Acultomancia (adivinación con agujas)

“Entonces Saúl dijo a sus siervos: Buscadme una mujer que sea médium para ir a consultarla. Y sus siervos le dijeron: He aquí, hay una mujer en Endor que es médium.”. (Samuel, 28:7)

La “acutomancia”, o “acultomancia” (del griego “aikhmē”, “punta de lanza”, y “manteia”, adivinación), y posteriormente la palabra derivada del latín: “acûleus”, que significa: “aguja”, es uno de los mas antiguos métodos de adivinación que se conocen, además de una forma de responder a las preguntas de los consultantes. Este arte de adivinación es muy amplio a la hora de utilizar todo tipo de objetos puntiagudos, y que van desde las agujas de los pinos, o de coser ropa, o para sujetar sombreros, o prendas, hasta tenedores, cuchillos, clavos, y piezas de madera muy afiladas. Las interpretaciones que se hacen con estos objetos han variado muy poco con el paso de los años y se mantienen hoy en día las bases en las que se sustentan las interpretaciones, incluso si se trata de países diferentes en Oriente y Occidente.

La “acutomancia” se puede practicar tanto en agua, como en tierra, y en superficies planas con base de arena, sal, azúcar, harina, o polvos de talco, y también sobre un paño en una mesa, o tabla. Los instrumentos que se utilicen para la adivinación son variados, pero el significado de cada interpretación es igual a otro en líneas generales, ya que varían las agujas, u objetos punzantes, que se usen, pero no su significado tradicional que es interpretado por parte del adivino, o mago.

El uso de este antiguo método de adivinación estaba muy arraigado entre los pueblos nómadas, como eran los romanís (gitanos), que viajaban de Oriente a Occidente, y lo extendían entre los diferentes países hasta llegar a Europa. El método mas antiguo, y documentado en libros de costumbres, y tradiciones, era el de usar una punta de lanza de metal (sin el mango de madera), y sobre una superficie plana, o el suelo, se hacía girar esa punta de lanza, y dependiendo de si se paraba señalando al norte, sur, este u oeste, se hacía una predicción u otra. Las referencias que se tienen sobre estos sistemas de adivinación aparecen nuevamente en algunos textos de la Edad Media, cuando los intérpretes, o magos, usando alfileres, y objetos punzantes, se hicieron muy populares en toda Europa.

Agujas de oro para sujetar ropa, o pelo, del año 560 a.C. de Tesalónica (Museo Arqueológico, Grecia)

Métodos de adivinación

El método mas extendido a la hora de interpretar las agujas en el arte de la adivinación, es utilizar un número de siete, o trece, y en este último caso diez de ellas tendrían que ser rectas, y tres tendrían que estar dobladas. Y una vez decidido el número de agujas a usar, el intérprete las tomará entre sus manos y las agitará, repitiendo en voz alta la pregunta del consultante, o cual será su futuro. Y una vez hecho el ritual, el mago dejará caer las agujas sobre la superficie plana, ya preparada, o sobre el agua, e interpretar las formas que éstas hayan adoptado.

Se pueden usar siete agujas, u objetos punzantes, hasta veintiuno tanto si se trata de cuencos con agua, o estanques donde el agua no fluya, hasta superficies planas y sin rugosidades, pero cubiertas con alguno de los polvos, o arena, que prefiera al intérprete. En esta variación del método original se pueden usar un número determinado de agujas rectas, o dobladas, y algunos adivinos usaban una combinación sin especificar cuales eran unas y otras.

Agujas escandinavas (vikingos) Años: 793-1100 de nuestra era

Las interpretaciones se hacen de acuerdo al número de agujas, u objetos punzantes, que se usen para hacer esa lectura, así como la forma que adoptan al caer sobre el agua o la superficie preparada con anterioridad. Las agujas pueden formar una figura rota, o caer en paralelo, en vertical, u horizontal. Las líneas discontinuas se interpretan como viajes, o empezar algo nuevo. Las agujas que caen en paralelo, y dependiendo de si éste tiene forma regular, o irregular, se interpretan como dinero que está por venir, ya sea recibido, o entregado. Las agujas que han caído en vertical con otra, se interpretan como los caminos que hay que tomar, y si éstas forman líneas horizontales, encontraremos la respuesta al destino del consultante, o a la pregunta que habría hecho.

