Los Siete Cielos

“El primer móvil es la mayor esfera del universo físico.

Dios la mueve directamente haciendo que, por reacción, a su vez,

Se muevan todas las otras esferas que alberga”.

“La Divina Comedia, Canto XXVII” – Dante Alighieri

En la Cosmología religiosa los cielos, así como lo que hay en ellos, se encuentran en las religiones antiguas más importantes, como el judaísmo, el hinduismo, el cristianismo y el islam, y también en religiones místicas como el hermetismo y el gnosticismo. En cada una de estas religiones, tanto los ángeles como los cielos, tienen diferentes formas de poder e influencia. El poder del arcángel tiene autoridad en algún cielo en particular, además del poder inherente que es natural en el cielo mismo. Ambas potencias, cielo y arcángel, se combinan para que puedan invocar el poder de los cielos con el fin de potenciar la espiritualidad.

Partiendo de esta base, los cielos, y todo lo que hay en ellos, nos afectan en muchos aspectos de nuestra vida diaria, independientemente de la religión, o ausencia de ella, que profese cada uno. Estas antiguas religiones mantienen que los seres humanos pueden hacer grandes esfuerzos para llegar a experimentar los más altos niveles espirituales que se encuentran en los diferentes cielos. En la medida en que las personas son capaces de contemplarlos con toda su pureza y su verdad abstracta, es cuando pueden conectar desde la más alta, hasta la más baja, de las inteligencias celestiales.

Universo egipcio – Nut sostiene los cielos

En las religiones más antiguas conocidas se creía que había siete cielos que estaban relacionados con los siete planetas que podrían observarse a simple vista en el sistema solar: el Sol, y la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Saturno y Júpiter. Según estas tradiciones, cada planeta estaba situado dentro de su propia esfera, en el cielo, o espacio, y cada uno de ellos ocupaba una órbita cada vez más alejada de la tierra puesto que, entonces, la tierra estaba considerada como el centro del universo. Sin embargo, hoy en día sabemos que los planetas orbitan alrededor del Sol y están distanciados de la tierra.

Dos de estas antiguas religiones que mantienen la teoría de la existencia de los siete cielos son el hinduismo y el antiguo culto babilónico. En el hinduismo hay siete mundos superiores y siete mundos inferiores; la tierra es el mundo más bajo en el plano superior. Los seis mundos superiores por encima de nosotros son lugares de creciente asombro, y deleite, donde las personas que han desarrollado un buen karma habitan después de su muerte. Cuando los espíritus han pasado todo el tiempo que sus buenas obras en la tierra les han permitido, se reencarnan y vuelven a la tierra. Los que viven vidas extraordinariamente piadosas pueden romper este ciclo y experimentar el nirvana, o lo que es lo mismo: un estado de existencia eterna.

Los antiguos babilonios enseñaban en los zigurats, y escuelas de astronomía, la teoría de la existencia de los siete cielos O lo que ese lo mismo; repartieron los diferentes cielos en siete niveles de espacio entre la atmósfera de la tierra y el espíritu de los cielos; más allá estaba el cielo zodiacal. Cada uno de los siete cielos se asoció a un dios particular y a un cuerpo celeste entre los conocidos por entonces: la Luna, Mercurio, Venus, Marte, el Sol, Júpiter y Saturno.

Los diferentes historiadores no están seguros de cuando empezaron los primeros judíos a desarrollar la teoría de los siete cielos; teoría que, por entonces, se enseñaba en las escuelas de astrología y astronomía de la antigua Babilonia (siglo XVIII aC.). Abraham pudo haber estado expuesto a tal filosofía antes de salir de Ur (Caldea-Babilonia), o los eruditos hebreos pueden haber aprendido de Abraham durante su exilio en Babilonia. De cualquier manera, los rabinos adoptaron esa creencia y la integraron en el Talmud. El resultado final es que los cielos de los judíos fueron asociados con los mismos cuerpos celestes babilonios, y también contienen una mezcla de personas, ángeles, demonios, nephilims, fenómenos naturales, y toda una serie de detalles que cambian con el autor de cada libro en cada época.

Los siete cielos babilónicos

La mitología babilónica decía que la tierra era una media esfera hueca, como el casco de un barco, y que por encima de ella estaba el firmamento más bajo, o atmóstfera. Los planetas eran llamados “errantes”, o “vigilantes”, así como el rayo y el trueno también tenían sus gobernantes correspondientes. A continuación transcribo la lista con los nombres de los planetas, el dios babilonio y las referencias bíblicas donde aparecen esos nombres.

