Piromancia, licnomancia (adivinación con fuego y velas)

“Entonces se apresuraron, Odiseo y su resplandeciente hijo, a llevar adentro los cascos y los abollados escudos, y las agudas lanzas, y por delante, Palas Atenea hacía una luz hermosísima con una lámpara. Y Telémaco dijo de pronto a su padre:«Padre, es una gran maravilla esto que veo con mis ojos: las paredes del palacio, y los hermosos intercolumnios, y las vigas de abeto, y las columnas que las soportan arriba, se muestran a mis ojos como si fueran de fuego encendido. Seguro que algún dios de los que poseen el ancho cielo está dentro.»“La Odisea, XIX:35” – Homero

La licnomancia, del griego: “luknos”, llama, es el arte adivinatorio que interpreta la llama de una antorcha, o de una vela, y junto con la lampadomancia, de lámpara, pertenece al grupo de la piromancia, del griego: “piro”, relativo al fuego, y “mancia”, adivinación, predicción, es decir: arte de adivinar el futuro con el fuego en sus diferentes variantes según los colores, los chasquidos, o intensidad de las llamas, bien sean de velas, candelas, antorchas, lámparas o fuego. Estas mancias ya eran practicadas en la antigüedad por los magos y sacerdotes de los templos, así como en los hogares en los que podían disponer de un mago, o adivino, o intérprete, para su uso particular, ya que, a diferencia de otras mancias, la piromancia no estaba considerada como un juego de mesa ni una distracción, sino como algo de uso muy restringido y con la intervención de un profesional.

En la licnomancia suelen utilizarse tres velas dispuestas en forma de triángulo, pero también se pueden usar dos, o una sola. Una vez que se hace la pregunta por el consultante, las llamas de las velas son las que dan las respuestas dependiendo de si la llama brilla más, o es más larta, o cambia de color, o ese vacilante, la respuesta será positiva, o negativa. Las interpretaciones de las llamas varían muy poco de unas civilizaciones antiguas a otras, lo que hace suponer que esta mancia, como otras, se extendió por los pueblos del Mediterráneo con la misma facilidad que lo hicieron otros sistemas de adivinación tan populares en el pasado.

En los templos griegos los magos ya utilizaban tres antorchas a la hora de hacer predicciones para los consultantes, y muy especialmente para los políticos o gobernantes. Sin embargo, entre los babilonios, egipcios, y luego los romanos, eran más populares las lámparas de aceite de oliva, o de palma del desierto, que eran usadas por los magos, o sacerdotes, a la hora de hacer predicciones de futuro, o comunicarse con los espíritus, o encontrar las respuestas que estaban pidiendo los consultantes.

Otra forma de interpretar la licnomancia es utilizando una vela, después se pone delante un vaso, o copa, redondo y lleno de agua, y se espera hasta que las llamas se reflejen en el agua, e interpretemos las imágenes que vayan apareciendo ya que se cree que son los mensajes que enviaban los dioses a los hombres.

También se tienen noticias de que la lictomancia era un método de adivinación del futuro que practicaban los judíos días antes del momento de la Expiación, con la creencia de que el destino de los hombres estaba escrito en las estrellas. El método que usaban, y que seguramente usarán en la actualidad, era encender una vela en algún lugar protegido dentro de la casa, y si pasadas unas horas se consumía entera, indicaba que cierta persona (por la que se habría preguntado a la vela antes de encenderla), iba a vivir un año, y si la vela se apagaba antes de consumirse en su totalidad, entonces indicaba que esa persona no iba a alcanzar a vivir ni un año, sino que moriría mucho antes. Los judíos también tenían la costumbre de encender una vela en el cuarto donde había fallecido alguien, con el fin de ayudar a que el alma del muerto se elevara al cielo más rápidamente, y para asegurarse de ello mantenían durante una semana una vela encendida.

Como preparar el ritual

Necesitaremos tres velas de igual tamaño y color, con tres soportes para velas iguales, las cuales han de ser nuevas y  sin haber sido usadas anteriormente. Las velas, en sus soportes, o palmatorias, hay que colocarlas en forma de triángulo manteniendo la misma distancia entre ellas. Tanto las puertas, como las ventanas, de la habitación, deben estar bien cerradas, y nos aseguraremos de que no haya corrientes de aire, ni que entre el viento por los huecos de las ventanas. Es importante que no haya ninguna corriente de aire en el cuarto, incluso hay que evitar los movimientos bruscos, o demasiado rápidos, de las personas que haya dentro porque podrían desvirtuar el movimiento de la llama. Seguidamente apagamos todas las luces eléctricas, y nos mantenemos en silencio, sin teléfonos, ni música de fondo.