Un método muy popular es marcar los alfileres, u objetos punzantes, con símbolos místicos, o criptogramas, y una vez que se ha seguido el ritual de agitar las agujas entre las dos manos, se arrojan sobre el agua, o una superficie plana debidamente acondicionada para una buena lectura, y se van interpretando los símbolos siguiendo el orden en que han caído sobre la tabla, o el agua, empezando por la derecha del intérprete y siguiendo hacia su izquierda.

Alfileres antiguos para sujetar sombreros y mantillas

La tabla mas popular que tenemos sobre el significado de cada aguja a la hora de hacer una interpretación es como sigue:

1Amor

2 – Dinero

3-  Talento

4 – Aflicción, duelo

5 – Peligro

6 – Riña, pelea

7 – Cárcel, prisión

8 – Compromiso

9 – Honradez

10 – Violencia

11 – Alegría

12 – Recibir noticias

13 – Enfermedad

14 – Boda

15 – Nacimiento

16 – Fuerza, resistencia

17 – Placer

18 – Encuentro

19 – Reunión, entrevista

20 – Éxito

21 – Separar, dispersar

22 – Buena salud

23 – Vanidad

24 – Camino a seguir

Otros método de adivinación muy populares son como sigue:

Se colocan veinticuatro agujas en un plato hondo, o cuenco. Se vierte agua sobre el plato hasta que flotan las agujas. Si alguna de las agujas se cruza. El futuro se ve mal. Sin embargo, si no se cruzan, el futuro del consultante será positivo.

Se reza, o recita, un ritual, y en un cuenco de agua se arrojan dos alfileres, u objetos punzantes, dirigidos hacia el borde del cuenco. Si las agujas cuando caen en el agua se quedan en el sitio, o si han caído en el centro, y se apartaban por si solas hacia el borde, se interpretaba como positivo a la pregunta que había hecho el consultante. Si al caer las dos agujas en el agua, la del lado izquierdo (del intérprete) se dirige por si sola hacia la aguja que había caído a la derecha del mago, esto se interpretaba como noticias negativas para el consultante, o que no conseguiría lo que tenía en mente. Y si estaba enfermo, entonces se interpretaba como que no podría curar su enfermedad.

Para preguntas simples de respuestas “si”, o “no”. El agua que debe usarse para hacer una buena interpretación debe de ser lo mas pura posible, y sería preferible que saliera de un manantial, o fuente. Dentro de ese agua, el intérprete llevaría a cabo su ritual, y el consultante haría una pregunta. El adivino arrojaría una aguja de pino al agua del cuento, y con los dedos de la mano derecha la hundiría hasta el fondo. Después retiraría la mano y esperaría a que la aguja subiera por sí misma hasta la superficie. Y tendremos que observar con atención la trayectoria que sigue la aguja. Si ésta flota mucho rato, la pregunta del consultante sería positiva (si), pero si la aguja se hunde por si sola enseguida, o no sube a la superficie por si misma, la respuesta al consultante sería negativa (no).

Hay una tradición muy antigua que todavía mantienen algunas mujeres solteras, y es  echar agujas de sus sombreros, o de su ropa, en los pozos con agua, y si éstas flotaban y no se hundían, lo interpretaban como que muy pronto iban a contraer matrimonio. Y si las agujas se hundían, entonces entendían que no eran queridas por ningún hombre y que de momento no iban a casarse.

María de Gracia

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Bibliografía:

-Davila, Juliana (2004). “Fortune Telling From A-Z

-The Encyclopedia of the Occult”. C. Walker (1966)

-“The Encyclopedia of Witchcraft in the Western Tradition”

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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