como ella era más bonita que ninguna otra seguramente encontraría esposo antes que su hermanastra. La madrastra y su hija salieron para el festival dejando a Yeh-Shen sola. Yeh-Shen fué corriendo a preguntarle a las cenizas del pez dónde estaban escondidas sus ropas para poder vestirse e ir al festival.

De repente, una capa azul celeste cubrió su cuerpo y aparecieron unas hermosas plumas del pájaro martín pescador drapeadas sobre sus hombros. En sus pies aparecieron hermosas zapatillas tejidas con hilo de oro con el dibujo pequeñito de un pez y con las suelas de oro macizo.

Cuando empezó a caminar se sentía tan ligera como una pluma. Estaba pendiente de no perder por nada del mundo las zapatillas. Yeh-Shen llegó al festival y tan pronto como apareció todos se quedaron mirándola. La hija y su madre fueron corriendo hacia ella para asegurarse de que era la misma persona que habían dejado en la casa.

El verse descubierta, Yeh-Shen echó a correr y en su carrera desenfrenada perdió una de las zapatillas de oro. Cuando llegó a casa la ropa que llevaba desapareció y volvieron a aparecer sobre su cuerpo los harapos que había llevado siempre. Suplicó a las espinas, pero las espinas permanecieron en silencio y nada se movió. Entristecida guardó la única zapatilla de oro que le quedaba debajo de su cama de paja. Unos días después un vendedor ambulante encontró la zapatilla perdida y dándose cuenta del valor de la pieza se la vendió a otro vendedor ambulante que luego se la regaló al rey de la isla del reino de T’o Han. Desde entonces el rey se empeñó en buscar a la dueña de esa hermosa zapatilla. Envió a su gente a buscar a la dueña por todo el reino, pero ningún pie cabía en la zapatilla.

Harto de enviar a sus hombres por todo el reino sin resultados, puso la zapatilla en un pabellón apartea la vista de todos con un gran cartel que decía que esa zapatilla sería devuelta su dueña. Los hombres del rey vigilaban a todo el que pasaba por el pabellón y miraban la zapatilla. Todas las mujeres del reino fueron a probarse la zapatilla, pero no le valía a ninguna.

Una oscura noche, Yeh-Shen entró en el pabellón a ver la zapatilla, la cogió en su mano y volvió a dejarla en su sitio, pero los hombres del Rey la vieron e inmeditamente fué arrestada. La llevaron en presencia del rey que estaba muy enfadado puesto que no entendía cómo una muchacha harapienta como ella podría haber soñado alguna vez el poseer semejante zapatilla de oro. En cuanto más se acercaba a ella, más hermosa le parecía su cara y se dió cuenta de que sus pies era increíblemente pequeños. El rey y sus hombres la llevaron de vuelta a su casa y pudieron ver la otra zapatilla escondida en su cama de paja. En cuanto ella se puso las dos zapatillas sus harapos se convirtieron en una hermosa capa azul con plumas de martín pescador drapeadas en los hombros. El rey decidió que ella sería la elegida como esposa. Se casaron y vivieron muy felices para siempre, aunque la madrastra y la hija nunca fueron invitadas a palacio y fueron obligadas a continuar viviendo en su choza hasta el día en ambas que fueron atravesadas por una espada.

(Yeh-Shen fué escrito en el año 850 A.D. en China)

María de Gracia

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Bibliografía:

“Favourite Folktales of China”, traducido por John Mindford.

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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4 respuestas a Yeh-Shen, la Cenicienta china

  1. Luz dijo:

    Hola que fantastico relato. felicitaciones por tu pagina.

  2. laila dijo:

    que bonita historia me gusto mucho

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