Ponemos las tres velas sobre una mesa y las personas que atiendan al ritual deben sentarse y no moverse, ni hablar, hasta que sea preguntado algo por el intérprete. Hay que tener en cuenta que hasta la respiración causa corrientes, o vientos, dentro del cuarto. Solo el adivino, o intérprete, puede encender las velas usando únicamente cerillas de madera. Entonces es cuando el consultante tiene que concentrarse y hacer la primera pregunta que irá contestando el adivino, o intérprete. Hay algunas variaciones entre unos métodos de interpretación de la piromancia y otros, pero voy a ajustarme al más popular, y antiguo, que sigue utilizándose en la actualidad:

1. Si la llama de una de las tres velas arde con más intensidad que las otras, significa que el éxito y la buena fortuna llegarán al consultante.

2. Si una de las tres velas tiene problemas a la hora de encenderse debido a la mecha, o a otra incidencia, o una vez encendida tiene una llama pequeña o débil, indica que la respuesta a la pregunta que se ha hecho sería negativa.

3. Si el final de cualquiera de las tres llamas de las velas se muestra un punto de luz diferente que sobresale del resto, eso augura buenos presagios.

4. Si la llama de alguna de las velas oscila, significa que el consultante va a hacer pronto un viaje. Mudanzas. Si oscilan dos llamas, o las tres, significa indecisión. Una situación cambia.

5. Si la llama de alguna de las velas produce chispas, y emite sonidos, crepita, indica que el consultante tendrá que ser muy precavido y prudente. Dificultadese, pero que a base de esfuerzo se irán superando. Algún espíritu quiere darnos un mensaje.

6. Si la llama de una de las velas gira en espiral, indica que los enemigos del consultante están conspirando contra él.

7. Si la llama de una de las velas sube y baja repentinamente, indica que hay peligro para el consultante.

8. Si una de las llamas de las velas se apaga sin razón aparente, indica que el consultante sufrirá algún susto, o desastre, o alguna fatalidad, o malas noticias, o enfermedad, o algún accidente, o la adversidad. Pérdida de algo, o de alguien.

9. Si las llamas de las tres velas se consumen a la vez y de forma armoniosa, eso indica que la respuesta a la pregunta será positiva.

10. Si las velas se consumen de forma diferente, significa que el consultante recibirá algunos disgustos. Sería aconsejable que prestara más atención a alguna de las áreas de su vida.

11. Si alguna de las llamas de las velas suelta humo, indica que alrededor del consultante hay malas energías. Prestad atención a las amistades y a los contactos.

12. Si la llama de la vela tiene tonos azulados, o es poco brillante, indica que en ese lugar, o en la zona, hay algún espíritu.

13. Si la mecha de la vela se rompe, o se apaga sin razón aparente, o disminuye mucho la llama, eso significa que alguien va a fallecer muy pronto.

14. Si la llama de una de las velas es excesivamente alargada, e inclinada, indica peligro inminente.

15. Los tonos rojizos de las llamas de las velas auguran éxito.

16. Una llama de vela demasiado débil indica frustraciones y decepciones.

17. Si alguna de las tres velas emite un sonido seco, y crepita, indica que hay alguien al otro lado que está pidiendo visitarnos.

18. Cuando están las tres velas encendidas, y una de ellas tiene una llama muy brillante, y se diferencia de las otras dos, indica buena fortuna, pero si son las tres llamas de las velas las que tienen esa luz tan resplandeciente, indica éxito porque el consultante estaría recibiendo la bendición de la luz.

19. Una respuesta positiva a la pregunta que haya hecho el consultante se conoce cuando una de las llamas de las tres velas arde más alto que las otras dos. Una respuesta negativa sería que las tres llamas no brillaran especialmente, pero las tres iguales sin destacar ninguna, o que una de ellas se debilitara mucho.

Lampadomancia

La Lampadomancia es la adivinación mediante el uso de lámparas, o linternas, y pertenece también al nombre genérico de “piromancia”. Esta mancia era muy popular entre los pueblos de la antigüedad, como Babilonia, Egipto y Grecia, pasando después al resto de pueblos del Mediterráneo, y combinaban lámparas de aceite de oliva virgen, o con aceite de palmera de oasis, con una antorcha. La lámpara de aceite que usaban debía estar hecha de oro, plata, o cualquier otro metal precioso y difícil de conseguir. Las más antiguas estaban hechas de barro, o de piedra que aguantara el calor. Este tipo de lámparas estaban hechas para el uso exclusivo de los magos, o adivinos, en los templos. Las lámparas debían estar limpias y puesto que habían pasado por el fuego ya se consideraba que estaban purificadas.