E-3-meso

Las tres partes del Cosmos mesopotámico. Las esferas celestes (H-1-2-3). La tierra conocida (E-1) para los babilonios. El océano (0) . El dique del embalse (D) . Las montañas del amanecer (M) y del atardecer (A). Las esferas del mundo subterráneo (E-2-3) incluyendo el fondo del océano conocido (G), y la ciudad de los muertos protegida por siete paredes (TR). El Cosmos se encuentra dentro del océano celestial que lo envuelve todo (HO).

La Luna: Sin (Nanna, Su’en)

Mercurio: Nabu (Nebo, Isaías 46:1)

Venus: Ishtar (Astarté, Afrodita, Artemisa). (Aserah en Samuel 31:10)

Marte: Nergal (2 Reyes, 17:30)

El Sol: Shamash (Samas)

Júpiter: Marduk (dios principal de Babilonia, referencias a él en Jeremías, 50:2)

Saturno: Ninib (Nimrod en Génesis, 10:8-9)

Hay que tener en cuenta que los conceptos y los nombres de los dioses cambiaban dependiendo de la época, de la zona y de las costumbres locales de los países o etnias. A estos siete dioses babilónicos se les consideraba con autoridad para decretar el Destino de los hombres. Por encima de estos planetas habitaba el espíritu de los cielos. Más arriba de todos los cielos se encontraba, según sus tradiciones, “el Gran Océano Celestial”, que ya estaba catalogado como la “Casa del Zodíaco”, y luego describían un gran y caótico mar cristalino que lo envolvía todo.

Los siete cielos hebreos

Libro de los Vigilantes – Enoch – describe como y cuando fue transportado a los cielos.

En las escrituras antiguas hebreas aparece repetidas veces la palabra “shamayim”, que significa cielo, en plural. Otras tradiciones antiguas mantienen que hay entre cinco y siete cielos. En el Zohar dicen que hay 390 cielos y 70.000 mundos. Pero a lo largo de los siglos, y teniendo en cuenta el mundo en el que vivimos, se han llegado a considerar como simples alegorías algunas de estas tradiciones.

En la Cábala, y el judaísmo más místico, se dice que sus seguidores pueden recorrer el camino a través de todos los cielos si pasan ciertas pruebas, y, por consiguiente, pueden llegar a conocer los nombres de los Angeles de la Guarda. En cada nivel al que llegue el místico, se le permite recibir algo de sabiduría. En, 2 Corintios, 12:2-4, nos encontramos con que San Pablo habla de un viaje que hizo al tercer cielo. También encontramos en Exodo, 19:10-11, que Moisés subió al monte Sinaí y Dios abrió los cielos para él y permitió que los judíos lo vieran.

Hay una relación muy estrecha, y mucha influencia, entre las religiones antiguas babilonias y la de los judíos en tiempos de Abraham. Todos coinciden en la afiliación de los cuerpos celestes y los cielos.

Las características de los siete cielos varían en las transcripciones de unos rabinos a otros en el Talmud a través de muchas generaciones. El libro apócrifo de Enoc, II, aporta una gran cantidad de detalles sobre este tema. Aunque quizá, y teniendo en cuenta el auge en aquellos años del zoroastrismo (año 70 de nuestra era), estaba influenciado por esa otra doctrina muy extendida en aquella época por todo el imperio persa.

En un principio, Enoch menciona siete cielos, pero luego hablaba de diez. Lo que cada cielo representa varía de una versión a otra. Enoch dice que él caminó en el cielo llevado por los ángeles y que regresó a la tierra y dijo a todos que fue llevado otra vez por ellos para aprender los grandes secretos. (Génesis, 5:24).

Y nos encontramos con siete cielos, o siete niveles de cielo, tal y como están reflejados en las escrituras sagradas y se llaman: Vilón, Rakia, Siquem, Sev, Main, Machon y Aravot.

1. Vilón (cortina o velo) es el que extiende los cielos como si fuera una cortina y los despliega como si fuera una carpa para morar, y bloquea el Sol. Contiene la astmósfera, las estrellas de menor importancia, la nieve, el rocío y la morada de Adán y Eva. Vilón está gobernado por Gabriel (Isaías, 40:22). Vilón se retira por la mañana y sale por la noche, y renueva la obra de la creación diariamente. Vilón es todo el universo más allá de lo que podemos ver a simple vista. Se le llama cortina, o velo, porque oculta los otros seis niveles y está representado por la Luna.

