El Libro de las Horas

“Para cada cosa hay una estación, y un tiempo para cada cosa bajo el cielo”. (Eclesiastés III: 1)

Es un libro devocionario que se hizo muy popular en la Edad Media, y en siglos posteriores, inspirado en un manuscrito medieval que contiene una colección de textos, oraciones y salmos, para los devotos cristianos. Estos manuscritos estaban escritos originalmente en Latín, y fueron muy rápidamente traducidos a otras lenguas europeas. A pesar de ser un libro muy popular entre las clases altas y la burguesía, se han encontrado muchísimos ejemplares que circulaban entre otras capas de la sociedad, y han sobrevivido decenas de miles de ellos, que en la actualidad se encuentran en las bibliotecas, públicas y privadas, repartidas por todo el mundo.

El Libro de las Horas no apareció hasta el siglo XIII, y antes de ese siglo, los cristianos que deseaban rezar una ronda diaria de oraciones, tuvieron que buscar algún tipo de guía en otros libros, por lo general demasiado densos, y en idioma latín, y poco aptos para el entendimiento común de la clase media. Los judíos de esos años profesaban una gran devoción al Libro de los Salmos, y estaban convencidos de que todos ellos habían sido escritos por el rey David. Puesto que los textos de los Salmos estaban dirigidos a todo tipo de gente en general, no tardaron los cristianos en adaptarlo a la fe cristiana y para su propio uso, y el “Salterio” se convirtió enseguida en un texto que servía como guía para rezar sus oraciones, o hacer sus peticiones. Los monjes y monjas, también recitaban los Salmos (del rey David) de acuerdo con las reglas establecidas en cada monasterio.

La iglesia cristiana, a través de los siglos, proporcionó una serie de textos complementarios a los Salmos, y se convirtió en habitual enmarcar cada uno de los Salmos con “antífonas” (breves pasajes que ayudaron a poner de manifiesto el significado cristiano de los antiguos textos judíos) . Las “antífonas” estaban acompañadas por una gran variedad de oraciones, cánticos, himnos, lecturas de la Biblia y muchos diálogos. Estos elementos tan dispares, pero explicativos, fueron intercalados en una estructura de texto muy repetitiva que variaba en algunos detalles dependiendo de la hora del día, del día de la semana, y de la estación del año. Se utilizó un calendario litúrgico para realizar el seguimiento de los días y las estaciones, y se emplearon rúbricas para remarcar exactamente cuales eran las palabras que había que decir y cuando había que hacerlo. El resultado de todo lo anterior fue un libro nuevo, y más completo, al que enseguida se le conoció como “el breviario”.

En ese siglo XIII había entre los laicos un fuerte deseo de imitar las prácticas de devoción de los monjes, y monjas, en los monasterios. Pero el breviario era todavía demasiado complejo para ser utilizado por los laicos. Por consiguiente, la iglesia cristiana empezó a desarrollar un breviario mucho más variado y asequible, y mucho más fácil de usar, y entender, y fue llamado “El Libro de las Horas”. Este libro empieza con un calendario litúrgico señalando los días festivos de la iglesia en todo el año. El calendario sigue con algunos extractos breves de cada uno de los Evangelios, y luego el texto que define lo que es “El Libro de las Horas” (las Horas de la Virgen).

Estos extractos se componen de ocho conjuntos de oraciones a María. Las horas de la Virgen son seguidas por otras secuencias de horas incluyendo las de la Cruz, y las horas del Espíritu santo, y a veces también por las Horas de la Pasión, o un conjunto de horas dedicadas a algún santo en especial. También se incluye el Oficio de los Difuntos, en la Fiesta de Todos los Santos, a través de la noche del entierro, y en el aniversario del fallecimiento del ser querido. Y el libro se completa con los Siete Salmos Penitenciales, Letanías, oraciones a la Virgen, a varios Santos, y los Arcángeles, en cuyas páginas se recomienda la hora, diaria, semanal, mensual, y las oraciones que hay que recitar, además de las peticiones dirigidas a todos ellos.