Lámpara de barro hebrea – siglo V, AD

Luego elegían la mecha que debía ser también pura de lana prensada y trenzada por el mago, o adivino. El mago, o adivino, llenaba la lámpara de aceite de las palmeras de los oasis, o de coco, o de oliva, y recitaba un ritual para bendecir la lámpara, y pedir a los dioses que se comunicaran a través de ella. Después de ese ritual, los consultantes ya estaban dispuestos a hacer preguntas, y que, dependiendo de la llama, color, intensidad, brillo, el mago, o adivino, interpretaría dando las respuestas pertinentes. Las interpretaciones que se hacían de las llamas no varían mucho de unas civilizaciones a otras, y en general se entendía que si la llama de la lámpara era brillante y amarilla, significaba riqueza y honores para el consultante.

Lámpara de bronce romana – Siglo III AD

Si la llama tenía la punta en forma ganchuda, significaba que el consultante se convertiría en poderoso, y si tenía dos puntas, o ganchos, significaba que esa persona iba a abandonar su lugar de residencia. Si la luz de la lámpara era tenue, significaba que aparecería un enemigo. Si la llama se separaba en dos partes, significaba que habría separación dentro del núcleo familiar. Si la llama era de color rojo, significaba que el hijo mayor iba a fallecer. Si la mitad de la llama era roja, y salía humo de la mecha de la lámpara, significaba pérdida de propiedades y muerte para el consultante. Los magos, o adivinos, practicaban todo un ritual con los consultantes, y solían elegir la hora del mediodía, y utilizaban una habitación muy oscura, pero iluminada solamente por la lámpara de aceite a la que se iba a preguntar.

Con las lámparas también se practica un método alternativo consistente en la lectura de los puntos de carbono que se depositan en hojas de papel mantenido sobre la llama. En otro método, los adivinos utilizan las lámparas para atraer a los espíritus del fuego con la esperanza de consultar los eventos futuros, o responder a las preguntas que se les hacían.

Palas Atenea con una lámpara – terracota, siglo III AD

Los métodos que usaban eran muy sencillos y populares:

Se coloca la lámpara sobre una mesa, o un lugar fijo. El consultante, y el adivino, se sientan uno frente al otro para que puedan verse a través de la llama de la lámpara.

La semana en la antigüedad no tenía domingos. La etimología de “domingo” proviene del latín “dies Dominicus” (día del Señor), pero en la antigua Roma llamaban a este día “dies solis” (día del Sol). Los días de la semana dedicados a cada dios por los romanos indicaban a cual de ellos debían dirigirse las peticiones, para que el dios diera, a través del mago, las respuestas que se pedían, y para que no hubiera posibilidad de error habían dividido la semana como sigue:

Domingo: Sol (Ra)
Lunes: Luna
Martes: Marte
Miércoles: Mercurio
Jueves: Júpiter
Viernes: Venus
Sábado: Saturno

Usando el nombre del dios de cada día, se cantaba, o recitaba, una invocación dirigiéndose a la llama, en voz muy baja, que había que repetir varias veces para llamar la atención del dios. Luego, tanto el consultante, como el mago se concentraban en las llamas, y veían acercarse las sombras a ella. Dicen que se oían voces y se veían imágenes, o también que eran las llamas las que creaban esa ilusión.

Las interpretaciones que daban los magos en la antigüedad a las llamas de las lámparas son muy parecidas a las lecturas que hacían de las llamas de las antorchas, o las velas. Si la llama de la lámpara ardía más alta de lo habitual, entonces indicaba buena suerte. La llama era vacilante, se referiría a un viaje. Una llama en espiral indicaría enemigos al acecho. La llama desigual se interpretaba como peligro. Las chispas que soltaba la llama le advertirían de que debía ser cauteloso en todo lo que hiciera. Y si la llama de la lámpara se apagaba repentinamente, sin la ayuda de las corrientes ni del viento, entonces indicaba mala suerte para el consultante.

María de Gracia

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Bibliografía:

– “Library of the Mystic Arts” – (Wiccan’s Guide) – G. Dunwich

– “Book of Psychic Arts of Divination” – C. H. Dow

– “Naturalis Historia” III-VI – Plinio el Viejo

– “La Odisea”, XIX: 35 y ss – Homero

– “Magic in Egypt” – G. Pint

– “Janucá” – Biblia Hebrea – חֲנֻכָּה

Acerca de María de Gracia

Me llamo María de Gracia, soy natural de Madrid, España, y dedico todo el tiempo que puedo a mi blog, a mis artículos, a las clases, a algunas terapias, y también a leer las cartas del Tarot de Marsella. No estoy en ninguna red social, ni en facebook, ni en ninguna otra, ya que mi trabajo en el blog, y mi familia, ocupan la mayor parte de mi tiempo. Gracias por visitar mi blog y por seguir confiando en mi trabajo. Un saludo muy cordial, María de Gracia
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