2. Rakia/Raqi’a (extensión) es donde Dios los envió en el firmamento de los cielos. (Génesis, 1:17). Se refiere a las estrellas, al Sol, a la Luna y a los planetas. Rakia es el espacio exterior donde los diversos cuerpos celestes se mueven en sus órbitas y donde están las constelaciones, las galaxias y los sistemas solares. Rakia es la parte del cielo que podemos ver y quizá se refiera a la cubierta helada sobre la tierra antes del Diluvio. Moisés visitó el Paraíso en este cielo para recibir los Diez Mandamientos. Los ángeles caídos están encarcelados aquí por casarse con mujeres humanas. (Génesis, 6:4). Rakia es el lugar donde las almas de los hombres de renombre, apóstatas y tiranos, están en espera de juicio. Se llama extensión porque es donde moran el Sol y los Planetas. (Génesis, 1:14-17). Está representado por Mercurio.

3. Shechakim (nubes): “El ordenó a los cielos (shechakim) que están por encima de todo, y abrió las puertas e hizo llover sobre los hombres maná para alimentarse”, (Salmo, 78:23). Aquí es donde se encuentran las piedras de molino con que el maná se muele solo para los justos. Su palabra todavía nos alimenta. Aquí está el Edén, y el árbol de la vida, además de la fábrica donde se produce el maná. También está el infierno. (Salmos, 78:23-24). Está representado por Venus.


4. Zevul (morada, habitáculo) es el lugar donde: “Yo he edificado una morada (Zevul), un lugar para que sea habitado para siempre”. (Reyes, 08:13). Aquí está ubicada la celestial Jerusalén y el templo con el altar celestial donde el arcángel Miguel ofrece un sacrificio. Sabemos que Zevul es este lugar porque Isaías, 63:16, dice “mira desde el cielo y he aquí la morada (Zevul) de Su Santidad y Su gloria”. Aquí están la estratosfera, el Sol, la Luna y cuatro grandes estrellas, incluyendo el sistema mecánico celeste. También está el habitáculo de los vientos. (Isaías, 63:15). Está representado por el Sol.

5. Ma’on (refugio) es donde: “El Señor mandará Su misericordial en el día, y en la noche su cántico estará conmigo” (Salmo, 42:8). Aquí es donde permanecen los ángeles ministrantes cantando de noche. Sabemos que esto es el cielo por Deuteronomio, 26:15, “mira desde tu morada (Ma’on) como cae el santo maná del cielo”. Es el hogar de los Grigori (Vigilantes), de los ángeles caídos que lloran por sus hermanos. Posiblemente lo presiden Miguel o Samael. Este cielo está lleno de ángeles ministrantes que cantan por la noche y se le llama refugio porque es donde viven la mayor parte de ellos. Está representado por Marte.

6. Machon (Makhon) (ciudad) es la ubicación de los depósitos donde está almacenada la nieve, la lluvia, el granizo, los tornados y las tormentas. “El Señor te abrirá a ti Su tesoro”. (Deuteronomio, 28:12). Sabemos que esto es el cielo porque es la morada (Machon) de Su vivienda”. En este lugar están los ángeles que se encargan de los ciclos de la naturaleza y de los sistemas de gobierno del mundo. Están los ángeles que escriben las acciones de los hombres en sus libros, los Vigilantes, y está gobernado por Samael, un oscuro sirviente de Dios. Está representado por Júpiter.

Cosmología Hebrea

7. Aravot (desierto) es aquel en el que están la justicia, el juicio, la caridad, los orígenes de la vida, de la paz, de las bendiciones, los espíritus de los justos con los que el Señor acabará resucitando a los muertos. Entre los que viven ahí se incluye a los Ofanim, los Serafines, los Querubines, los santos Hayyot, los ángeles Ministrantes, el Trono de la Gloria, y el Rey del Universo (Salmo, 68:5). Extended una carretera para que podáis cabalgar por las nubes. El origen de la vida contiene la fuerza para todos los que están por nacer, porque cuando Dios terminó la creación, lo había hecho todo de una sola vez, incluyendo a sus descendientes. Los espíritus de los justos son los muertos que duermen con sus padres. Dicen que ahí está también el décimo cielo y las almas de los humanos todavía no nacidos. (Génesis, 2:1). Se le llama desierto porque no tiene ni humedad ni aire. Se dice que Dios está por encima del séptimo cielo. Está representado por Saturno.

“Es importante tener en cuenta que los tres primeros cielos representan el universo, el cielo nocturno visible y el sol, y la atmósfera, por lo tanto son universos físicos. Cada uno de los otros cuatro niveles son tanto físicos como espirituales. Tres de los niveles se interpretan como “morada, habitáculo”. Los otros tres niveles están poblados: Zevul, con la Jerusalén celestial; Maón con los ángeles ministrantes, y Aravot con varios seres celestiales, el Trono y los espíritus de los santos”. (2 Corintios, 12:2)

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“Entre el cielo y la tierra” – el Torah

El Talmud hebreo mantiene que hay siete cielos. San Pablo dijo que fue llevado al “tercer cielo”, tal y como podemos leer en 2 Corintios 12: 2. A pesar de que parece ser el lugar de los seres espirituales, no se encuentran más referencias en los libros sagrados.