Las Horas de la Virgen es un devocionario con una secuencia de oraciones a la Madre de Dios que, idealmente, se recitan durante el transcurso de todo el día, y se antifica a través de ella, a Dios, hora a hora. Algunas de estas oraciones se recitan para ayudar a completar las necesidades espirituales de los hombres y de mujeres de la Edad Media y del Renacimiento tardío. Los Salmos, por ejemplo, se recitan para ayudarnos a resistir la tentación de cometer cualquiera de los Siete Pecados Capitales (que podrían llevarnos al infierno). El Oficio de los Muertos se rezaba para reducir el tiempo al que habían sido condenados, nuestros amigos y parientes, a pasar en el Purgatorio.

Calendario

En las primeras páginas de casi todos los Libros de las Horas, aparece un Calendario perpetuo, aunque no estuvo reconocido como tal en su momento. Los calendarios medievales solían registrar los días del mes, y no por su numeración, como hacemos ahora, sino por la fiesta religiosa de ese día, junto con el antiguo sistema romano de: “idus, nonas y calendas”. Las fiestas más importantes se marcaban con tinta roja, pero las fiestas locales variaban mucho de una zona a otra.

Los Evangelios

El “Libro de las Horas” contiene con frecuencia una sección con las lecturas de cada uno de los Evangelios del Nuevo Testamento, y a menudo está adornada con una miniatura que representa al apóstol relevante. Las lecturas que se encuentran en el “Libro de las Horas” son a menudo extractos de los textos evangélicos que se incluyen y se recitan en la misa oficial en cuatro de las principales fiestas de la Iglesia: el día de Navidad, la fiesta de la Anunciación, la Epifanía y la Fiesta de la Ascensión.

Las Horas de la Virgen

Estas Horas abarcan la mayor parte del año, desde el día siguiente de la fiesta de la Purifidación, a las vísperas del sábado anterior, al primer domingo de Adviento, con la excepción de la Anunciación. A las horas se las conoce como:

• Matins
• Laudes
• Primer
• Tercia
• Sexta
• Ninguno
• Vísperas
• Completas

Esta sección de las Horas de la Virgen consta de ocho textos devocionales separados entre si, y cada uno de ellos está escrito para ser recitado en una de las ocho horas canónicas del día. Estos textos son una versión muy simplificada de la complicadísima ronda de oraciones, y versos, que recitaban ocho veces al día los monjes y monjas de los monasterios, lo cual permitía a los usuarios laicos del libro, poner más énfasis en los rituales piadosos observados en los monasterios. A partir del éxito de los breviarios, empezaron a aparecer ediciones con bonitas imágenes representando en perfecto orden cronológico la variedad de eventos de la vida de la Virgen. Las imágenes estaban asociadas con las horas canónicas, y se precisaba el momento adecuado de celebración de los rezos o peticiones, y que variaba con las estaciones del año.

Las estaciones

Las fiestas que señalaban los eventos más relevantes eran las relacionadas con la vida de Jesucristo: su nacimiento, muerte, resurrección y ascensión, y se establecieron dentro de períodos de tiempo conocidos como “estaciones” o “tempores” (tiempos), más largos. La fiesta de la Natividad de Cristo (Navidad), estaba precedida por el tiempo de Adviento, y seguida por el período que llega a la fiesta de la Epifanía (6 de Enero), conocidos como “los doce días de Navidad”. Este tiempo se extendió hasta el final de la fiesta de la Purificación de la Virgen (el 2 de Febrero), por lo que quedó en un tiempo total de cuarenta días.

El ciclo de la semana

Según la creencia primero judía, y luego cristiana, el ciclo de la semana fue establecido por Dios mismo en el principio de los tiempos de la Creación, tal y como podemos leer en el libro del Génesis, que empezó un domingo y acabó en un viernes. Dios descansó el sábado (sabbat), y al día siguiente empezaba una nueva semana, que era otro domingo. Los judíos consideraban que el séptimo día era especial, el sábado, y los cristianos que lo era el domingo, el día que la tradición dice que Cristo había resucitado entre los muertos.