El único texto en la Biblia que menciona la existencia de más de un cielo es en 2 Corintios 12: 2: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo, ya sea en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe. Y sé que este hombre fue arrebatado al paraíso, ya sea en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe”.

El Islam (año 600 de nuestra era) también reconoce lugares santos en los cielos. Cada cielo, o “ss-samawat” consta de siete niveles. El primero, y el de más bajo nivel, se llama “dunyah” y abarca el universo conocido y todo lo que hay dentro de él. En el versículo número uno del Corán se dice que el cielo y los planetas se componen de siete capas, o esferas. “Está claro que Alá divide el universo, más allá de la tierra, en siete esferas diferentes”. “El es quien ha creado los siete cielos y de la tierra un número similar. A través de todos ellos desciende una orden suya. Alá tiene poder sobre todas las cosas y comprende todas las cosas, y tiene conocimiento de todas las cosas”. (Corán, 56:12).

Algunas tradiciones mantienen que cuando alguien muere, su alma, o su espíritu, asciende por los cielos hasta que al final se encuentra con Dios. También existe la creencia de que las almas se reencarnan y reciben la influencia de cada uno de los planetas, y, por lo tanto, en su trayectoria hacia el séptimo cielo, el Arcángel de cada esfera puede enseñarle su sabiduría, que es única y angelical. En otras tradiciones se añade que el alma se verá influída por cada uno de los cielos y los poderes fácticos que en ellos gobiernan.

Los sacerdotes, magos, y astrónomos, de la antigüedad creían que Saturno era el último cielo, y que una vez que el alma hubiera llegado a él se runiría con Dios. En la tradición islmámica los cielos y el paraíso son lo mismo, pero el paraíso es el lugar del descanso final para todas las almas. Para los cristianos el paraíso es solo el lugar para todas aquellas almas que hayan llevado una vida ejemplar, y en cada reencarnación acabarían entrando en el reino del paraíso.

Algunos manuscritos religiosos de la antigüedad, de las tres religiones principales, colocan a los ángeles de la siguiente forma, aunque las versiones se contradicen unas a otras:

El Islam (Mahoma, del año 569 al 570, AD), posterior a las religiones más antiguas, combina los siete cielos del judaísmo con una historia proveniente el zoroastrismo (Zoroastro, siglo X aC.). En uno de sus relatos, el profeta Mahoma escribe que fue llevado en un viaje a través de los siete cielos. En cada cielo se encontró con un personaje de la Biblia, o de otro profeta del Islam. Once siglos antes, el sacerdote zoroástrico llamado Arda Viraf, hizo un viaje similar al cielo, tal y como lo describe en uno de sus textos sagrados. Tanto en una religión como en otra, los diferentes cielos, y los niveles del paraíso, estaban reservados para las almas puras y devotas.

“Mira como Alá ha creado siete cielos, uno encima de otro.” [Corán 71:15]

La Divina Comedia

Dante Alighieri (Florencia, 1.265-1.321) combinó las leyendas y mitologías, de la antigua Babilona con las cristianas en su libro “La Divina Comedia”. En este libro, Dante habla de los siete cuerpos celestes que representan las naturalezas más virtuosas y puras. Por encima de estos cielos, en los que los justos son recompensados después de su muerte, hay cuatro niveles más. El último nivel se llama Empíreo, y es la morada de Dios.

En la tercera parte, titulada “Paradiso”, Dante se refiere también a los diferentes niveles del cielo, aunque él lo hace en sentido metafórico. Los cuerpos celestes, para él, representan las virtudes que aumentan las recompensas a medida que las personas van progresando y mejorando. Después están las virtudes teologales. En general el texto de Dante parece tomado casi palabra por palabra de los textos sagrados de la mitología babilónica.

En lo que todas las religiones desde la antigüedad parecen coincidir, en mayor o menos medida, es que cada uno de los cielos, desde la perspectiva espiritual, está considerado como un hito en el desarrollo de la perfección del alma de los seres humanos a través de las diversas reencarnaciones, aprendiendo de cada uno de los arcángeles que transitan en el cielo, hasta que las almas alcanzan la madurez espiritual necesaria, que es cuando finalmente son absorbidas y se unen definitivamente a Dios.

María de Gracia

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Bibliografía:

-Talmud

-Libro de Enoch

-Corán

-Tanaj

-“Havatat Aravot” – B. S. Artson

-Biblia

-“Sha’are Orah” – R. J. Gikatilla

– “Occult Philosophy, III” – H. Cornelius Agrippa

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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