Las horas del día

La práctica de rezar siete veces al día era de origen judío, pero enseguida fue adoptada por los cristianos como la base de su propia ronda diaria de oraciones. El sistema fué desarrollado de formas diferentes, pero mientras tanto ya se había convertido en una estructura casi definitiva, hasta que se incorporó la regla de San Benito.

Oraciones a la Virgen

El “te Obsecro” (“Te ruego”),y la intemerata O (“O inmaculada Virgen”), son dos oraciones dirigidas a la Santísima Virgen, que están presentes en casi todos los Libros de Horas del siglo XV. Cada una de estas oraciones está escrita y es recitada en primera persona, y hace un llamamiento lastimero directamente a la Virgen María. Las oraciones son a veces personalizadas, ya que, el nombre del propietario original del libro, se inserta en el texto, o la ilustración, de acompañamiento. El “Obsecro te”, pide específicamente que la muerte no venga de repente, o inesperadamente, y podría tratarse de una súplica que podría haber proporcionado un poco de consuelo en los tiempos de la peste y la guerra que asolaron a la Europa medieval.

Salmos

El Libro de las Horas a menudo contiene una, o ambas, de dos ciclos bien conocidos de los Salmos: los Siete Salmos Penitenciales y los Salmos graduales : 6, 32, 38, 51, 102, 130, y 143)

Letanía

A los Salmos Penitenciales les siguen normalmente una o más Letanías de los Santos . En una Letanía, el lector invoca, uno por uno, a una larga lista de sus Santos favoritos, mártires, confesores y vírgenes santas, terminando cada frase con las palabras latinas: “ora pro nobis” (“ruega por nosotros”).

Oficio de Difuntos

La serie de hambrunas, plagas y guerras que asoló gran parte de Europa occidental durante el siglo XIV, dejó su señal en “El Libro de las Horas”. A diferencia de otros elementos del mismo libro que se han simplificado, y abreviado, para uso de los laicos, el Oficio de los Difuntos, contiene el texto completo de las oraciones oficiales que autorizaba la Iglesia para los muertos.

Sufragios

Esta sección del incluye antífonas y oraciones dirigidas a los santos más populares, y muchas veces busca su protección frente a cualquier daños o peligro.

Durante el siglo XV, apareció una forma alternativa de devoción que llegó a rivalizar con el Libro de las Horas en cuanto a su popularidad se refiere. Esta nueva forma de devoción fue llamada “Rosario” (una forma sistemática de rezar, pero no ayudados por el texto de ningún libro, sino por la secuencia de las cuentas de un collar). Las devociones del Rosario eran más sencillas que las del “Libro de las Horas”, ya que se resume casi en su totalidad en: “Ave María”, “Padre Nuestro” y “Gloria al Padre”, que se repite sistemáticamente de acuerdo con las cuentas del collar.

Con el nuevo “Rosario” ya no había variaciones en cuanto a la hora, o las horas, o el día, o los días, o las estaciones. Todo cambió y el Rosario se hizo muy popular entre todas las capas de la sociedad. Muchos de los misterios del Rosario son los mismos que los descritos antes en el “Libro de las Horas”, especialmente los relativos a los eventos de la infancia y la pasión de Cristo.

La irrupción del Rosario hizo que hacia finales del siglo XVI, el Libro de las Horas hubiera perdido su posición destacada como herramienta y guía de la devoción de los laicos.

María de Gracia

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Bibliografía:

-“Book of Hours”, Britith Library, n/d, John Backhouse

-“Painted Manuscripts: Treasures from the British Library”, Londres

-“Painting in Manuscripts”, años 1.420-1.530. NY, Pierpont Morgan Library

-“The Book of Hours in Medieval Art”, G. Braziller

http://www.bl.uk/onlinegallery/sacredtexts/bedford.html

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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2 respuestas a El Libro de las Horas

  1. Marisol dijo:

    Interesante, solamente interesante.

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